El cráneo de los 8.100 diamantes

El cráneo de los 8.100 diamantes

10 de enero del 2011

Las obras de Damien Hirst logran quedarse en la memoria de quien las ve sin importar si les gustan o no. Su nombre está en el fuego cruzado de críticos, entusiastas y personas comunes y corrientes que dan su opinión sobre arte. Muchos ni siquiera lo consideran artista, sólo un afortunado con ideas chocantes, en forma de tiburones que flotan en formaldehído, que terminan convirtiéndose en realidad para ser exhibidas en prestigiosas salas de museos como el The Metropolitan Museum of Art, de Nueva York, o galerías de colecciones como la Saatchi Gallery, en Londres.

For Heaven´s Sake se titula un nuevo cráneo con incrustaciones de diamantes que viene a ser la continuación de For The Love Of God, en 2007, su primer trabajo para hacerle pimping a una pieza humana que sería avaluada en cincuenta millones de libras. Las reacciones han sido contradictorias, como era de esperarse. Para la segunda versión, Hirst usó la calavera de un bebé de dos semanas de nacido que encontró en una colección de patologías del siglo XIX y la cubrió en platino y 8.100 diamantes rosados y blancos. Papás y mamás de todo el mundo protestaron indignados por una nueva falta de sensibilidad de Hirst.

Jude Tyrell es la directora de Science Ltd, la productora del artista inglés. Tiene tres hijos y confiesa que la obra le transmite una sensación particular y rara de belleza, nada desagradable. Confirma que el cráneo fue encontrado como parte de una colección victoriana cuando la gente vivía obsesionada con todo lo bizarro. Hirst afirma que los diamantes significan para él la perfección, claridad, abundancia, sexo, muerte e inmortalidad. Con seguridad los enemigos del cráneo del bebé no deben asociarlo por ningún motivo con la cancioncita que susurraba Marilyn Monroe, en la que decía que los diamantes son los mejores amigos de toda chica. Según el artista, los diamantes son eternos, pero tienen un lado oscuro.

En Los Ángeles Post y The Guardian de Inglaterra ya abrieron sus páginas con encuestas para que la gente se desahogue contra  el artista. Pero es curioso: las respuestas no son las que Hirst quisiera encontrar: “Bostezo. ¡Qué pereza volver a saber de la falta de creatividad de Damien Hirst!”. Tom Lubbock, periodista fallecido de The Independent fue uno de los críticos que manifestó sin miedo que el inglés era bendecido por el dicho de “haz fama y échate a la cama”. Así respondió a las preguntas de por qué Hirst podía atreverse a pintar cuadros, y que colecciones tan prestigiosas como The Wallace Collection lo incluyeran en los suyos, sólo porque es muy famoso.

Las pinturas a las que se refiere Lubbock son algunas de las series que Hirst ha creado con el tema recurrente de mariposas, que él afirma le inspiran la fragilidad de la vida y la belleza. Esta obra no ha generado tanto revuelo como los cráneos y cadáveres porque, como muchos dicen, son sólo pinturas de mariposas. Hirst siempre trata de conectarlas con los cráneos dándoles un significado de existencialismo. Son pinturas hiperrealistas, en las que se ven diferentes etapas de la vida de una mariposa. El gran detalle con que fueron pintadas expresa que el artista se detuvo a observar el mundo con cuidado.

Damien Hirst considera a Hong Kong como un lugar eterno. Estuvo allí por primera vez en 1997 para hacer su obra  I Want to Spend the Rest of My Life Everywhere, with Everyone, One to One, Always, Forever. Ahora regresa para presentar allí a su bebé, For Heaven´s Sake, en el spotlight de una exhibición de pinturas y esculturas suyas en la galería Gagosian, desde el 18 de enero hasta marzo.

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