La dicha y el drama de verse al espejo como Pambelé

10 de julio del 2017

La vida del actor Jarlín Martínez y la del exboxeador guardan un parecido entre la alegría y la tristeza.

La dicha y el drama de verse al espejo como Pambelé

El actor Jarlín Martínez no solo interpretó al Kid’ Pambelé. Lo fue. Durante un tiempo creyó ser Antonio Cervantes Reyes, tuviera o no una cámara en frente. Su pasión por meterse en la piel del dos veces campeón mundial de boxeo, lo llevó a dejar de lado al propio Jarlín. Desprenderse del boxeador no fue fácil, pero revivir su historia fue simplemente mágico para el actor bonaverense.

“Los actores profesionales pueden hacer una diferencia entre el personaje y ellos, aún cuando hacen las escenas más dramáticas. Todos mis respetos para ellos. Pero a mí me gustó la idea de encarnar a Pambelé. Procuré no usar mucho a mi doble, traté de hacer todas las escenas de boxeo que me fueran posibles. Tuve desgarro muscular en la pierna derecha y en el brazo, fractura de muñecas, esguince de tobillo y un knockout que me encalambró la mitad del cuerpo”.

Así como el propio Pambelé dejaba todo en el ring, Jarlín Martínez lo dejó en el set. No le importaron los puños y el dolor, la carga emotiva de su personaje le pegaba con más fuerza en el alma.

“Los puños emocionales que recibía eran más pesados que los físicos.  Ser Pambelé no me dejó tiempo para ser Jarlín. Cuando en el guion leí que Pambelé empezó a caer porque el papá lo traiciona, porque el mánager lo roba, porque entra en las drogas y la gente le da la espalda, también empecé a caer con él.

Mi alma empezó a sentirse oscura, cansada, triste. Procuraba estar alcoholizado en la casa por lo menos un día de la semana para entender algunas cosas que no se entienden solamente leyendo. Algunas cosas están en el alma y solo se entienden espiritualmente”.

Sentados en una pequeña sala, con un cuadro de la serie de Pambelé a nuestras espaldas, observo a Jarlín. Sus ojos proyectan una mirada inocente pero firme. Siempre que termina de hablar sonríe, siempre; lo hace con más ímpetu al recordar que incluso se sentía como Pambelé cuando estaba solo, cuando iba de fiesta, cuando salía con sus amigos, hasta que estos empezaron a desconocerlo.

“Estaba empeliculado, mis amigos empezaron a desconocerme. En las escenas me emocionaba más de la cuenta y en ocasiones discutía con el equipo de producción  (…)  estaba mal. No podía dormir. De repente estaba parado y empezaba a tirar puños y a moverme y decía – no joda yo soy Pambelé-.

Iba a una discoteca y el dj decía -un saludo al actor de Pambelé’ –  y yo con mi anillo de oro y mi reloj fino alzaba los brazos como un campeón (…) hasta que  me di cuenta que no podía seguir así, le dije a mi mánager – Este no soy yo. Jarlín es tranquilo, no este que soy ahora, comprando cosas de marca todo el tiempo, que quiere estar tomando whisky y viajando a todas partes. Quiero pelear y me siento campeón”.

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Foto: Camilo Muñoz

Para desprenderse de su personaje, Jarlín acudió a sicólogos y sicoterapeutas, pero realmente apegarse a Dios fue lo que le funcionó: “Me postré y le dije a Dios, hermano ayúdame, brother resuelva esta vaina, no joda que el siquiatra está más loco que yo”, bromea.

“Espiritualmente empecé a liberarme. Junto con Pambelé desperté muchos dramas de mi infancia. Nuestras historias son muy parecidas y tenían que encontrarse en la interpretación y eso fue lo que traté de hacer”.

Primer round: Jarlín vs. la muerte de su padre

El 2 de agosto 1980 ,’Kid Pambelé’, el verdadero, cayó noqueado ante Aaron Pryor. Fue la última pelea del boxeador colombiano por el título mundial. Así mismo, Jarlín cayó noqueado ante la muerte de su padre, el paramilitarismo en Buenaventura y el racismo en Bogotá. La realidad le golpeaba en el alma, pero siempre encontró un motivo para levantarse sonriente, triunfante.

Vivió con su hermana, su padre y su madrastra en Cali, su ciudad de origen, pero él se siente más bonaverense que ninguno. A la edad de cinco años, su papá murió de leucemia y una mujer, a la que él había visto un par de veces en su vida le dijo: Soy tu mamá y tú junto con tu hermana se van conmigo para Buenaventura.

Sin preguntas ni objeciones, Jarlín se fue con ella. “Cualquier cosa era mejor que vivir con mi madrastra. No me fui contento, pero me fui menos triste”.

Dice con un brillo en los ojos y con esa sonrisa que siempre lleva dibujada, que su historia empezó en su Buenaventura querida. El puerto que lo vio crecer frente al mar, jugando ponchao mientras corría bajo la lluvia, cogiendo frutas de los árboles y buscando cangrejos debajo de las casas de sus vecinos. Allí, Jarlín era negro como todos los demás, era feliz.

“En ese entonces no sabía que era ser negro de la forma como lo supe cuando llegué a Bogotá”

“La gente coge el bolso y se aleja, esa impresión te aterra. El taxista te grita – negro hijuepueta- el policía te mira con desconfianza. Eso me hizo preguntarme -¿Estoy en Bogotá, soy negro y eso está mal?- Duele mucho el rechazo por tu color de piel”.

Por eso recuerda con afecto que su infancia en Buenaventura fue una alegría completa pese a las necesidades económicas. Siempre había plátanos, arepas, minutos, frutas que vender. Con el dinero recogido ayudaba a su madre, empezó a hacerlo desde muy joven, su mamá, aunque se partía el lomo de sol a sol, el dinero no era suficiente. A la par, disfrutaba de perderse en sus ensoñaciones y deseos de ser artista. Por las noches, mientras los demás niños jugaban fútbol, él subía al techo de la casa de su abuela, miraba al cielo y observaba una línea de tres estrellas siempre en el mismo lugar, noche tras noche.

“Me imaginaba situaciones y creaba personajes. Me encantaba olvidarme de mi realidad y creer que yo era un borracho, un indio, un vaquero, un superhéroe o un galán. Eso me creaba una sonrisa de oreja a oreja, mis amigos me recochaban mucho y me decían – avíspate, vos parecés bobo – “.

Segundo round: Jarlín vs. paramilitarismo 

Pero en su adolescencia las cosas tomaron un color oscuro. El paramilitarismo llegó a Buenaventura arrasando con todo lo que podía dejando a su paso luto y dolor.

Con el tema puesto sobre la mesa, un silencio que pareció eterno inundó la sala. Jarlín bajó la mirada y se quedó viendo al suelo; casi sin pestañear dijo:

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Foto: Camilo Muñoz

“Tengo un trauma que ningún sicólogo podrá quitarme. Ver como descuartizan a tus amigos, cómo ponen bombas matando gente por doquier. Y saber que la mayoría de personas que mataban era porque cruzaban una calle. Ni siquiera mataron o robaron, tampoco porque eran drogadictos, solo porque cruzaron una calle (…) El gobierno no hizo nada, mandaron más policías y soldados ahora que hubo el paro que cuando nos estaban matando, porque el paro evitaba que saliera mercancía del muelle, y el paramilitarismo solo estaba matando negritos”.

Esa realidad que golpeaba con guante de cemento hizo que su familia se trasladara a Cartagena y él a Bogotá para “intentar ser actor”. Para sobrevivir trabajó lavando platos en Pan Pa’ Ya. Más tarde la vida le sonrió y conoció a su mánager por mera casualidad de la vida. Su primer personaje fue en la película ‘Manos Sucias’.

La historia se centra en el narcotráfico y la violencia del Pacífico colombiano. Mostrando la realidad de Buenaventura como el punto de encuentro de paramilitares, bacrim, Farc y carteles que se disputaban el control del puerto para traficar droga.

Jarlín, decidió convivir entre paracos para entender su universo y entregar lo mejor de sí en la película. “Los entrevisté y compartí con ellos, me fue fácil infiltrarme porque los primeros paras que llegaron a Buenaventura eran de afuera, ni siquiera eran negros, a esos les teníamos pánico. Los más bravos tenían fama de tener mezcla entre paramilitarismo y brujería, algo terrible. Las siguientes generaciones ya eran los manes del barrio de uno”.

Le dolió enterarse que sus amigos de escuela habían ingresado al paramilitarismo porque no había trabajo y debían alimentar a sus familias. Otros, ingresaron porque era la única forma de protegerse. “Si no soy malo me joden, entonces toca serlo”, le decían.

Jarlín ha sido de los pocos chicos que ha sobrevivido de su generación. El arte, afortunadamente para él, lo llevó por un camino de ilusiones, que si bien muchos no lo entendían, terminó por salvarle la vida poniéndolo exactamente donde quiere estar.

“El universo sabe cuándo es tu momento. Si estás sano, el universo te lo da. Si hay cosas que no has superado, el universo te dice, si te lo doy, te mato”.

Ahora que soy actor, y entro en escena y en personaje, siento que me arde todo por dentro, que todo tiene sentido. Es en ese punto cuando eres feliz, actuar es un orgasmo”.

Tercer round: Victoria

Esta es un poco de la historia de Jarlín Martínez. Un hombre que estudió en la universidad de la calle, pero que tiene más educación y discurso que muchos profesionales. Un hombre que ha sabido sortear las dificultades haciendo realidad su sueños con perseverancia, con paciencia. Un hombre que se levanta feliz todos los días porque hace lo que ama, y mejor aún, puede vivir de ello.

“Nos quejamos porque no hay oportunidades, porque es muy duro. Pero aún cuando pasemos trabajo y no haya que comer, tenemos que estar orgullosos de que somos lo que queremos ser y no lo que la sociedad nos impone. Y si no tienes un proyecto en televisión entonces escribe el tuyo,  si no puedes hacer una obra de teatro haz un monólogo. Como decía Martin Luther King: ‘si no puedes correr, arrástrate, pero hazlo’, porque al final de la jornada si no haces lo que amas tendrás como resultado las peores tres palabras del mundo ‘pude haber sido’.

Si estás por la vida haciendo cosas solo por cumplir más tarde lo lamentarás mucho. A lo mejor ‘Pambelé’ sea mi último gran proyecto, pero siempre querré ser actor y despertaré diciendo ¡coño, yo hago lo que quiero!”.

El trabajo de Jarlín se podrá ver desde este lunes a las 10:30 de la noche por RCN. La nueva producción del canal es una adaptación de ‘El oro y la oscuridad: la vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé’, libro del escritor colombiano Alberto Salcedo Ramos.

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