Una noche en la fiesta porno más famosa de Europa

Una noche en la fiesta porno más famosa de Europa

2 de febrero del 2016

“Cuerpos desnudos y cuero negro. Terciopelo, focos fluorescentes, luces ultravioleta, dos barras americanas, un sillón de ginecología, un cincuentón masturbándose. En una esquina, una cama enorme. Allí, al menos dos chicos y tres chicas disfrutan de una orgía”, así describe la periodista Ángela Castillo en el diario El Mundo de España,  la fiesta porno  más famosa de Alemanía.

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Sucede en Berlín. Descontrol, sexo, trago, seducción; los invitados al KitKatClub, los ingredientes de un cóctel fiestero que amenaza con salirse de control desde 1994.

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Mientras los asistentes bailan y hacen otras cosas, suena pop, house y techno. Castillo cuenta que en uno de los ambientes de la discoteca, que le debe su nombre a una agrupación política de corte liberal que surgió en Gran Bretaña allá por el siglo XVIII (Kit-Kat-Club), “todos beben alrededor de una piscina que huele a sexo y látex”.

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El descontrol de la fiesta tiene una justificación, si se quiere política, si se quiere sociológica, si se quiere económica. KitKatClub “está inspirado en el club nocturno del musical Cabaret, local que en 1930 el productor teatral Harold Prince ubicó en Berlín pese a la negativa del partido Nazi”. Está inspirado en un lugar desafiante, irreverente que no le tuvo miedo ni siquiera al mismo Hitler.

Sin embargo, cuenta Castillo en su texto, el lugar ha sido amenazado por el poder político que no resiste perversión. “Sus fiestas han llegado a tener repercusión política y el club se ha visto obligado a cambiar varias veces de ubicación. En 2001, cuando el partido conservador gobernaba en la capital alemana, sus responsables, los directores de cine porno Simon Thaur y Kirsten Krügeren fueron perseguidos por la policía y acusados de incitación a la perversión pública”, reseña la periodista del diario español.

“Aunque sus raíces, plantadas sólo cinco años después de la caída del Muro de Berlín, son hoy mucho menos revolucionarias y rebeldes de lo que un día fueron -en la actualidad es más un sitio de música y baile que un ‘foco de perversión’-, el local se ha convertido en toda una institución”.

Quien va, además de salir con una resaca prolongada y los deseos saciados, aprende un lema: “haz lo que quieras pero mantente conectado con la atmósfera”.