Bogotá en seis rumbas

Bogotá en seis rumbas

27 de octubre del 2010

Joven bogotano que se respete sabe que Armando Records no es una tienda de discos, que La Puerta Grande no es una plaza de toros y que cuando se habla de Bardot claramente no es de la legendaria Brigitte; que Radio Berlín no es una emisora, que La Famiglia no tiene nada que ver con a la Camorra y que El Coq no es un nombre de animal dicho en francés.
Todas estas referencias son para los jóvenes temas cotidianos, puntos claros en la geografía urbana bogotana y con un dueño, tan joven como ellos, conocido. Ellos saben quienes son Gerónimo Basile, Alejandro Ramírez, Maurizio Mancini, Felipe Rodríguez o Juan Sebastián Molina. Seguramente los saludan: “hola Gero”, “qué más Alejo”, “ajá, viejo Mao”, “tons qué Feli” o “qué dice Juan”, cada vez que entran a una de sus discotecas en Bogotá. Y es que a ellos –los jóvenes- les gusta ir a la fija. Lugar nuevo que alguno de esta lista abre, de inmediato se convierte en el sitio de moda para ir a rumbear.

Armando Records, es uno de los 35 mejores nuevos bares del mundo según la revista Condé Nast Traveller del año pasado. Fueron pioneros en el concepto con el que arrancaron en el 2008: llevar la rumba a la casa. Así que el que vaya de fiesta a Armando Records, termina en un apartamento: el de Armando Fuentes. Una personaje creado por los socios que se asimila a un músico bogotano muy famoso, dueño de un penthouse-solar diseñado para sentirse en una exclusiva fiesta casera. El concepto no es del todo ficticio, pues Juan Sebastián Molina, el socio mayoritario, vivió en ese edificio de la 85 arriba de la 15 durante siete años, cuando esa zona aún era residencial y la idea de la discoteca nació precisamente del éxito de las fiestas privadas que organizaba Juan Sebastian y sus amigos en la azotea del edificio. Después de cuatro años de trabajo duro con los socios Bernardo Londoño, Oscar Berardinelli, Edgar Morales y Alejandro y Daniel Carvajal, el penthouse sesentero de Armando Records abrió sus puertas a los bogotanos.

El lugar, como todo apartamento lujoso, tiene dos grandes terrazas y un bar en donde se concentra todo el agite social. Pero como la mentalidad de un tipo amplio como Armando es darle gusto a todo el mundo – los comentarios de sus amigos en su cuenta de Facebook lo confirman-, en su casa también hay espacio para aquellos que quieren oír buena música y charlar entre pocos, y para eso está la sala con una chimenea decorada con fotos de Armando que siempre está prendida. En el mesón de la cocina, también se puede conversar, con la mejor vista de toda la casa.

La música en vivo y presentación de Djs internacionales no faltan, como el del Instituto mexicano del sonido, cuya presentación fue memorable. Lo bien que se pasa en Armando no es solo cuestión de fama. No puede ser casualidad que artistas como los integrantes de la banda Aerosmith y el cantante Gustavo Cerati hayan decidido rematar ahí los conciertos que hicieron este año en Bogotá  www.armandorecords.org

Armando Records es a los jóvenes del siglo XIX, lo que fue Keops a los que se rumbearon los años ochenta. Para ellos el nombre no remite a faraón y mucho menos al de una pirámide; para los que bailaron Madonna, Duran-Duran, o Tina Turner de copete alf y saco de Coca-Cola, la discoteca de Willy Vergara, Nano y Camilo Pombo, era, sin lugar a duda, un templo; pero de la rumba. Allí llegaron los primeros tornamesas con pitch, es decir, fue pionera en promover la música electrónica y la figura del Dj como parte esencial de la noche.

Mantenerse por dos años consecutivos entre los mejores, no es fácil, porque todos los días se inauguran nuevos lugares con propuestas atractivas, como sucede con El Coq.
Además de significar gallo en francés, en Bogotá traduce: un gran bar. El éxito no es casualidad. Para que una discoteca funcione tiene que tener varias condiciones.
Sus dueños Felipe Rodríguez, Andrés Juan Hernández, Jorge Pizarro, Ricardo Ortiz y Edgar Morales, tienen una larga trayectoria en lo que a temas de fiesta se refiere.

Felipe, aunque es arquitecto y la mayoría del tiempo se dedica a restaurar casas en Villa de Leyva, lleva años metido en la rumba bogotana. Era cliente asiduo de Barfly en La calle del sol y socio de La Latina, una casa en Los Héroes, que marcó la pauta en la rumba del 2004 al 2008. A Andrés Juan la gente lo conoce como actor: el villano de la novela Pura Sangre y el galán de Paquita Gallego por allá en 1997. Lo que pocos saben es que es arquitecto y artista plástico y quien hizo de El Coq, un espacio ecléctico con un árbol lleno de faroles y un molino de viento que se asoma por el tejado de la casa de la 84 con 14.

A Jorge pocos le dicen Jorge. Para la gran mayoría es Pizarro, fotógrafo profesional, bajista y Dj de las mejores discotecas de Bogotá y con una cámara que se ha dado el lujo de llevar a la portada de Soho a los célebres topless de María Fernanda Yepes y Marbelle.
Donde toca Pizarro también lo hace Ricardo, o mejor Ricky, otro músico y Dj profesional, y son unos de los Dj más solicitados en la movida nocturna bogotana, escogidos para compartir tarima con Soda Estéreo en 2007 con su banda De Luxe Club. En El Coq se reúne todo tipo de gente. Una noche se puede encontrar a la actriz Valentina Acosta, a la o las artistas Venuz White y Carolina Retat. Con $20.000 de cover está adentro o con una de las palabras claves que se inventan cada noche.

Para los que rumbearon en los setentas la referencia más cercana sería El Unicornio, de Paul Correa. El sitio de los tragos con los últimos éxitos de la música en inglés. En la casa de la 94 con 9 se oyeron por primera vez en Bogotá los Bee-Gees, Earth Wind and Fire y Barry White. En el Unicornio no se necesitaba una palabra secreta para entrar, era solo para socios.

Ese no es el caso de La Puerta Grande, que aunque no es una plaza de toros, puede hacerlo sentir en una corrida. Una invención del español Juan Pedro San Segundo, Felipe Rodríguez y Andrés Juan Hernández, entre otros, que se propusieron traer a Bogotá un pedacito de España. Desde la barrera se han visto conciertos privados como el de el cantante irlandés Demian Rice o la española Cristina Rosenvinge. Su concepto, también innovador, busca recrear con ambientes diferentes cuatro de las regiones de la Madre Patria. Además de las tapas, es el lugar para encontrar a Carolina Gómez, Marcela Carvajal y Natalia Jeréz o al editor de libros Benjamín Villegas, quien en ocasiones se pega el viaje desde su casa en el barrio La soledad, hasta al parque de la 93. http://www.facebook.com

También allí, en el piso superior del Diner del restaurantero Leo Katz, está Bardot. No Brigitte, sino una de las discotecas preferidas por las celebridades y a donde se debe llegar muy bien vestido. No se podía esperar menos si dos de los socios principales de este espacio elegante y sofisticado inspirado en la legendaria actriz francesa, son la actriz Isabela Santodomingo y el empresario Maurizio Mancini.

Una noche en Bardot garantiza, por un lado, baliar en medio de asientos de terciopelo estilo Luis XV y lámparas rococó, al ritmo de la música que manda la parada en la mejores discotecas del mundo; y, por otro, la mayor cantidad de actores, cantantes, presentadores y empresarios colombianos por metro cuadrado que cualquier otro lugar pueda ofrecer. Entre la mesa y el baño se puede cruzar con la cantante Maia, el actor Juan Pablo Raba, la presentadora Julieta Piñeres, o el empresario Gerónimo Basile, uno de los fundadores de El Cha- cha Club, la discoteca del piso 41 del antiguo hotel Hilton.

El toque italiano no podía faltar en la rumba bogotana. Y se lo dio Gerónimo Basile con La Famiglia, un restaurante italiano que inauguró junto a su primo el chef Raffaello di Sauro y que cuenta con una terraza en donde una noche a la semana se puede ir a oír buena música y a tomarse unos tragos con los amigos, con Djs especiales como Emilio Sánchez – el hijo de Jaime Sánchez Cristo-. Un lugar que frecuentan en la zona G, políticos como David Luna y periodistas como Yamid Amat Jr, a quienes no es raro ver subir y bajar por las escaleras de los tres pisos del lugar.

Las noches especializadas con Djs invitados son un sello de Radio Berlín, la discoteca de la Macarena, donde los que mandan son los socios expertos en música electrónica, Alejo Ramírez, Mark Rabinovich, Alex Rodríguez, Esteban Ramírez y el Mono Ramírez, entre otros. El dueño de este espacio kitch cerca de la plaza de toros también es un personaje ficticio con una historia particular. Su nombre es Hanz Efigenio Hertz Ocoro, una mezcla de los genes del Pacífico de su madre y de los arios de un alemán del que solo le queda una enorme colección de discos y de radios. Radio Berlín nació cuando Hanz Hertz se cansó de oír la misma música en todas partes y, aprovechando la única herencia que le dejó su padre, decidió abrir su propio “chuzo” y/o emisora de radio. A Hanz, que se precia de tener mejor voz que la de Sánchez Cristo y una colección de música que ni Camilo Pombo podría tener, le gusta la fiesta elegante donde la gente pueda tener varias opciones. Por eso en su emisora no hay ambientes, pero si dos salas de grabaciones. “La sala de grabación 1” para una variedad de géneros que va desde el rock, hasta los afro beats; y, en las profundidades del sótano está “La sala de grabación 2”, especializada en música electrónica donde se escuchan las últimas tendencias del minimal techno y el deep house. http://radio-berlin.net/

En Bogotá hay tantas discotecas como géneros musicales. Solo algunas –como estas seis-, cumplen con los requisitos necesarios para estar dentro de las mejores y ni siquiera eso garantiza su permanencia en la escena nocturna capitalina. Es probable que cuando haya terminado de leer este artículo, Gero, Alejo, Feli, Mao o Juan, ya tengan en mente su próximo proyecto. Por que el que vive de entretener a la gente sabe que los jóvenes no sólo quieren todo ya, también buscan ser sorprendidos. Lograr despertar sorpresa y aprobación, no es tarea sencilla. Especialmente en una generación que tiene el mundo abierto detrás de la pantalla de un computador.

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