Star Wars y el arte de exprimir una naranja

Star Wars y el arte de exprimir una naranja

21 de diciembre del 2015

Si cualquiera descubre una naranja que al exprimirla produce oro, hará hasta lo imposible por sacar de esa fruta hasta la última gota.

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Eso es lo que han hecho desde siempre los propietarios de la franquicia de ‘Star Wars’, primero George Lucas, su creador, y ahora Disney, que compró la marca en 2012.

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Desde 1977, cuando se estrenó ‘La nueva esperanza’, la primera entrega de los hasta ahora siete capítulos, ‘La Guerra de las Galaxias’ ha sido un éxito que sorprendió a todos. La aventura espacial que en principio no despertó mucho entusiasmo entre los productores, se ha convertido en toda una máquina de hacer dinero.

‘El despertar de la fuerza’, la última entrega, ya es hoy un éxito en taquilla, batiendo todos los récords en lo que a estrenos se refiere.

Sin embargo, ¿qué aporta esta nueva entrega a los aficionados?

¿Es una película entretenida? Por supuesto. Es una trama hecha a partir de claves que para todos los aficionados son conocidas: reaparecen personajes fundamentales de la trilogía original: Han Solo, la Princesa Leia, y por supuesto, Luke Skywalker, el motor de todo esta batalla entre el bien y el mal.

¿Tiene buenas secuencias de acción? También. Las batallas entre naves espaciales recuperaron la limpieza de los episodios 4, 5 y 6, dejando para el olvido las atiborradas imágenes, propias de un videojuego, de los capítulos 1,2 y 3. Además, los duelos entre sables de luz fueron muy justos: sin llegar a la experticia de los maestros, los aprendices, protagonistas de la historia, mostraron lo mejor de sí en tan compleja técnica.

¿Convencieron los protagonistas? Este siempre ha sido el talón de Aquiles de Star Wars. A excepción de Daisy Ridley (Rey), Harrison Ford y Carrie Fisher (que si no fuera por la máscara de productos antiarrugas sería perfecta), el resto del reparto lució un poco sobreactuado o poco convincente.

¿Aporta algo a la saga? Este es el punto al que quería llegar. El asunto de la naranja de oro.

Aunque las dos horas y quince minutos que dura “El despertar de la fuerza” son un deleite para el aficionado a la saga, y cualquiera agradece volver a ver duelos a sablazos de luz, villanos con máscaras que necesitan respiradores intimidantes y chistes sobre soldados imperiales ineptos, con cierta tristeza uno se siente engañado, o al menos, un poco abusado.

Después de que pasa la emoción de las explosiones, después de constatar que los símbolos de Star Wars son tan propios a los amantes del cine como las frases de “El Padrino” o los personajes de “El señor de los anillos” o “Harry Potter”, uno siente cierto cansancio de lugares comunes de los que la saga no ha podido librarse:

Uno como que ya se cansa de que padres e hijos se tomen revanchas pasionales parados en estrechas plataformas de naves interestelares.

Ya estuvo bien de androides que transportan información sobre mapas robados a los chicos malos y meten en líos a terceros.

Uno como que ya se sabe el cuento de naves gigantes, tan grandes como planetas, que sirven para destruir mundos enteros.

Star-C

Kylo Ren, el villano de ‘El despertar de la fuerza’.

Y lo más complejo. El creador de villanos y el jefe de casting de malvados de Star Wars debería replantearse ciertas cosas. Cuando DC Cómics ya nos enseñó que los malos de las películas deben ser actores de muy primera línea. Los sith (los chicos malos de ‘La guerra de las galaxias’) son por lo general actores desconocidos, muy jóvenes, a quienes el papel les queda como grande. ¿O alguien extraña hoy a Ray Park (Darth Maul) o Hayden Christensen (Darth Vader joven)?

A pesar de los esfuerzos de Adam Driver (el favorito de Lucas en el reparto, según lo confesó el director en su Instagram), al malo de esta última entrega le hizo falta un poco. El problema es que desde el Darth Vader original ningún villano de Star Wars logra asustar como sí escarmientan los guasones de Batman.

Entones toda la trama de esta nueva entrega gira en torno a cosas que uno ya conoce e incluso medio predice. Es el cuento de la naranja de oro: si el jugo sigue saliendo exprimámoslo hasta lo que dé.

Pero lo cierto es que la gente está feliz con el retorno de la saga. Las críticas hablan bien de la película. Los fans están dichosos, muchos llevan a sus hijos a ver un cuento que para ellos fue fundamental en su infancia.

Con Star Wars pasa algo similar a lo que ocurre con James Bond. Uno ya sabe qué va a pasar. Uno no se cansa de las secuencias de combate, los gadgets, las chicas guapas. Uno acude siempre a las salas de cine a que le cuenten, como lo hacían los papás con los niños de antes, la misma historia una y otra vez hasta que el sueño nos alcance.