Un terrorista venezolano en Hollywood

Un terrorista venezolano en Hollywood

21 de marzo del 2011

El terrorista más nombrado en las últimas semanas, Carlos Ilich Ramirez ‒conocido como el Chacal‒ fue llevado al cine por el director francés Olivier Assayas y de manera magistral por el actor venezolano. Esta actuación ha tenido a Édgar Ramírez en la alfombra roja de los premios que reconocen el talento actoral en Hollywood y Europa, en especial el de Mejor Actor Revelación en la 36 Ceremonia de los Césares, que ofrece la Academia de las Artes y Ciencias del Cine de Francia.

La miniserie televisiva salió en tres partes y se estrenó en simultánea en Cannes y en Canal Plus. Por las reglas de algunas nominaciones, no está dentro de la categoría cinematográfica, pero, de no ser así, los actores nominados a los Oscar tendrían un fuerte contrincante, porque hasta el New York Times catalogó la actuación digna de la estatuilla.

Este venezolano de 33 años está en su mejor momento. Conserva la sencillez de su nacionalidad caribeña. Hijo de una abogada a quien le dicen La Checa y de Filiberto Ramírez, un militar. Édgar  llegó a los trece años de bachillerato en al menos quince lugares diferentes. Esta vida nómada hizo que tenga una de sus cualidades más camaleónicas: es políglota. Domina a la perfección el inglés, el francés, el italiano y el alemán. Pero a los veinte años tomó conciencia de querer ser un venezolano.

En un principio pensaba que quería dedicarse a las relaciones internacionales y la vida diplomática, pero poco a poco entendió que esa necesidad de querer ser alguien diferente todos los días es la raíz de su vocación actoral. En el primer semestre de su universidad, su papá creía que se había inscrito en economía y descubrió que estudiaba Comunicación Social.

Guillermo Arriaga le ofreció el papel de Ramiro, el personaje del hermano de Gael en Amores Perros, y Ramírez lo rechazó porque no se consideraba un actor. Al ver el éxito de la cinta entendió la calidad del ofrecimiento y tomó en serio la profesión, más que el arrepentimiento.

Empezó en cortometrajes y una reconocida carrera en las telenovelas de su país. Su papel más famoso fue el de El cacique en la telenovela Cosita Rica, del libretista Leonardo Padrón. Vino después el salto al cine de su país y le agradece mucho a la televisión, porque fue un buen trampolín que no demerita y respeta. No cree en las etiquetas para los actores de televisión o cine. “Los actores son actores y cada uno tiene su consentido”, dice.

Empezó en el cine venezolano, donde interpretó a Manuel en Yotama se va volando, una historia de Navidad en Caracas del director Luis Roche, pero fue reconocido con una historia de amistad y traición como un soldado colombiano de la frontera en Punto y Raya, del director Elia Schneider, porque la cinta fue premiada en varios festivales.

Después, su salto a Hollywood se dio con rapidez cuando Tony  Scott lo llamó para hacer el papel de Choco, en Domino, una historia de la vida real sobre una cazarecompenzas. Aquí compartió el set con Keira Knightley y Mickey Rourke. Después vinieron otras películas venezolanas, como El Don, Elipsis y Plan B. En la Bourne Ultimatum fue Paz, el villano, y compartió créditos junto a Matt Damon, uno de sus actores favoritos.

Alberto Arvelo Mendoza lo dirigió en Cyrano Fernández, que tuvo bastante acogida por ser una adaptación citadina del poeta de Bergerac. En esta ocasión, Édgar Ramírez, sin esperarlo se convirtió en poeta, porque durante los ensayos se ofreció a escribir los poemas que el personaje leería y al final, fueron estos los que quedaron. Confiesa que escribir poemas es uno de los sueños que realizará con el tiempo.

De nuevo vino Hollywood con Vantage Point, y compartió créditos con Denis Quaid y Forrest Whitaker, entre otros, en el papel de Javier, un hispano de origen desconocido. También estuvo dirigido por Steven Soderbergh y en la misma tabla que Benicio del Toro, personificó a Ciro Fernández, uno de los guerrilleros que participaron en la toma del Cuartel Moncada en 1953.

Los papeles de rudo se le dan muy bien. Le llaman la atención las contradicciones y las personas que caminan la línea entre lo bueno y lo malo, prefiere los personajes atormentados porque cree que el actor como humano siempre trata de resolver cosas. Édgar  siempre hace su tarea, considera que para actuar hay que hacer la investigación para poder confiar en la piel de otro. A veces ha rechazado papeles importantes, no por soberbia sino porque piensa que “no puedes hacer las películas que te convienen, sino las que te mueven”. Le teme a la comedia, no se cree capaz de interpretarla.

Es un hombre muy sencillo, que todavía se sorprende entre la farándula. Alguna vez, como anfitrión de los premios AXN Latinoamérica en Argentina, dijo a sus amigos: “Aquí, donde ustedes me ven, me muero por darle un abrazo a Fito Páez, que es mi ídolo”. Se aguanta un poquito y luego les “brinca” y les declara su amor. Jamás va a sentir que es normal estar delante de una persona que admire, erige una batalla contra el cinismo. Lo mismo sucedió cuando desayunaba con Hellen Mirren –ganadora del Oscar por The Queen‒ y su esposo el director Taylor Hackford, les confesó su amor fanático.

Le sacan el mal genio la soberbia y la malcriadez, a pesar de ser  un hombre impaciente. También es muy familiar y ese núcleo es muy importante para él, por eso intenta llevarse a su familia al sets. Adicto empedernido y descarado por el café, jamás olvidará que a las 4 de la tarde tomaba la merienda con su mamá y hermana remojando el pan en el café con leche, uno de sus favoritos.

Los premios para él son subjetivos, considera el Oscar una campaña política. “No se puede trabajar en la actuación por los resultados y premios específicos, se debe ser especifico en el oficio”. Pero esta posición no evita que en ceremonias como los Golden Globes se haya robado la atención – ahora que Bardem está de licencia paterna- como la nueva cara latina del celuloide.

Su actuación en Carlos, ha sido equiparada con la de Brando en el Padrino. Y vale la pena mirar esta versión cinematográfica que se replanteó después de ser una serie de 330 minutos.  El Chacal estuvo en el centro del terrorismo durante los 70 y 80, va desde la causa Palestina en el Oriente  hasta el Ejército Rojo en Japón, formó su propia organización terrorista más allá de la cortina de hierro, un romántico de la revolución. Detrás de cada bala hay una idea, decía. En esta cinta Juana Acosta interpreta el papel de Nydia Tobón la revolucionaria colombiana de origen vasco que fue amiga y compañera de Ilich.  Para este papel, Édgar  Ramírez aprendió árabe fonético y todos sus talentos idiomáticos se acoplaron como un guante en esta Torre de Babel ideológica e internacional.

Se aproximan para Édgar varias producciones y entre ellas el estreno de Saluda al Diablo de mi parte una película colombiana de los hermanos Orozco( Al final del espectro) , junto a Carolina Gómez, Ricardo Vélez, Salvador del Solar y  Patrick Delmas, se produjo hace un par de años pero se estrena en 2011 y es una suerte para estos realizadores colombianos tenerlo como protagonista cuando ahora se cotizará cada vez más.

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