Consecuencias de gritar a su mascota

18 de noviembre del 2019

Esto indican los expertos.

Consecuencias de gritar a su mascota

pixabay

Un nuevo estudio revela que los dueños pueden perjudicar a las mascotas cuando se practica el castigo violento como método de enseñanza y puede causar graves enfermedades a largo plazo.

Dicen que los perros son los mejores amigos del hombre, no obstante, existen ocasiones en las que el cachorro no tiene el mejor comportamiento y hay que educarlos para que conozcan las normas de convivencia establecidas en el hogar. En este proceso, las personas deben tener paciencia para no cometer un acto indebido.

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Sin embargo, algunos amos deciden corregir los errores de sus mascotas regañándolos sin saber las consecuencias negativas que podrían tener en estos animales.

Una investigación realizada por la Universidad de Porto en Portugal asegura que no se debería gritar o castigar a un perro por las travesuras que hace, puesto que el entrenamiento aversivo como el castigo violento o los regaños duros, pueden tener efectos negativos a largo plazo en estado mental de estos animales domésticos.

“Nuestros resultados muestran que los perros de compañía, cuando se entrenan usando métodos basados ​​en aversión, experimentaron un peor bienestar en comparación con los perros de compañía entrenados usando métodos basados ​​en recompensas, tanto a corto como a largo plazo”, señala la bióloga Ana Catarina Vieira, directora de la investigación.

Y menciona: “Específicamente, los perros que asisten a las escuelas utilizando métodos basados ​​en el castigo mostraron comportamientos más relacionados con el estrés, elevaciones más altas en los niveles de cortisol después del entrenamiento y fueron más ‘pesimistas’ en una tarea de sesgo cognitivo”.

El experimento se basó en el análisis de 92 perros asistentes a escuelas de adiestramiento; de los cuales 42 de ellos tenían un entrenamiento positivo basado en recompensas, con alimentos y bebidas, y los otros 50 se debían someter a programas con refuerzos negativos, como gritos o sacudidas a la correa.

Para verificar los efectos de ambos métodos de enseñanza, los investigadores examinaron la conducta y los niveles de cortisol en la saliva producida por los perros antes y después de las sesiones de entrenamiento.

Con los estudios se pudo evidenciar que los entrenamientos aversivos, el estrés de la mascota era más elevado, además se observó un aumento significativo de bostezos, lamida de labios, levantar las patas y aullar.

Contrario a los entrenados de forma negativa, los perros de refuerzo positivo mostraron una conducta más relajada y niveles de cortisol más normales que el de sus compañeros.

“Nuestro estudio señala el hecho que el bienestar de los perros de compañía entrenados con métodos basados ​​en aversiones no es el ideal”, concluyen los expertos en su artículo publicado en la revista bioRxiv.

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