Funeraria de mascotas

Funeraria de mascotas

4 de julio del 2011

Era una sala de velación improvisada. Velones encendidos, coronas de flores y santos alrededor del cadáver de la mascota de la casa. La familia rezaba el rosario y Henry Cortez, propietario de una funeraria de animales, interrumpía la escena. Recogía el cuerpo del perro y a cambio entregaba un girasol. La imagen se quedó en la memoria de Cortez. Así como el entierro de un loro de cuarenta años al que asistieron más una docena de personas y los dos dueños que le pusieron una cadena de oro en el cuello a su mascota antes de incinerarlo. En los últimos diez años Funeravet ha atendido a más de doce mil clientes, la mayoría son perros gatos. Sin embargo, hámsters, conejos, tortugas, y un tigre y una jirafa de circo hacen parte de su portafolio. Es la única empresa que presta este servicio en Bogotá y se encuentra en proceso de acreditación de calidad ISO 9001.

La idea de la funeraria de mascotas llegó por casualidad a la vida de Henry. En medio de una reunión familiar, escuchó el comentario del negocio de su hermano y su cuñada. Como estaba desempleado, no dudó en dedicarse a investigar el tema por Internet, pese a que durante la universidad su interés estaba en el campo, en especial en las vacas. No le gustaba trabajar con perros. Comenzó por estudiar los procedimientos de las funerarias para humanos para adatarlos las mascotas. Uno de estos es la guía de duelo para superar la pérdida de una mascota, que él mismo escribió luego de haber asistido a algunas charlas y consultado varios libros de psicología.


Según el servicio en estos cofres se pueden guardar las cenizas de su mascota o un mechón de pelo.

Funeravet comenzó en el garaje de la casa materna de Cortez. Allí recibió las primeras llamadas de algunas veterinarias que ya conocían sus servicios. Recogía los primeros perros en un Fiat modelo 82 o en taxi. En caso de emergencia, le pedía prestado el carro a su suegro de la época. Siempre les cumplió a sus clientes. En la actualidad, tiene cinco camionetas marcadas con el logo de la empresa, donde transporta entre 60 y 70 mascotas a la semana y, en ocasiones, a algunos propietarios que no tienen como movilizarse hasta el cementerio. Los servicios que presta van desde 120 mil pesos hasta 700 mil y los dueños pueden elegir entre una cremación y un entierro.

El cementerio de Funeravet está ubicado en el municipio de Cota, Cundinamarca, y tiene cerca de 500 tumbas. Es un paraíso animal de media hectárea de extensión con un pasto abundante adornado con flores, fotografías, esculturas de perros y cientos de ringletes de colores. Allí Henry ha visto personas desmayarse cuando la primera palada de tierra cae sobre el ataúd de cartón del animal. Muchos de los dueños entierran a sus mascotas con cartas que les han escrito o con sus juguetes preferidos.


Funeravet atiende entre 60 y 70 mascotas a la semana.

El 20% de los animales que están allí son visitados los fines de semana. Algunas familias van a celebrarles el cumpleaños, cantan y hasta comparten un ponqué. En navidad y halloween también les adornan las tumbas de manera especial. Otras tienen tapetes de rosas y fotografías de las mascotas. Funeravet les ha permitido a cientos de amos dar una despedida digna a sus compañeros y dedicarles unas palabras que vienen del texto El puente del arcoíris: “los animales están felices y contentos, excepto por una pequeña cosa: cada uno de ellos extraña a alguien muy especial, alguien a quien tuvo que dejar atrás”.