Las mascotas también pueden sufrir golpes de calor

21 de julio del 2018

Una de las temporadas más esperadas sin duda es la de mitad de año, porque ahí llega el verano y las vacaciones para muchas personas.  Sin embargo, ante las altas temperaturas hay que tomar los recaudos necesarios para no sufrir un golpe de calor. Y esto no solo se aplica a las personas, sino también a las mascotas. […]

Las mascotas también pueden sufrir golpes de calor

Una de las temporadas más esperadas sin duda es la de mitad de año, porque ahí llega el verano y las vacaciones para muchas personas.  Sin embargo, ante las altas temperaturas hay que tomar los recaudos necesarios para no sufrir un golpe de calor. Y esto no solo se aplica a las personas, sino también a las mascotas.

En primer lugar, hay que tener en cuenta cuáles son las mascotas más propensas a sufrir un duro golpe de calor que puede derivar en una enfermedad. Cualquier perro o gato puede sufrirlo pero los cachorros y ancianos son más susceptibles, así también aquellos con sobrepeso, enfermedades cardíacas, problemas hepáticos o renales tienen más dificultad para eliminar calor.

Es importante tener en cuenta que tanto los perros como los gatos son muy sensibles a las altas temperaturas. Los mecanismos fisiológicos que regulan la temperatura corporal tienden a fallar cuando esta sube rápidamente, y el riesgo es alto cuando alcanza los 42 °C.

Cuando la temperatura ambiental es elevada, el jadeo, la sudoración de las almohadillas plantares y la pérdida de calor por las zonas de poco pelo –como el vientre– les permite regular su temperatura corporal. El gato, por ejemplo, cuenta también con el acicalado, ya que al evaporarse la saliva que depositó sobre el pelaje durante el lamido disminuye la temperatura corporal.

Tanto en el perro como en el gato, el aumento de la temperatura corporal por encima de los 41 °C llevará en pocos minutos a la muerte del animal. Se observa inicialmente la presencia de desgano, falta de fuerza, sed extrema, desorientación, decaimiento, temblores musculares, salivación aumentada y vómitos. Más tarde, dificultad para respirar y aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca.

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