Cuatro razones para no darle huesos a los perros

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Cuatro razones para no darle huesos a los perros

7 de abril del 2017

Sea por culpa de la televisión, del arte popular o hasta de las mismas marcas de productos para mascotas, la asociación de los perros con los huesos es un estereotipo que se ha preservado a lo largo de los años. Y es que, reconozcámoslo, la gran mayoría en algún momento de nuestras vidas hemos sucumbido a darle un bocado a nuestra mascota y, no solo eso, también solemos escoger cualquier tipo de accesorio para ella con estampados de huesos o motivos similares. Desde su plato para la comida, hasta sus collares, medallas, juguetes o vestidos.

Aunque, por más difícil que sea sacar de la mente esta innata relación, existe una realidad que está muy alejada de dicho concepto: la ingesta de huesos puede ser potencialmente peligrosa para ellos.

Allí es donde entra la duda de muchos: Si siempre ha existido este vínculo, ¿por qué pueden ser peligrosos para mi perro? Ningún tipo de hueso es completamente inofensivo para los caninos y una ingesta inadecuada puede tener consecuencias fatales en ellos, ya que se pueden astillar (especialmente los cocinados) y generar desde lesiones bucales, hasta heridas mortales en el tracto digestivo.

Sin embargo, al momento de preguntar una opinión en específico, este tema resulta ser muy controvertido entre los dueños de perros y hasta los veterinarios. Existen los defensores de la ingesta de huesos crudos, que aducen que es una fuente natural de calcio y fósforo y es una conducta heredada de sus ancestros, como los detractores que prefieren no correr riesgos y buscar otras fuentes de dichos nutrientes.

Lo cierto es que los perros, aunque desciendan de los lobos, su domesticación los ha cambiado tanto anatómicamente como en su comportamiento, por lo que sus dietas, aunque parecidas, no necesariamente deben ser iguales y los dueños de mascotas constantemente no tienen claro cuál es la mejor comida para sus perros. Por otro lado, que sus parientes salvajes los consuman, no significa que no sean propensos a accidentes también.

Además, hoy en día existen numerosas opciones comerciales de alimentos formulados y productos específicamente para perros que contienen las mismas bondades que los huesos, sin correr los riesgos de uno natural. Entonces, si uno como dueño es el responsable de lo que consuman, ¿por qué no velar preferiblemente por su seguridad?

Por ello, y como sabemos que lo que menos quieres es poner en peligro a su amado peludo, en este texto te ofreceremos cuatro razones para limitar el uso de los huesos en lo que deberían ser: solo como meros decorativos en los accesorios de su perro.

¿Por qué no es bueno darle huesos a los perros?

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1. Su ingesta provoca estreñimiento

Por mucho, este es el peor de los males que le puede suceder a consecuencia de su ingesta. Aunque teóricamente el organismo de los perros está diseñado para digerir los huesos crudos, la cocción hace que estos se vuelvan completamente indigestibles para ellos, debido a que –como son más fáciles de fragmentarse en trozos afilados al masticar– sus estómagos no logran descomponerlos efectivamente.

De allí que el paso de estos fragmentos óseos por el tracto digestivo sea dificultoso, ya que por sus filos raspan el interior del intestino grueso o recto, causando que estos se contraigan. Algo que, como podrás imaginar, genera mucho dolor a su peludo.

Los huesos, además, contienen grandes cantidades de calcio, lo que provoca que las heces sean más firmes. Así que, en los canes propensos a constipaciones, el consumo de estos –sean inclusive crudos– conllevará a este problema.

Para saber si su perro efectivamente está estreñido, debes observar sus conductas al momento de evacuar. Entre los síntomas más comunes están el esfuerzo sin éxito al defecar, pequeñas cantidades de heces (que tengan presencia de moco o sangre) y falta de apetito. Por fortuna, algunos casos de estreñimiento pueden solucionarse con modificaciones en la dieta, optando por alimentos con mayores contenidos de fibras, así como con el suministro de medicamentos laxantes o lubricantes. Sin embargo, existen circunstancias que ameritan hasta una cirugía para su extracción.

2. Pueden bloquear sus vías respiratorias

Los accidentes están a la orden del día y, aunque no necesariamente tiene porqué ser habitual, las posibilidades de que superro se atore aumentan si consume alimentos duros o difíciles de deshacer, como los huesos.

Si inhala un trozo al comer, este se puede atascar en la tráquea, dificultando la respiración de su can y generando toda una situación de emergencia.

En un momento así, lo mejor es tratar de inspirarle calma a la mascota, puesto que, si te muestras nervioso, su ansiedad se incrementará y su respiración se hará más fuerte, lo que provocará que el objeto atragantado se adentre más en su aparato respiratorio. De manera inmediata, llama al veterinario o llévalo a una emergencia para que se pueda auxiliar correctamente.

3. Causan lesiones en boca y dientes

Sí, mucho se ha dicho que uno de los beneficios de los huesos es que su masticación evita la formación de sarro, lo que los ayuda a mantener limpios sus dientes. Pero, así como tienen eso a su bondad, también son causantes de desgastes dentales y hasta de fracturas que, además de dolorosas, significan una visita segura al veterinario.

Ciertos tipos de huesos duros, aunque sean difíciles de astillar, al roerlos pueden provocar agrietamientos en los dientes premolares (siendo la fractura del cuarto premolar la más común), teniendo como consecuencia posibles infecciones y abscesos que requerirán reconstrucciones o extracciones dentales con urgencia.

De por sí, cualquier cosa que los perros mastiquen puede causarle daño en sus dientes o encías, pero si hablamos de un elemento que además es filoso como las astillas, es más probable que terminen con laceraciones en la boca o atascamientos. Para los veterinarios, es común recibir perros con pedazos de huesos atascados en los dientes posteriores o en la mandíbula inferior, así como con lesiones como llagas y úlceras que le causan mucho dolor.

Por este dolor, actividades como beber agua y comer, e incluso ladrar, se pueden alterar. Un síntoma habitual es la repentina pérdida de apetito o dificultad al comer y tomar líquidos.

Para evitar que las heridas agraven, lo más recomendable es que lleves a su mascota a su veterinario para que este le recete un tratamiento antiinflamatorio y antibiótico, en el caso de que ya presente infección.

 4. En el peor de los casos: la muerte

Tal como leíste. Su consumo puede tener consecuencias mortales. El mayor peligro de la ingesta de huesos es que estos pueden provocar lesiones riesgosísimas en su sistema digestivo, como perforaciones en algunos de sus órganos a causa de sus astillas. Además, los perros que comen más rápido que otros son más propensos a engullir pedazos enteros que pueden atorarse en su estómago o intestinos.

En ambas situaciones, la mascota suele presentar apatía, debilidad, dificultad para defecar, hasta sangramientos por el recto o vómitos con sangre. En estos casos, el perro debe internarse de emergencia en una clínica veterinaria, ya que tanto la obstrucción como las perforaciones usualmente necesitan de intervenciones quirúrgicas de urgencia para poder detener las hemorragias o extraer los pedazos atascados.

Por otro lado, las heridas que causan los huesos en el tracto digestivo pueden desencadenar infecciones bacterianas graves como la peritonitis séptica, que consiste en la inflamación de la membrana que cubre la parte interna de la cavidad abdominal, causada por salidas del contenido del tracto gastrointestinal; y sus probabilidades de mortalidad superan el 60% de los casos.

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Entonces, ¿qué hacer con su deseo de masticar?

Al quitarle los huesos de su dieta, debemos buscar cómo satisfacer su necesidad de morder. Actividad que, además de entretener a su perro, lo ayuda a mantener sus dientes limpios porque evita la formación de sarro.

Actualmente, en el mercado existe infinidad de productos comestibles, como de entretenimiento, que funcionan como suplentes seguros de los naturales. Tal como los huesos hechos de carnaza natural (que pueden encontrarse fácilmente en tiendas veterinarias y hasta supermercados) o los juguetes comestibles como el Purina Duro de Roer, cuya masticación favorece la salud de los dientes. También existen snacks formulados específicamente para controlar el sarro y prevenir el mal aliento, como el Dog Licious Higiene Dental.

Y si su perro sufre de sensibilidades digestivas que limitan las opciones de los bocadillos, ¡no te preocupes! Puede optar por juguetes no comestibles diseñados especialmente para dicha función. Por ejemplo, en el portal colombiano destinado a la venta de artículos para perros y gatos, ciudaddemascotas.com, puede encontrar juguetes creados para morder, como la línea clásica de Kong o los Hartz Chew Clean que hasta incluyen esencia de tocino.

Sin embargo, aunque no sean huesos naturales, es importante que siempre supervises a su perro cuando esté masticando uno para evitar accidentes, además de escoger el modelo adecuado para él. Si seleccionas un hueso de carnaza pequeño para un can de mandíbula grande, podrías provocar que se lo trague sin siquiera masticarlo, lo que podría desencadenar los mismos problemas señalados más arriba. Por eso, antes de comprar un producto en particular para tu perro, siempre busca asesoría por parte de expertos.

Recuerda que la higiene bucal de su mascota no debe limitarse solamente al uso de huesos o juguetes masticables, también debe contar con limpiezas dentales y chequeos médicos rutinarios. Con esto, no solo lograrás satisfacer su instinto de morder de forma segura, sino que también le garantizarán una salud óptima: Boca sana, perro sano.