Sesenta años de Laika, la perra cosmonauta

Sesenta años de Laika, la perra cosmonauta

26 de octubre del 2017

El primer ser vivo en navegar a través del espacio, fue la perra soviética, Laika, este año se conmemoran sesenta años de su aventura cósmica.

Laika fue una perrita de la calle, mestiza, que fue encargada para ser transportada en la nave espacial que tenía el nombre de Sputnik 2.

Se piensa que al hacer viajar un ser vivo se podrían hacer estudios sobre la posibilidad de enviar un ser humano al espacio. El viaje canino en la órbita estaba equipado con instrumentos para medir la radiación solar y rayos cósmicos.

La decisión oficial de lanzar el Sputnik 2 se publicó a principios de octubre de 1957, para que la nave fuera lanzada al espacio en noviembre.

El origen de Laika era callejero, se presume que tenía alrededor de tres años, era de tamaño mediano y era de raza mestiza, con influencia de husky y tal vez, terrier.

Laika, era un nombre genérico de razas de perros y fue popularizado en los medios, aunque los empleados soviéticos que se encargaron del entrenarla le llamaban Kudryavka (rizadita), Zhuchka (bichito) y Limonchik (limoncito).

Su preparación, junto con otros animales callejeros, fue montarles en máquinas de centrifugado, así como en compartimientos más y más pequeños para que el perro se acostumbrara al espacio de la nave y que controle su presión arterial al momento del lanzamiento.

Wikimedia. Estampila húngara de Laika.

Sobre el 3 de noviembre de 1957 fue el lanzamiento del satélite artificial, Sputnik 2, donde la pasajera era nuestra protagonista, la tan recordada Laika.

Vladimir Yazdovsky, director del programa de perros utilizados en cohetes, mencionó en una entrevista que, “Laika era tranquila y encantadora” y los días antes de la misión, la llevó a su casa para que jugara con sus cachorros, “quería hacer algo bueno por ella, le quedaba tan poco tiempo de vida”.

La nave estaba programada para despegar en las horas de la mañana. “Después de la colocación de Laika en el contenedor y antes de cerrar la escotilla, le besamos la nariz y le deseamos un buen viaje, sabiendo que no iba a sobrevivir al vuelo”, contó uno de los técnicos encargados de la capsula.

Laika fue equipada con un gel de alto nivel proteínico, una bolsa para sus necesidades y oxígeno que duraría por lo menos una semana.

Las autoridades soviéticas mencionaron que Laika había vivido al menos por cuatro días después del despegue y que su muerte fue sin dolor por falta de oxígeno.

En 2002, el científico, Dimitri Malanshekov, quien participó en el lanzamiento del Sputnik 2, confesó que Laika había muerto entre cinco y siete horas después del despegue, esto debido al pánico, estrés y sobrecalentamiento del cohete.

Esto es natural, puesto que el tiempo de construcción fue muy apresurado, alrededor de cuatro semanas y los sistemas de ventilación eran pobres, jamás se pensó en que Laika regresaría viva.

Una gran variedad de sociedades y organizaciones defensoras de los derechos de animales, protestaron el uso de perros en este tipo de experimentos.

Oleg Gazenko, uno de los científicos responsables de la misión en la que participó Laika, mencionó que, “Cuanto más tiempo pasa, más me lamento de lo sucedido. No debimos haberlo hecho… ni siquiera aprendimos lo suficiente de esta misión como para justificar la pérdida del animal”. Después de Laika, La Unión Soviética mandó doce perros más, de estos, solo cinco regresaron vivos.