A Medellín le caben apenas 150.000 árboles para mejorar el aire

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A Medellín le caben apenas 150.000 árboles para mejorar el aire

8 de abril del 2017

Desde que la capital antioqueña se encuentra en alerta roja y naranja por las condiciones críticas del aire que respiran sus habitantes, no cesan las voces que piden más siembra de árboles y erradicar por completo las talas que hacen constructores – incluso las mismas autoridades – para desarrollar proyectos urbanísticos.

Sin embargo, ¿qué tan positivo es que cada persona salga a la calle a sembrar un árbol en cualquier espacio y cuántos se deben plantar para que de verdad sea esta una solución al problema de contaminación?

Estas y otras preguntas le hizo Kienyke.com al ingeniero forestal Óscar Sáenz, profesor de Silvicultura Urbana del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional, con sede en Medellín.

Son muchas las precisiones que hace el académico que llama a la calma y a ponerles freno a las iniciativas particulares para sembrar árboles que se extienden por redes sociales.

¿Qué hay y qué hace falta en arbolización?

Lo primero que pide el académico, que trabaja muy de cerca al Área Metropolitana, autoridad ambiental en la materia, y a la Secretaría de Medio Ambiente de la capital antioqueña, es conocer el contexto.

Aunque según el Ministerio de Medio Ambiente a la ciudad le hace falta 700.000 árboles, para Sáenz esa cantidad es exagerada.

“Sí, la ciudad tiene un déficit de árboles, pero la cifra que se ha manejado es escandalosa. Seguramente salió pensando en Washington, en donde hay un árbol por habitante, pero en Medellín no hay espacios públicos para la siembra muy grandes”.

“Prefiero 100.000 árboles, de muy buenas cualidades y condiciones, a 700.000 árboles que se pueden convertir en un conflicto futuro”, puntualizó el profesor.

Según los datos que maneja el investigador, en Medellín y el Área Metropolitana hay cerca de 650.00 árboles, sin contar los que están ubicados en los cerros tutelares.

Y, de acuerdo a un reciente estudio que la Universidad Nacional le hizo a la Secretaría de Medio Ambiente, se estimó que le caben unos 150.000 más.

Cabe aclarar que el profesional no habla solo de árboles, sino también de arbustos y jardines que cumplen funciones ecosistemas y medio ambientales que ayudan a mejorar la calidad del aire.

“En el polígono de 150 hectáreas evaluado, ubicado entre las quebradas Iguaná y la Hueso y el río y la carrera 64 (centro occidente de la capital paisa), caben 2.500 árboles. Y si hacemos un factor de expansión, pensando que la ciudad se comporta como ese polígono, caben 150.000 individuos entre árboles, arbustos y palmas en este momento en el área urbana”, explicó.

Y, recalca, los 700.000 que supuestamente hacen falta solo podrían ser sembrados en las afueras, en los corregimientos de Santa Elena, Palmitas y San Antonio de Prado.

Siembras, paños de agua tibia

Frente a la arborización urbana hay muchos mitos, y las personas, dijo el experto, creen que los ‘chamizos’, como despectivamente se le llaman a los árboles pequeños, “no prestan servicios ambientales”. Sin embargo, afirmó Sáenz, “los árboles mientras crecen más expresan sus bondades, excepto las de confort climático, porque no dan sombra, pero si capturan contaminantes, además en ese momento es cuando más fijan carbono”.

Por eso pide a la gente entender que la siembra de árboles sí aporta a la solución del problema de contaminación, pero es una iniciativa a mediano plazo.

“10 años – si se empieza ya – tomaría la transformación hacia una ciudad más verde”, dijo.

“Es un periodo que trasciende los tiempos administrativos, por eso se requiere coherencia entre las administraciones para que se articulen los esfuerzos. Darle continuidad a las cosas que funcionan”, aclaró el docente.

Pero lo más importante para Sáenz es que se comprenda que sembrando más árboles no se acaba la contaminación: “Los problemas en esta materia en la ciudad no se atacan desde una sola perspectiva”.

“Podemos sembrar todos los árboles, pero si no se logran disminuir las fuentes de emisión de los contaminantes, se convierte en un paño de agua tibia”.

En Medellín entran al año 130.000 vehículos y se proyecta, según datos del Ministerio de Medio Ambiente, que a 2030 haya tres millones rodando por las calles del Valle de Aburrá.

A ese ritmo de crecimiento, se requieren soluciones complementarias a la siembra de árboles. En eso insisten las autoridades.

Para Sáenz, desde la silvicultura urbana sí se puede contribuir a que la gente se motive a usar medios de transporte más sostenible. Propone, por ejemplo, hacer las ciclovías y los espacios para caminar más confortables.

“Creo que si creamos corredores verdes con sombra y aire limpio, la gente puede usar más la bicicleta y caminar”, afirma.

Iniciativas ciudadanas, peligrosas

Plantar un árbol sin tener en cuenta la especie y el espacio, puede contribuir más al problema que a la solución. Por eso el llamado a la ciudadanía es no salir a plantar individuos en sus antejardines o zonas verdes sin consultar un experto o a la autoridad ambiental.

“En momentos de coyuntura en temas de calidad del aire salen iniciativas para sembrar árboles que son las más peligrosas, porque es sembrar por sembrar, sin pensar en qué se planta y en dónde”, explicó Sáenz.

Y añadió: “La mayoría de la gente no actúa de mala fe sino por ignorancia. Los árboles grandes se ubican a 10 metros uno del otro básicamente para que cuando crezcan, las copas queden especiadas entre ellas. A veces las personas de buena voluntad plantan una especie entre estos árboles y lo que hace es que le quitan las posibilidades de expresión”.

También se debe comprender que “la ciudad no es buena para todas las especies”. Es necesario cuidar el uso de individuos que florecen cerca a zonas peatonales, porque pueden generar accidentes cuando caen al piso, lo mismo que las que dan frutos muy grandes.

¿Soluciones impactantes?

En un escenario ideal, en el que la inversión no sea una limitante, el ingeniero forestal considera que una solución para el déficit verde que tiene Medellín sería adquirir los predios del Aeropuerto Olaya Herrera – si se llega a materializar la opción de que salga de la ciudad – y los clubes sociales (Campestre y El Rodeo) para crear en ellos imponentes espacios arborizados dentro de la zona urbana.

Al tiempo, es escéptico frente a la opción de crear jardines verticales en las columnas del metro, porque según un estudio mexicano, país en donde se usó esta alternativa, el costo es altísimo.

“Sería muy bonito, pero los beneficios que presta un metro cuadrado de un jardín vertical cuesta 432 veces más que sembrar un árbol, por el mantenimiento”, comentó.

Otra posibilidad que se podría explorar, explicó, sería no pedirles a los constructores que se encarguen de la reposición arbórea que se les exige cuando talan un árbol, sino que la Secretaría de Medio Ambiente cree un fondo, como lo tiene ese mismo despacho en Bogotá, en el que las empresas depositen lo que cuesta la siembra y el mantenimiento de los árboles que deben compensar, y la dependencia se encargue de hacer el trabajo.

“Así se garantizaría la idoneidad de los espacios y las especies. Pero el miedo es la corrupción”.

El trabajo no es solo de los árboles

El más reciente estudio sobre la capacidad de absorción de contaminantes de los árboles – publicado en 2016, en Italia – detalla que solo un individuo puede eliminar 2.42 toneladas métricas de contaminación atmosférica al año.

Sin embargo un solo carro puede emitir, en ese mismo periodo, entre dos y cuatro toneladas, y no es la única fuente que perjudica la calidad del aire.

Por eso la solución para lo que enfrenta hoy Medellín y el Valle de Aburrá requiere esfuerzos personales, institucionales y políticos. “Sembrar árboles es una contribución, pero no es lo único que se puede hacer”, afirmó el experto.

La buena noticia es que el Área Metropolitana anunció que entre este año sembrará 75.000 árboles en la zona urbana de los 10 municipios que conforman la entidad y en el cerro Quitasol, que hace poco por un incendio perdió 100 hectáreas de cobertura vegetal.