Convierta su vagina en una joya

Convierta su vagina en una joya

22 de marzo del 2014

Ha llegado la revolución de la vagina. Una iniciativa llamada Vaginamía busca que las mujeres desafíen el sexismo y se sientan orgullosas de su cuerpo a través de un collar que imita los genitales femeninos. Está elaborado en plata y el clítoris es una perla natural. “Se busca romper con el silencio que rodea la vagina”, dice Joëlle Golmann, creadora de esta joya.

Joëlle, de nacionalidad sueca y politóloga, asegura que la idea nació en medio de su cotidianidad como madre. ”Me di cuenta que a las niñas se les enseña a no tocar su vagina porque: ’te puedes enfermar’. Mientras que con los niños decimos: ’es normal’”.

Vaginas, Kienyke

A la derecha Joëlle Golmann.

También se inspiró en una exposición británica llamada The great wall of vagina, donde el escultor Jamie McCartney creó miles de vaginas para evidenciar su diversidad y cambiar la percepción que muchas mujeres tienen de sus genitales.

La primera colección de Vaginamía tiene cinco diseños distintos. Cada uno lleva el nombre de una flor colombiana: anturio, bomarea, meriania, magnolia, victoria regia. “La idea era personalizar cada modelo con algo concetado a Colombia porque es el lugar donde se producen. Busqué especies específicas con similitudes en cuanto a su apariencia”.

Vaginas, Kienyke

Pero las mujeres tinen la opción de llevar en su cuello el diseño de su propia vagina. Es posible enviando la foto de sus genitales. La joya se elabora con total confidencialidad y ha tenido éxito. ”En la actualidad tengo cinco pedidos de ese estilo”, dice Joëlle.

Las reacciones del uso de esta joya son mezcladas. ”Hay mujeres, entre los 15 y 70 años, que me han buscado para decirme que les encanta la idea y quieren tener una. Pero hay mujeres y hombres que han reaccionado con frases como: ¡Qué asco!”.

Vaginas, Kienyke

“Poder cargar la vagina de manera visible en un collar es una forma de tomar posesión. Indica que una mujer no tiene por qué ocultarla y se siente orgullosa”, concluye Joëlle.