La colombiana que diseña para Converse

La colombiana que diseña para Converse

20 de marzo del 2011

Camila Bernal llegó a diseñar para la marca Converse sin un diploma como profesional y sin un portafolio. A sus 24 años la fórmula del éxito está en el talento y en la inmanejable manía de crear que tiene desde los tres años. La diseñadora colombiana dibuja durante sus ocho horas laborarles y lo hace en su tiempo libre. Carga siempre en su bolso una libreta y duerme junto a una en caso de que no pueda dormir. Prefiere usar una plumilla o tinta china. Cada vez que asiste a una fiesta o reunión se pinta su cuerpo con alguna figura ornamental. Sus trazos la convirtieron desde hace cuatro meses en la diseñadora de la línea de mujeres de Converse para Centroamérica y Suramérica.

Su formación académica inició en el Sena, donde estudió artes plásticas. Pasó por la Corporación Unificada Nacional de Educación Superior (CUN) y terminó la carrera profesional en la Corporación Universitaria Los Libertadores. Camila ya terminó materias, pero no se ha graduado por los innumerables compromisos laborales. Trabaja y se sostiene de manera económica desde los 17 años. Ha expuesto sus obras en más de quince galerías.


Diseña estampados para accesorios de la línea femenina de Converse. Puede tardar entre dos horas y dos días diseñando una figura.

Desde el colegio dejó ver su habilidad con el diseño. Todos sus cuadernos estaban rayados en las páginas de atrás, motivo suficiente para que le llamaran la atención y citaran a sus papás. Además,  hacía cartas de amor por encargo y hasta canjeaba planchas de dibujo por tareas de matemáticas y química.

En una exposición donde Camila pintó tetas, dorsos y caras conoció al artista Diego Pérez, quien sería el contacto para llegar a Converse. Pérez la llamó durante dos meses a preguntarle si quería irse a trabajar a otro país y ella le respondía que sí, aunque no le creía. Un día mientras caminaba sobre la carrea séptima con calle 45 recibió la llamada definitiva, la oferta para irse a diseñar la línea de mujeres de Converse estaba abierta en Panamá. Camila, aterrada, no se ilusionó. Sin embargo, en la misma semana le enviaron los pasajes y un par de días después estaba en una entrevista con Daniel Khoudari, presidente de la compañía. Él mismo la recogió en el aeropuerto y durante el recorrido hacia las oficinas le hizo algunas preguntas. A su retorno a Bogotá empacó maleta para un mes y regresó a Panamá. Tenía un contrato y hacía parte de un equipo de seis diseñadores colombianos. No es la única, pero es la más joven y llegó allí sin una diploma que la certificara como profesional.


Camila Bernal ha hecho body paint en vivo en más de diez ocasiones.

Mientas que Camila observa el Océano Pacífico por la ventana deja en evidencia que es una diseñadora compulsiva. A diario elabora estampados para camisetas y accesorios como maletas, cinturones, sudaderas y vestidos para mujer. Sus dibujos preferidos son los peces, los pájaros y las ruedas de bicicleta. En promedio ha dibujado entre treinta y cincuenta piezas que harán parte de la colección primavera 2012. Puede demorar entre dos horas y dos días con una sola. Los temas son el Rock and Roll, los referentes urbanos y la rebeldía.

Camila tiene la misma esencia de su pseudónimo “Remedios, la bella”, personaje Cien años de soledad. Creció rodeada de detalles macondianos. De niña pintaba las paredes. Sin embargo, a diferencia del personaje no usó mierda, sino crayolas. Para esos días sus papás tuvieron que empapelar las paredes de su casa. Iba de manera frecuente a Macondo, una finca propiedad de una tía suya, ubicada en Cajicá. Allí aprendió el valor del arte rodeada de mariposas amarillas y de las artesanías que su tía elaboraba. Su mayor sueño es tener una propia tienda de diseño, vivir en el campo en una granja integral autosuficiente y en una casa inteligente basada en un sistema de reciclaje. Y aunque no conoce Aracataca Camila es como Remedios, la bella, no parece ser de este mundo.


Su seudónimo es Remedios, la bella, como el personaje de la novela Cien años de Soledad. Su tía y sus amigos siempre la han llamado así.

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