Los músculos del sexo

Los músculos del sexo

1 de mayo del 2011

El Imperio Fálico

Editorial Grijalbo (Random House Mondadori).

Los músculos del placer

Si usted es el tipo de hombre que, como la gran mayoría, cree sabérselas todas en lo que al arte de “hacer el amor” se refiere, deje este tratado y regrese al País de Nunca Jamás, de donde –para bien de todas las mujeres– no regrese, “nunca jamás”. Ah, pero eso sí, cuando su mujer le ponga los cachos por “deficiencia de habilidad coital” –por mal polvo–, no se queje.

Bueno, habiéndonos librado ya del terror de las mujeres y del hazmerreír de los hombres: los fantoches, continuemos con este manifiesto del placer el cual nos ilustrará  sobre esos músculos que, de ser fortificados, harán de cualquier pelele todo un depredador sexual, capaz de satisfacer a la más insaciable “gata salvaje” (léase: “su mujer”, pero con otro). Como primera medida, es de suma importancia que cada uno de ustedes esté consciente que fue creado y diseñado –bueno, no todos– para desempeñarse como una máquina sexual de alto rendimiento, con garantía de por vida y con la virtud de poder hacer dichosa a cualquier fémina, sea ésta: una perfecta divinidad o un completo esperpento, colosalmente voluptuosa o atrozmente escurrida, esculpida por el pincel del creador o por la guadaña de un cirujano, tan fresca como una uva o tan rancia como un bagazo.

Debemos saber también que, como bono adicional, a nosotros los hombres se nos privó –gracias a Dios– de un elemento inoficioso denominado “conciencia”, lo cual nos permite hacerle el amor con la fogosidad más briosa a nuestra pareja y minutos después hacerle exactamente lo mismo –sino mejor– a su mejor amiga y no entender porque carajos se enojan cuando se enteran.

Esta formidable máquina del amor que somos los hombres –incluyéndolo a usted–, requiere como todo instrumento sofisticado un excelente mantenimiento, de otra manera usted pasaría a ser todo un “G.I. (Favor no leerse “Miembro de Las Fuerzas Armadas Estadounidenses” del vocablo norteamericano, léase “Güeva Inmarcesible”, del castizo colombiano).

Advertido ya del tipo de espécimen que, para bien o para mal es usted, vayamos al grano. Nuestro cuerpo consta de más de 650 músculos, que constituyen aproximadamente la mitad de nuestro peso corporal. Cada uno de esos músculos desempeña innumerables funciones, el problema es que la gran mayoría de hombres se concentra sólo en algunas de ellas, dejando a un lado otras aún más relevantes.

Comencemos con los músculos de las piernas –utilizados en las noches por muchos de ustedes únicamente para ir al baño a hacer pipí–. Estos, muy probablemente, son los músculos más potentes del organismo y comprenden aquellos ubicados en el muslo (los Abductores, el Bíceps Crural; el Semitendinoso, entre otros) y en la pierna (el Vasto Externo, el Plantar Delgado, el Gemelo Externo, el Sóleo, el Tibial Anterior, los Peroneos, etc.). De ser bien ejercitados, este gran número de músculos ayudaría a ejecutar una de las posiciones sexuales más gratificantes que existen: la De Pie (en cualquiera de sus variantes: cargando a la mujer con los brazos, o ella sentada sobre cualquier superficie mientras usted permanece en pie). Señores, no saben de lo que se pierden, sus mujeres se lo agradecerán –mejor a usted que al vecino–. Pero para esto caballeros es necesario fortalecer las extremidades inferiores trotando o haciendo pesas. ¡Advertencia! La ejecución de esta posición sin el debido adiestramiento puede ocasionarle –adicionalmente a la fulminante “mandada pa´l carajo” por parte de su mujercita–, una vergonzosa ida de jeta contra el planeta, con graves traumas tanto físicos como sicológicos para ambos.

La posición de El Misionero es de lejos la más común, y la más cómoda debido a que la mayoría de especímenes masculinos utiliza la ley de la gravedad como acción motriz, es decir: sólo se dejan caer sobre su compañera aplastándola inmisericordemente. Estos hombres generalmente se consideran los mejores amantes del mundo porque confunden los gemidos asfixiantes de su mujer, con clamados de placer. La solución: ejercitar los músculos de los brazos (los Deltoides, Tríceps, Bíceps, Radiales Externos, el Braquial, el Supinador Largo, entre otros,) y los del pecho (principalmente el Serrato Mayor y el Pectoral Mayor). Y hablando del pecho, la posición de mayor comodidad para el hombre –y una de las más satisfactorias para la mujer– es la de Ella Arriba; aquí su pareja hace todo el trabajo mientras usted lo único que tiene que mover son las pestañas (accionadas por el músculo Orbicular de los Parpados). Sin embargo, es fundamental desarrollar los Pectorales pues en esta posición la mujer acostumbra descansar sus manos sobre el pecho del hombre, y créame, no hay cosa más horripilante para ellas que sentir bajos sus manos, en vez de un par de pectorales fuertes y varoniles, un par de ubres tembleques y mofletudas.

Otra de las posiciones favoritas del género masculino es la de El Perrito, no sólo porque obedece a esa ley natural que nos exhorta a “contemplar todo desde otro ángulo”, sino porque esta posición nos invita a echarnos a la locha, pues aunque pareciera que estamos realizando “el qué esfuerzo”, la verdad es que es muy leve el trajín que se hace (el cual es efectuado por las rodillas, que no son músculos sino articulaciones). Por esta razón El Perrito es para muchos, la posición ideal para “chicanear”. Pero, infortunadamente para estos G.I.s, las mujeres de hoy en día no comen de esa, por ende para evitar una inminente infidelidad, ejercite las extremidades superiores (sí, los brazos), el pecho y los músculos de la espalda (Dorsales Anchos, Trapecios, Romboides, Redondo Mayor y Redondo Menor, etc.) así podrá lucirse con variantes más difíciles, como La Carretilla (la misma Perrito pero sosteniéndole las piernas a su pareja con los brazos). ¡Advertencia! Posición prohibida para lugares no alfombrados y para las güevas que se creen Juan Pablo Montoya.

Si eso es con las posiciones más simples imagínense el ridículo que van a hacer ustedes de no estar en buena forma, especialmente si le da por tirárselas de macho con posiciones más complejas e insólitas. Uno de los músculos que se nos olvida que existe y que tiene una relevancia inusitada, por cumplir dos funciones altamente sexuales, son los Glúteos. Primero porque despiertan visualmente la líbido, pues no es lo mismo –tanto para las mujeres como para los hombres– posar la mirada y las manos sobre unas nalgas fuertes, redondas y rozagantes, que en unas flácidas, langarutas y espeluznantes. Y segundo, no olvidemos que estos carnosos accesorios controlan la estabilidad del área pélvica a la vez que ejercen la tracción locomotora de esta zona. En otras palabras, no es lo mismo el empuje de la cola de un negro Chocoano, que el envión del hopo escuálido de Condorito. Por lo tanto ejercite los glúteos; ah pero eso sí, por más “divinos” que le queden, no se le ocurra –ni por el putas–, ponerse una tanga.

A continuación “Los Músculos de la Doble Moral Masculina”: los del abdomen, pues son aquellos que le exigimos exhibir a nuestra hembrita, pero que a la mayoría de hombres no se les ven ni examinándolos con un Microscopio Atómico con Espectro de Florescencia de Rayos X. Y es que entre más voluminosa (léase “espantosa”) es nuestra barriga, más cintura de sirena le obligamos tener a nuestra mamacita. Mi recomendación: abdominales a la lata, para desarrollar los músculos Internos, Externos y Oblicuos del abdomen, así podrá hacer gala de una espectacular chocolatina en vez de una “¡Uy guacalas!” babosa gelatina. Por su bien, no sea el “gordito” del grupo, que pues sí es el más simpático y querido, pero hasta ahí, ¿o es que acaso ha visto alguna vez a un gordito en una orgía?

Imperdonable sería olvidarnos del músculo que brinda el vigor al cuerpo: el músculo Cardíaco, o el corazón, que a diferencia de lo que muchos creen, no se ejercita babeando por cuanta vieja le desfila frente a los ojos –porque las mujeres de hoy en día no caminan sino que desfilan–. ¡No! El corazón se fortalece únicamente con ejercicios cardiovasculares o haciendo deporte (no salga ahora con qué usted “juega golf”, ahí la que hace ejercicio es la bola no usted). Recuerde: ningún hombre puede ser un buen amante sino posee resistencia. Una sesión de sexo cuya duración no excede los 30 minutos, no es sexo, es para todas las mujeres –incluyendo la suya– algo así como “una pesadilla mojada”.

Y para finalizar, es mi deber mencionar el órgano que, aunque no es un músculo, es el epicentro de la pasión y el motor de toda actividad sexual… no, no es el falo –no sea bola–: es el cerebro. Sí, así como lo oye, el cerebro. La imaginación es el afrodisiaco más poderoso que existe; ahí no hay ungüento que valga, ni cazuela que sirva; si usted no tiene imaginación está resignado a la posición de El Misionero de por vida –lo cual equivale a tener sexo, eternamente, sólo con su mujer–. Con imaginación usted es el putas del sexo, pues a todo le haya doble funcionalidad. Mientras un mancito común y silvestre lleva a su noviecita al parque para mecerse con ella en un columpio, un hombre con creatividad se lleva el columpio para la casa y hace con su noviecita la posición “Mecida de pie con triple salto y voltereta y media, ¿no sabe cuál es? ah, use la imaginación. Recomendación: ejercite la mente con juegos como el ajedrez, sudoku, etc. (no, el parqués no cuenta). La mayoría de mujeres tienen muy desarrollada el área cognoscitivo-imaginación –casi igual que el de la manipulación–, por lo tanto no les vaya a salir con un chorro de babas en la cama, use el cerebro. Ahora, si la hembrita que usted está cortejando le sale en una conversación con que no sabe… por ejemplo… quien fue Marco Polo, o el Marqués de Sade, entonces no desperdicie neuronas con ella, deje reposar el cerebro, échese a la locha, y sugiérale la posición de Ella Arriba. Ah, y no se olvide de pestañear de vez en cuando, para que después no digan que usted no hace nada, ¡tampoco!