Los niños del hospital

Los niños del hospital

5 de abril del 2011

Mariano* es un bebé de quien sus padres dicen tiene cinco meses, sin embargo su tamaño corresponde más al de un bebé de dos meses. Mariano nació a las 24 semanas de embarazo porque a su madre, una mujer salvadoreña casada con un mexicano, le dio una infección en la matriz y Mariano tuvo que ser sacado por cesárea. A pesar de su corta edad, Mariano ha sufrido cinco cirugías relacionadas con su intestino: una perforación, colocación de una bolsa en su barriguita para recibir los excrementos, una infección, corte de 17 centímetros de su intestino y una cirugía del ojo. No se sabe si perderá la vista en ese ojo.  Es muy inquieto, no para de moverse sobre la mesa donde el doctor le hace un examen. Sus movimientos son espasmódicos. No cesa de mover piernas y brazos en  forma  desacompasada. El doctor observa con cuidado sus movimientos y trata de sentarlo. Mariano hace esfuerzos por pararse, no se deja sentar. Los padres, mexicanos indocumentados, están orgullosos de los movimientos de su hijo: creen que corresponden a un niño vivaz y adelantado para su edad.

El doctor les dice que los movimientos son anormales y pueden ser indicativos de problemas más adelante. Los padres no entienden o no quieren oir. Deben volver en dos meses para una evaluación que se enfocará en su desarrollo. Es posible que el niño tenga algún grado de retraso pero el doctor es cuidadoso en el uso del vocabulario. Los padres salen felices porque Mariano se mostró muy vivaz con el pediatra. Se les advierte que debe ser tratado como un bebé de seis semanas como si el embarazo hubiera durado las 40 semanas en el vientre de su mamá. Nada de sólidos, cuando su mamá ya estaba tratando de darle compota de manzana, que, según le había dicho su prima, debía dársele a los bebés a los cinco meses. Muy posiblemente en la próxima cita el diagnóstico será el de problemas en el desarrollo y retardo mental.

Alfonso es un niño de casi trece años. Es alto y tiene sobrepeso. Los padres creen que es autista y han venido para un diagnóstico definitivo. Alfonso pasa por una serie de exámenes encaminados a medir su desarrollo en diferentes áreas: sus relaciones sociales, sus reacciones, audición, examen físico, todo. Al final del día el doctor les da el veredicto: Alfonso tiene un leve retraso mental pero será capaz de llevar una vida casi normal: podrá estudiar, trabajar y casarse. Su madre empieza a llorar. De alguna manera piensa que es peor un retraso mental leve que un caso de autismo. El embarazo duró 26 semanas. La placenta se infectó y hubo que sacar al niño.

Luis es un niño de dos años y medio con síndrome de Down. Todavía no camina, tiene pañales y no habla. La madre tiene casi 48 años. Quedó embarazada a los 45 años después de tener hijos ya crecidos. No usaba métodos anticonceptivos a pesar de que todavía menstruaba. Pensó que por su edad no quedaría embarazada. El riesgo de tener un niño con síndrome de Down después de los 40 es de uno sobre ocho. Luis nació con dos huecos en el corazón que fueron operados. Ahora está en un examen de nutrición. Lo ponen al lado de una máquina de rayos X que muestra sus vías respiratorias y digestivas. Primero le dan un tetero. La leche se va a las vías respiratorias. Le espesan el tetero lo que lo hace más fácil de tragar. Nuevamente pasa al sistema respiratorio. Lo mismo con compota y yogur. Tiene una arteria que sale del corazón y le oprime el esófago de manera que el alimento no puede pasar. Es un milagro que no tosa con la comida en sus pulmones y que no haya tenido neumonía. Le ponen una sonda nasogástrica para asegurar que la comida no siga pasando a las vías respiratorias y le programan una segunda cirugía a corazón abierto.

Amanda tiene casi tres años. No camina, no se voltea, no se sienta sola. Si está sentada no se puede acostar y viceversa. Tiene distrofia muscular. Los músculos van perdiendo tono y se deterioran hasta perder sus capacidades. El caso de Lucía está avanzando rápidamente. Le hacen el mismo examen de nutrición frente a la máquina de rayos X. Aunque no se va tanto la comida a las vías respiratorias como a Luis, a la niña le da mucho trabajo comer porque los músculos de garganta y esófago se están deteriorando. Come tres bocados y se cansa, deja de comer. Los médicos aconsejan darle comidas con más frecuencia pero en menor cantidad. Cuando Lucía vaya a la próxima cita le tendrán que poner una sonda nasogástrica para que no muera de hambre. Nunca podrá caminar ni cambiar de posición por si sola. Siempre estará en una silla de ruedas, aunque su vida será corta. El corazón es un músculo que también se deteriorará. Amanda nació a las 26 semanas de embarazo.

La técnica médica permite más y más que los niños prematuros sobrevivan, pero con grandes probabilidades de enfermedades debilitantes, problemas respiratorios, digestivos, de oído y visión, del corazón y retardo mental.

Ya he aprendido a que estos dramas me resbalen. Como intérprete médica en un hospital infantil en esto se ha convertido mi vida diaria. Pero yo me pregunto, ¿llegará el día que, equiparándose con la eutanasia, la profesión médica decidirá no salvar a estos niños que cuando nacen pesan una libra, sus padres lo pueden sostener en una mano y que sufrirán durante toda su infancia y vida adulta, si es que llegan allá?

*Todos los nombres han sido cambiados.

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