TVL: Un laboratorio de moda

28 de agosto del 2011

The Vintage Lab es el resultado de una pasión heredada. Las hermanas Natalia y Andrea López crecieron recorriendo anticuarios de la mano de su madre, una mujer coleccionista de objetos y piezas de decoración con las que adornaba su casa de Chapinero. Una lámpara art déco o un comedor de Toledo servían para que Matile […]

TVL: Un laboratorio de moda

The Vintage Lab es el resultado de una pasión heredada. Las hermanas Natalia y Andrea López crecieron recorriendo anticuarios de la mano de su madre, una mujer coleccionista de objetos y piezas de decoración con las que adornaba su casa de Chapinero. Una lámpara art déco o un comedor de Toledo servían para que Matile León les hablara a sus hijas de épocas y diseñadores de siglos pasados. Un germen creado por conversaciones entre telarañas les trajo el gusto por un estilo del que hoy nos hemos dejado contagiar muchos, el vintage.

Andrea, arquitecta, y Natalia, diseñadora de moda, empezaron a visitar compraventas y mercaditos en busca de ítems y piezas curiosas que usaban como accesorios de sus pintas. Al principio, la gente les preguntaba dónde los conseguían y ellas, penosas, decían que los habían traído de Nueva York.

En 2006, cuando Natalia salió de la universidad, decidieron crear un almacén. Empezaron trayendo ropa e interviniéndola, pero había un problema: ¿cómo venderla? En ese momento, la gente no creía mucho en el concepto vintage, por lo cual terminaron quedándose con todo y descartando temporalmente el proyecto.

Natalia empezó a estudiar diseño gráfico y Andrea siguió trabajando, pero tiempo después, a través de Facebook, decidieron volver a intentarlo y les funcionó. Compraban ropa nueva y usada en Estados Unidos, y la vendían por Internet. La idea fue creciendo, organizaron desfiles y crearon catálogos para mostrar la ropa.

En Vintage Lab existen tres universos. Uno, cuenta Natalia, es el netamente vintage, donde actúan como curadoras de su almacén, compran las piezas y las venden sin ninguna intervención. Otro es el Lab o laboratorio, donde crean prendas y accesorios, algunos de diseños propios y otros, replicas de modelos de diseñadores famosos. En este espacio se enseña a la gente a hacer cosas bonitas con poco dinero. Y por último está Vintage Lab, que es la intervención de prendas: comprar, modificar y vender.

Hubo una colección hace poco elaborada a partir de chaquetas de cuero viejas que se transformaron en carteras. La idea es hacer útil algo que aparentemente no lo es: convertir piezas obsoletas en objetos de moda.  Más allá de un estilo, la idea es promover una cultura “green” a partir de la moda, demostrar que la ropa de segunda puede reciclarse y  con esto ayudar a la conservación del medio ambiente.

Para ellas, buscar ropa es una afición, por eso hasta el momento todo ha funcionado como algo informal: se pide una cita al showroom, ubicado en Chapinero, y se compra lo que con anterioridad se ha visto en el catálogo de Facebook.  Sin embargo, estas jóvenes decidieron llevar más lejos el proyecto y próximamente abrirán un almacén en la calle 57 con carrera sexta. El espacio no va solo será una tienda de ropa, sino que espera convertirse en un lugar de reunión para diseñadores, blogueros, artistas y gente interesada en crear y proponer nuevas tendencias que cuestionen la industria.

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