Zumba colombiana

Zumba colombiana

8 de febrero del 2011

Hoy en día las clases de Zumba son las más populares entre el público femenino para hacer ejercicio acá en Estados Unidos. Bueno, eso sin tener en cuenta el pole dancing, donde las mujeres que se creen las más lindas del gimnasio hacen contorsiones alrededor de una barra vertical, igual que en los sitios de striptease. Eso les parece mucha gracia.

La Zumba original fue una mezcla de ritmos latinos, salsa, cumbia, reggaeton y merengue para hacer aeróbicos bailando. Este invento lo inició un instructor de gimnasio, el caleño Alberto “Beto” Pérez, quien se asoció con dos otros  colombianos  en Miami, Alberto Perlman y Alberto Aghion. Patentaron la marca Zumba y organizaron el negocio, que consiste en certificar instructores en todo el país dándoles la franquicia, producir la música original, armar las coreografías y vender productos relacionados como los DVD´s, CD´s con la música oficial, ropa, botellas de agua, pulseras, carteras, llaveros, todo ello con el sobreprecio de la marca Zumba.  El negocio está tan bien organizado que en el website www.zumba.com no sólo se venden todos estos accesorios, sino que también se pueden buscar las clases más cercanas a uno, los horarios y profesores. El sitio está impecable mantenido y actualizado.

Sin embargo, siendo este un negocio gringo, ha tenido que adaptarse al mercado local y en el camino es poco lo que queda de la idea original. Como las gringas no hablan español y nunca lo hablarán, las canciones son prefabricadas para la clase, en inglés, intercalando una que otra palabra en español como “arriba” o “muévelo”. La música es sincopada y toda suena igual, mas bulla que música. Cada canción tiene su propia coreografía y  los instructores no pueden cambiarla.

Como los gringos sólo saben bailar de arriba para abajo saltando, no como los latinos que bailamos de un lado al otro, la zumba se ha vuelto una clase de brincos, casi idéntica a los aérobicos que hacíamos en los setenta, en trusa y mallas y tenis Ked´s. Corra para un lado, corra para el otro, levante la rodilla, salte, dos veces para acá, una para allá, agáchese, empínese, las alumnas viendo un chispero y la profesora gritando “¡this is fun!”, mientras la música es atronadora y el aire acondicionado a todo taco porque eso si, se suda mucho.

Volviendo a las volteretas, se han incorporado algunos movimientos tipo Shakira como los brazos en el “Waka waka” o las caderas como en “Ojos Así”. Pero las pobres gringas no pueden mover las caderas, ni los hombros. Por eso lo primero que advierten los profesores al principio de la clase es que aquí estamos para divertirnos y que no les de vergüenza moverse como puedan, nadie las está mirando ni juzgando, lo que es cierto. Uno anda en la clase tan perdido que ni puede verse a uno mismo en el espejo del estudio.

Bueno, como colombiana me gusta bailar y entré a clase de Zumba. Al principio todo era novedad, iba a clase  tres veces por semana. Pero, quizá por la edad, y más probablemente por un problema que tengo en la columna, no podía brincar. El entusiasmo inicial se fue desvaneciendo en la medida que me empezó a crecer nuevamente un juanete que desde hacía años lo tenía dominado haciendo yoga. Volvieron los dolores causados por un antiguo esguince. El dolor de espalda se volvió insoportable. Me di cuenta que la Zumba no era para mi.

Puede que la Zumba no sea para viejitas como yo. Pero me quito el sombrero ante el ingenio de estos tres colombianos, los Albertos, que construyeron un negocio de la nada, aunque en el camino la idea original de bailar música latina fue reemplazada por una música asexuada, ruidosa, agringada, sin gracia y básicamente insoportable, con coreografías que me recuerdan las viejas clases de aeróbicos que tomaba en Medellín en el gimnasio El Molino, barrio Laureles, Medellín, años setentas.

El próximo paso debería ser patentar el lapdance, aquellos movimientos que hace las estriptiseras en el regazo del cliente, sin tocarla, porque el pole dancing en el gimnasio, ya está inventado y está causando furor entre las chicas que van exclusivamente a conseguir marido.