Con la comida no se juega

12 de enero del 2016

Una buena alimentación no es sinónimo de dieta.

Con la comida no se juega

Especial Colsanitas para Kién&ke

“Yo no como pan porque me engorda”, “lo verde es para el ganado”, “los que toman leche son los terneros”, “las frutas me dan más hambre”, son frases que se escuchan todos los días y que demuestran que los hábitos de alimentación tienen un carácter fuertemente cultural.

Lo que mucha gente aún no tiene claro es que alimentarse implica mucho más que consumir alimentos para saciar el hambre; significa obtener los nutrientes en las cantidades adecuadas para el óptimo funcionamiento del organismo.

La infancia es una época clave en la fijación de patrones de comportamiento, ya que los hábitos de alimentación se adquieren en el hogar y van a determinar la dieta del adulto. Es en los primeros años cuando la persona aprende a asociar la comida con sentimientos de felicidad, culpa o empieza a verla como un medio de gratificación personal o de castigo.

El principal objetivo de una alimentación sana o inteligente es que la persona mantenga el equilibrio en todo el organismo para que esto redunde en beneficios físicos y mentales. Una buena alimentación no es sinónimo de dieta; por lo tanto no se debe manejar por gramos o calorías ni debe generar estrés.

El primer paso para aprender a comer bien consiste en hacer una selección adecuada de los alimentos, tanto en calidad como en cantidad. En esto hay que fijarse que la dieta incluya alimentos de todos los grupos nutricionales y que se consuman en las proporciones indicadas para la edad, el peso corporal, la contextura y la actividad física.

Ten Alimentos

Los complementos necesitan fórmula

Cuando la persona no logra cubrir los requerimientos nutricionales con los alimentos que consume a diario, bien sea porque no come lo suficiente o tiene una pérdida de nutrientes por alguna enfermedad, la primera opción es hacer los ajustes necesarios en cuanto a cantidad, calidad, frecuencia y calorías que permitan alcanzar las metas nutricionales. Si aún después persiste el déficit nutricional, hay que contemplar la posibilidad de complementar la alimentación con productos nutricionales, para lo cual es indispensable que -aunque sean de venta libre- la prescripción sea hecha por un nutricionista para seleccionar el complemento adecuado de acuerdo con las necesidades de nutrientes específicas teniendo en cuenta la edad, el género, la enfermedad o el estado fisiológico. La asesoría profesional evita el riesgo de hacer una elección errada que pueda conllevar a que se presenten dos situaciones: por un lado, que el complemento no aporte los nutrientes específicos que faltan, y por el otro, que suministre elementos que están contraindicados; ambos casos pueden generar efectos indeseables en la salud y el bienestar de la persona. Para no llegar a requerir ese tipo de ayudas extras y tampoco correr riesgos innecesarios, es mejor acostumbrarse a comer de todo un poco y en la justa medida.

Bocados saludables

Otros aspectos que no se pueden pasar por alto a la hora de escoger el menú son:

– Las preparaciones deben ser deliciosas.
– Después de comer, no debe persistir la sensación de hambre.
– En la variedad está el placer de comer. Todos los días hay que variar los alimentos.
– No hay alimento malo, solo está mal preparado o mal combinado.
– La comida no debe servir para calmar la ansiedad, para celebrar o para mitigar la tristeza.

Grupos de alimentos

– Cereales, tubérculos, raíces y plátanos: este grupo incluye pan, arroz, pasta, cebada, maíz, papa, plátano, yuca, arracacha, entre otros. Se ubican en el primer lugar porque constituye la base de la alimentación de la población colombiana y aportan cerca de la mitad de las calorías diarias recomendadas.
– Hortalizas y verduras: aportan fibra, vitaminas y minerales.
– Frutas: son buena fuente de agua, fibra, vitaminas y minerales. Se recomienda consumirlas enteras, pues al elaborar los jugos se elimina la fibra y se adiciona azúcar.
– Carnes, huevos y leguminosas (fríjol, lenteja, garbanzo, arveja verde seca y habas): este grupo se caracteriza por su aporte de proteínas y hierro.
– Lácteos: su importancia radica en el suministro de calcio.
– Grasas: son necesarias en poca cantidad, excepto en la infancia cuando son indispensables para el crecimiento y el desarrollo. Hay que evitar el consumo de las de origen animal.
– Azúcares: aportan energía rápida al organismo, pero hay que moderar su consumo.

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