Los biomarcadores, la esperanza para prevenir el Alzheimer

Los biomarcadores, la esperanza para prevenir el Alzheimer

3 de julio del 2018

El Alzheimer nos preocupa a todos. Se calcula que entre 2015 y 2050 el número de personas con demencia en países de América Latina crecerá cuatro veces luego de haber experimentado ya un crecimiento del 7,1% en la actualidad. Es una enfermedad que afecta principalmente a personas mayores de 65 años y por ahora no tiene una cura. Ataca la memoria, el pensamiento, la capacidad de razonamiento y la de realizar las tareas diarias más elementales en su fase avanzada. También afecta la capacidad para prestar atención, resolver problemas o tomar las decisiones acertadas. Se trata de un conjunto de capacidades esenciales para la vida diaria cuyo deterioro no se puede revertir.

Hay factores de riesgo como el sedentarismo, el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad, diabetes, depresión y baja educación formal, pero hay maneras de trabajar por su prevención, algunas dependen de la ciencia y otras de la voluntad de uno mismo respecto a sus hábitos.

Biomarcadores y formas de prevención

Una de las esperanzas de empezar a hacer frente a esta enfermedad está en el hecho de que descubrieron biomarcadores que permitirían detectarla hasta 20 años antes de que se manifieste. Según los neurólogos expertos, el gran problema con el Alzheimer es que la enfermedad neurodegenerativa, causada por la destrucción progresiva de las neuronas cerebrales, comienza hasta dos décadas antes de que aparezcan los síntomas, generalmente en los 60 años. Estos biomarcadores, que se pueden detectar años antes de que comiencen los síntomas, ofrecen una oportunidad de introducir tratamientos durante estos años antes de que los síntomas aparezcan para posponerlos o evitarlos y prevenir la demencia.

Hay más cosas que se pueden hacer para prevenir el deterioro cognitivo, el causal de la demencia, estas ya más relacionadas con las propias decisiones que el individuo toma a la hora de vivir su vida. Repasemos algunas de ellas:

Vigilar nuestra salud cardiaca y sus indicadores. La presión arterial elevada, el colesterol alto, la diabetes, la obesidad y el sedentarismo son los factores de riesgo vascular y generan daños en las arterias aumentando el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular o un infarto cardíaco, e incrementando también el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo.

Nuestro estilo de vida alimenticio también afecta. Numerosos estudios demostraron los beneficios de seguir una dieta rica en cereales, frutas, pescados, legumbres y verduras, huyendo del exceso de grasas saturadas, azúcar o sal.

La vida social también influye, las actividades grupales implican interacción con otras personas, intercambio de ideas y conceptos, oportunidad de ejercitar el lenguaje, adaptación, empatía; también aumentan la reserva cerebral y ayudan a reducir el riesgo de depresión. Dentro del estilo de vida debemos incluir el ejercicio físico, que repercute favorablemente en nuestra salud general, genera bienestar y es una excelente oportunidad para compartir actividades con amigos y familiares.

Mantener al cerebro en forma también es muy recomendable. Se puede hacer a través de nuevas actividades que impliquen un aprendizaje como un idioma o un nuevo hobby. El cerebro puede construir nuevas redes y conexiones, lo que ayuda a contrarrestar los síntomas producidos por la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.