En la era de Internet, el hambre aumenta en Colombia y en el mundo

En la era de Internet, el hambre aumenta en Colombia y en el mundo

19 de septiembre del 2018

Vivimos en un mundo distraído con la tecnología. El Internet y las redes sociales nos han cambiado. Muchas veces se mira hacia otro lado ignorando los problema que, lejos de menguar, siguen aumentando en esta modernidad del siglo XXI. Uno de ellos es el del hambre en el planeta. No somos ajenos en Colombia y el agravante de que afecta a los dos extremos de la malnutrición: la desnutrición y la obesidad derivada de malos hábitos y alimentos de escasa calidad.

Las tasas de sobrepeso, obesidad y desnutrición en 200 países entre 1975 y 2016 arrojaron preocupantes resultados. El estudio de la OMS analizó los datos de 130 millones de personas mayores de cinco años. De los cuales 31,5 millones están en edades entre los 5 y los 19 años, y 97,4 millones tienen más de 20 años. Luego de analizar los índices de masa corporal, los investigadores llegaron a la preocupante conclusión de que 124 millones de niños y jóvenes en el mundo tienen sobrepeso y 192 millones están desnutridos.

En los últimos cuatro decenios las tasas de obesidad en la población infantil y adolescente se han disparado en el planeta. Además continúan haciéndolo en los países de ingresos medianos y bajos. En la última estadística de 2017, un total de 821 millones de personas padecen hambre en el mundo y más de 150 millones de niños sufren retraso del crecimiento.

El hambre ha aumentado en los últimos tres años, volviendo a los niveles de hace una década. América del Sur y la mayoría de las regiones de África son las zonas más afectadas. Mientras que la tendencia decreciente de la subalimentación que caracterizaba a Asia parece haber menguado.

Según la información que se desprende del informe anual de la ONU la variabilidad climática también afecta. Por ejemplo los patrones de lluvia, las temporadas agrícolas y los fenómenos meteorológicos extremos como sequías e inundaciones, son factores determinantes junto con los conflictos y las crisis económicas. La contaminación de ríos y mares, la tala indiscriminada y la sobrepoblación en regiones demasiado pobres empeoran las cifras.

Los cambios en el clima ya están socavando la producción de algunos cultivos principales como el trigo, arroz y maíz en las regiones tropicales y templadas. El informe indica que la prevalencia y el número de personas subalimentadas tienden a ser más elevados en países muy expuestos a fenómenos climáticos extremos.

Según el informe se ha avanzado poco en la reducción del retraso del crecimiento infantil. Con casi 151 millones de niños menores de cinco años demasiado bajos para su edad debido a la malnutrición en 2017, en comparación con 165 millones en 2012. África y Asia contaban con el 39 y el 55 por ciento de todos los niños con retraso del crecimiento, respectivamente. La desnutrición aguda infantil sigue siendo extremadamente alta en Asia, donde casi uno de cada 10 niños menores de cinco años tiene bajo peso para su estatura, en comparación con solo uno de cada 100 en América Latina y el Caribe.

Un fenómeno curioso es también la convivencia de la subalimentación y la obesidad en muchos países e incluso dentro del mismo hogar. La falta de acceso a alimentos nutritivos debido a su mayor costo, el estrés de vivir con inseguridad alimentaria, el mal comer y las adaptaciones fisiológicas a la privación de alimentos. Estos ayudan a explicar por qué las familias con inseguridad alimentaria pueden tener un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad.

En Colombia

Nuestro país, desafortunadamente, no difiere mucho de la tendencia mundial. Más de la mitad de los adultos colombianos entre 18 y 64 años (56 %) tiene sobrepeso u obesidad. La desnutrición crónica en la primera infancia (cero a cuatro años) se ubicó en el 10 %. Y más de la mitad de los hogares no tienen acceso suficiente, adecuado y de calidad a los alimentos necesarios para una vida saludable. Así lo aseguran los datos en la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin) del 2015.

La desnutrición aguda moderada y severa afecta más a lugares como Vaupés, Arauca, Meta, Casanare, Cauca y Tolima. En cambio es menor el porcentaje en San Andrés, Barranquilla y Cartagena. Estos datos se basan en el histórico 2016-2018.

En el presente año, el Instituto Nacional de Salud (INS) reporta que investiga un total de 149 casos de muertes probables por y asociadas a desnutrición en menores de 5 años en todo el país. Eso significa un incremento con relación al 2017, con 122 casos en la misma fecha. Del mismo modo, la Secretaría de Salud presentó un informe sobre el 2017 y registró un aumento de 7.000 casos con respecto a 2016.

La obesidad está matando a más personas que el narcotráfico, el crimen, la violencia y los conflictos en nuestra región. Si la tendencia actual no varía, toda una generación de niños y adolescentes crecerá con la carga de la obesidad. Además tendrá un riesgo más elevado de sufrir varias enfermedades como por ejemplo la diabetes.

Si no se hacen esfuerzos para modificar los factores que aumentan el riesgo de obesidad en niños y jóvenes, como reducir el consumo de alimentos muy elaborados baratos, con alto contenido calórico y bajo valor nutricional, no hay nada que hacer. También se debe aconsejar a los niños dedicar menos tiempo de ocio a actividades sedentarias y que incluyen el uso de pantallas.

La obesidad preocupa mucho en los países de América Latina y el Caribe. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) asegura que el sobrepeso, la obesidad y el hambre constituyen un “problema desbocado” en la región. Las enfermedades asociadas a esta situación, como la hipertensión y la diabetes, se han convertido en la principal causa de muerte.

Seguir en la lucha

La lucha contra el hambre no debe cesar. Después de nueve años de mejoras para superar el hambre en América Latina y el Caribe, el número de quienes la padecen aumentó 2,5 millones en el 2016. Alcanzó los 42,5 millones, el 6,4 % de la población latinoamericana, según la FAO. En Colombia, durante el trabajo de campo realizado entre noviembre de 2015 y diciembre de 2016 se entrevistaron 151.343 personas de 44.202 hogares en 295 municipios.

Los resultados más relevantes de la encuesta se presentan según algunas de las condiciones socioeconómicas de los hogares y de las diferentes etapas de la vida. Por ejemplo, la situación nutricional de un niño y su sobrevivencia hasta los cinco años dependen directamente de sus prácticas de alimentación. La desnutrición crónica, que mide el retraso en la talla para la edad, disminuyó de 13,2 % en 2010 a 10,8 % en 2015.

Nuestro país continúa dentro de la meta de 5 % establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre desnutrición aguda o indicador de peso para la talla. La desnutrición global, que marca el peso para la edad, afecta a 3,7 % de los menores del país. Similar a la tendencia mundial, el exceso de peso subió de 4,9 % en 2010 a 6,3 % en 2015. Sin embargo, es más baja la situación con respecto a Centroamérica (7,4 %) y a Suramérica (7,0 %).

El 41 % de niños de seis a 23 meses de edad amamantados y no amamantados tienen una dieta mínima aceptable, que contempla frecuencia y variedad de alimentos mínimos. La edad escolar es una fase crucial durante la cual los menores experimentan un crecimiento continuo, consolidan sus gustos y hábitos alimenticios y se empiezan a adaptar a la alimentación de adulto.

Siete de cada 100 menores en edad escolar presentan desnutrición crónica. En los indígenas la cifra es de 30 de cada 100 menores, mientras que esta situación se extiende a 11 de cada 100 niños de los hogares más pobres de la República. Es el gran problema que entre todos debemos afrontar, que unos comen muy mal y son obesos, y otros comen deficientemente mal y son desnutridos. Dos extremos que deben mover todas nuestras conciencias.