La depresión, más que tristeza

18 de noviembre del 2015

El 16 por ciento de la población padece alguna enfermedad mental.

La depresión, más que tristeza

Colsanitas, especial para KienyKe.com

Con la asesoría del doctor Jorge Téllez, médico psiquiatra adscrito a Colsanitas

A pesar del incremento de personas diagnosticadas con depresión y del uso de tratamientos que incluyen los antidepresivos, es probable que muchos individuos con depresión permanezcan sin ser diagnosticados.

En este momento cursa en el Congreso de la República un proyecto de ley cuyo objetivo es que las enfermedades mentales, como la depresión, reciban una atención prioritaria dentro del sistema de salud, porque de acuerdo con los estudios estadísticos en Colombia, el 16 por ciento de la población padece alguna enfermedad mental, y la depresión es la más común de todas. La enfermedad depresiva afecta a millones de personas en todo el mundo y está catalogada como la gran epidemia de las sociedades modernas.

La depresión es un síndrome que se caracteriza por una tristeza profunda y la inhibición de casi todas las funciones psíquicas, que da lugar a una serie de síntomas físicos, psicológicos, de conducta, intelectuales y sociales.

La depresión es mucho más que sentirse triste, desilusionado o estresado. Es una condición generalizada de baja de autoestima, que hace sentir a la persona sin ningún valor, y menoscaba el pensamiento, la actividad y las funciones normales. Su sintomatología es tan variada, que no es raro que se salga del campo de la psiquiatría para entrar, con mucha frecuencia, en otros terrenos médicos.

La enfermedad muestra diferentes manifestaciones de acuerdo con las circunstancias y la personalidad del enfermo. A menudo lo que se llama comúnmente depresión no lo es desde el punto de vista médico. Popularmente se llama depresión a la tristeza justificada que acompaña al proceso del duelo originado por circunstancias como la pérdida de un ser querido, una quiebra económica o un divorcio, pero la depresión como enfermedad es diferente. Es esa tristeza sin razón aparente que llega de un momento a otro para instalarse en lo más profundo del ser y consumir a la persona por completo. Con frecuencia en la tristeza de la persona depresiva no existe un motivo; esa es la gran diferencia.

Si bien la frustración, el mal humor o la melancolía son sentimientos negativos que surgen como una reacción ante una circunstancia negativa, no significa estar deprimido. La verdadera enfermedad es un estado de miedo, de desesperanza, de angustia y tristeza infinita, y el sufrimiento que produce puede ser tan profundo que muchas veces la persona solo encuentra salida en el suicidio. Hay personas que son pesimistas, que tienen el ánimo opaco y que siempre piensan de forma negativa por factores hereditarios y ambientales, pero no padecen una depresión. Del mismo modo, hay quienes pueden reírse todo el día, ser optimistas y extrovertidos, y en algún momento caer en depresión.

Al hablar de este trastorno no se puede abordar como una enfermedad predecible y claramente identificable, ya que se trata de una patología que puede manifestarse de muchas formas, pues afecta a lo más profundo del ser humano y cada quien es un modelo irrepetible que expresa lo que le sucede de formas insospechadas. Quizá lo común en todos los casos es que el proceso depresivo tiende a autoalimentarse: el enfermo se aísla, se encierra en sí mismo, sus ideas son pesimistas, la gente le dice que “busca lo negativo en todo”, se llena de culpa, sus relaciones se tornan conflictivas, sufre por el pasado y no vislumbra el futuro. Si la evolución del trastorno no se detiene, suelen aparecer la desesperanza y brotar las tendencias suicidas; la vida deja de tener sentido y ya no representa un valor, sino una carga insoportable. Hoy en día, se considera a la desesperanza como el verdadero predictor del suicidio.

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El médico psiquiatra no es el ‘coco’

Pese a una mayor incidencia de la enfermedad en los tiempos modernos, este trastorno ha existido desde siempre. Gracias a los estudios científicos hoy se conocen mejor las áreas del cerebro que se alteran, los neurotransmisores y hormonas involucradas y la manera de tratar la enfermedad.

La depresión es de 1.5 a 2.5 veces más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse en niños, pero lo usual es que aparezca en la juventud temprana, sobre todo en la segunda década de vida. La depresión es un trastorno neurobiológico ocasionado por alteraciones en los neurotransmisores y mensajeros cerebrales, que ocasionan desconexión de la redes neuronales, desequilibrio que no siempre obedece a factores del mundo exterior sino que tiene un origen biológico, bioquímico o, incluso, hereditario. Los graves traumas de la vida, las frustraciones y las pérdidas afectivas, son detonantes del trastorno, pero no la causa real de la depresión.

La depresión está estrechamente relacionada con una declinación en la salud física, que puede ser tan intensa como la de un enfermo crónico y suele semejarse a condiciones como la artritis, el asma, la diabetes o los problemas cardiacos.

La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave como para provocar deterioro laboral o de las actividades sociales o de las relaciones con los demás. Los costos económicos tangibles incluyen incapacidades laborales, pérdida de productividad, reducción de los ingresos, incremento en los costos de cuidado de la salud y mayor dependencia de servicios sociales. Y, obviamente, el costo mayor es la pérdida de los años productivos de la persona que se suicida.

Es importante precisar que rara vez la depresión puede conducir a actos de violencia contra los demás. Sin embargo, el suicidio es responsable de casi el uno por ciento de todas las muertes, y casi las dos terceras partes de los suicidios ocurren en personas con una historia de depresión. Tener depresión, de cualquier grado (leve, moderada o severa), incrementa cuatro veces el riesgo de suicidio.

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El reto que se le presenta a los médicos en sus consultorios es saber diferenciar entre los pacientes que tienen altibajos emocionales y que no desbordan las barreras de lo clínicamente normal y aquellas personas que padecen depresión y que requieren de un tratamiento adecuado, para disminuir su sufrimiento, permitirles recuperar su calidad de vida y limitar el riesgo de sufrir graves consecuencias.

La clave del diagnóstico está en la entrevista entre médico y paciente. Escuchar y preguntar son dos herramientas esenciales de la exploración clínica. Después vienen los tests, los cuestionarios psicológicos, las escalas de evaluación de conducta, el análisis de otros síntomas, el grado de deterioro funcional y social y, por supuesto, los informes que el paciente describe sobre sí mismo y su historia vista desde su perspectiva.

El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas, restaurar el desempeño de las funciones y evitar la reaparición de la enfermedad después de la convalecencia. La evolución del trastorno, con el tratamiento adecuado, es buena. Los antidepresivos y los estabilizadores del ánimo tardan un par de semanas en mostrar los efectos y está demostrado que no generan dependencia. Eso sí, hay que usar la dosis indicada y por el tiempo que determine el médico, pues no es lo mismo una depresión leve, moderada o severa.

A la par con la medicación los pacientes necesitan psicoterapia para que puedan afrontar el estrés, superar las pérdidas del pasado e instalarse en el presente y así, recobrar las ganas de vivir para no volver a caer en un episodio similar.

La depresión es un trastorno que tiende a reaparecer, pero el tratamiento adecuado, regular y sostenido cambia totalmente el curso de la enfermedad. En un estudio mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre trastornos mentales, alrededor de la mitad de pacientes con depresión todavía estaban deprimidos un año más tarde, y por lo menos el 10 por ciento tuvo depresión persistente o crónica. Como mínimo, el 50 por ciento de las personas tendrán por lo menos un episodio más después de su primer episodio de depresión mayor.

Asimismo, la depresión de aparición temprana (20 años de edad o menores) y la que ocurre a edad avanzada tiene un riesgo significativamente mayor de que repita. Por eso, es importante hacer el diagnóstico correcto y tratar el primer episodio de la forma indicada y por el tiempo necesario. Es posible que la evolución de la depresión suela ser difícil de prever, pero el tratamiento adecuado devuelve la esperanza y suministra las herramientas necesarias para superar las adversidades y los fracasos, disfrutar el presente y mirar con optimismo el mañana.

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Síntomas

De acuerdo con la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-IV) los síntomas frecuentes en personas que padecen Trastorno Depresivo Mayor (TDM) son:

– Afecto deprimido según lo indicado por reporte subjetivo (por ejemplo se siente triste o vacío) u observación hecha por otros (por ejemplo luce lloroso).
– Interés marcadamente disminuido.
– Pérdida de peso significativa sin hacer dieta, o aumento de peso o disminución o incremento en el apetito.
– Insomnio o sueño excesivo.
– Lentitud mental y física o inquietud.
– Fatiga o pérdida de energía.
– Sentimientos de minusvalía o culpabilidad excesiva o inapropiada.
– Habilidad disminuida para pensar o concentrarse, o indecisión.
– Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor de morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan específico o un intento de suicidio, o un plan específico para cometer suicidio.

Para identificar el TDM la persona debe tener por lo menos cinco de los nueve síntomas nombrados, durante, por lo menos, dos semanas y deben incluir afecto deprimido o una pérdida de interés o de sentir placer.

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