Los niños también sufren diabetes tipo 2

Los niños también sufren diabetes tipo 2

6 de noviembre del 2015

Una nota de Sanitas para KienyKe

Compartir la mesa en familia es un hábito saludable que no debe dejarse de lado, por más ocupaciones diarias que se tengan. Planificar y preparar comidas junto con los hijos es una forma divertida de inculcar hábitos sanos para prevenir enfermedades graves como la diabetes.

Pareciera que ciertas situaciones relacionadas con el medio ambiente y la vida moderna están haciendo que algunas patologías que se consideraban únicamente “patrimonio” de los adultos ahora también afecten a los niños y a los adolescentes. Este artículo hace referencia específicamente a una de ellas: la diabetes tipo 2.

Existen cuatro clases principales de diabetes: la tipo 1 o autoinmune, la tipo2 o por resistencia a la insulina y la diabetes gestacional que afecta a algunas mujeres embarazadas, y un cuarto tipo que agrupa todas las diabetes secundarias a enfermedades o tratamientos farmacológicos.

La diabetes tipo 1 es una enfermedad en la que el propio organismo genera anticuerpos contra las células de páncreas (células B) que producen insulina y, por tanto, no se puede metabolizar el azúcar en la sangre. Este tipo de diabetes se llamaba hace unos años diabetes juvenil porque se detectaba en la primera o segunda década de vida.

La diabetes tipo2 se conocía como diabetes del adulto por la edad a la que aparecía y su asociación con los hábitos de vida. Lo que la produce es la resistencia a la insulina. Eso quiere decir que aunque el cuerpo produce esa hormona, los tejidos no responden adecuadamente a su acción. Pero el incremento notorio de la población infantil y de adolescentes con diabetes tipo 2 en los últimos años ha comenzado a desdibujar esa diferenciación.

Las principales complicaciones de la diabetes tipo 2 son ceguera, mal funcionamiento de los riñones, del corazón y de los nervios que hacen que exista sensibilidad en la piel y que pueden llevar a amputaciones, hipertensión arterial e infartos.

Si la diabetes tipo 2 se ha considerado una enfermedad crónica de gran importancia en todo el mundo por su severidad, variedad de complicaciones e impacto económico para la persona y los sistemas de salud, el panorama es mucho más complejo y difícil cuando afecta a los niños.

Siendo una enfermedad que solo recientemente ha penetrado en esta franja de edad, el arsenal terapéutico es muy limitado y lo que más preocupa es el impacto a mediano y largo plazo por la aparición de complicaciones de una condición que se está manifestando cada vez más temprano.

Como es de imaginar, si estas enfermedades secundarias a la diabetes se presentaran en personas cada vez más jóvenes, a veces mucho antes de iniciar la vida productiva, se convierten, además, en una carga enorme para la sociedad y los sistemas de salud.

A correr, saltar y brincar

Este tipo de diabetes está relacionado necesariamente con la obesidad. Para los expertos la epidemia no es más que consecuencia de los cambios del estilo de vida. Las sociedades modernas caracterizadas por el sedentarismo, la urbanización acelerada, el aumento de la ingestión de calorías y el estrés, ya han alterado la dinámica saludable que se vivía en la infancia.

Según el resultado más reciente del informe de la encuesta nutricional en Estados Unidos la frecuencia de sobrepeso y obesidad en niños entre 2 y 19 años ha aumentado cerca a un 50 por ciento en la última década.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de la Situación del Estado Nutricional de Colombia publicados en 2010 (ENSIN 2010), uno de cada dos colombianos presenta exceso de peso. Las cifras de exceso de peso aumentaron en los últimos cinco años en 5,3 puntos porcentuales. En niños de 5 a 17 años, la prevalencia de sobrepeso u obesidad ha aumentado un 25,9 por ciento en el último quinquenio. Uno de cada seis niños y adolescentes presenta sobrepeso u obesidad.

Estas cifras son reflejo de los cambios en los hábitos dietarios, en los que los alimentos con alta carga calórica están a la orden del día (bebidas azucaradas, salsas, comidas rápidas, dulces y grasas procesadas industrialmente) y también de la disminución en la actividad física. En Colombia, el 62 por ciento de los niños y adolescentes pasa sentado frente al televisor o algún videojuego dos horas o más al día.

A lo anterior hay que sumar que un factor que podría influir en que los niños tengan sobrepeso u obesidad es una percepción materna alterada del peso de los niños más pequeños. Según un estudio científico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, publicado en la revista Archives of Pediatric and Adolescent Medicine, en mayo de 2012, el 87 por ciento de las madres que tienen niños entre los 12 y 32 meses de edad con sobrepeso, fueron menos capaces de percibir con precisión el tamaño del cuerpo de sus niños. De este grupo de madres, el 81 por ciento consideró “normal” el sobrepeso de su hijo. Esto es todavía más acentuado en países como Colombia, donde se percibe que los niños con sobrepeso son más saludables, están mejor alimentados y cuentan con un desarrollo más rápido que los niños con peso bajo o normal. Estos conceptos conducen a la sobrealimentación y a los persistentes problemas de peso desde la infancia hasta la vida adulta.

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¡Todos a la mesa!

Es aquí donde el refrán “es mejor prevenir que curar” tiene una importancia enorme. El gran secreto está en el equilibrio; es necesario promover una alimentación balanceada que incluya todos los grupos de alimentos, así como la práctica regular de actividad física.

Ya está demostrado que la familia puede ejercer una gran influencia en el desarrollo de hábitos alimenticios desde los primeros años de vida, además de fortalecer la identidad y los vínculos familiares a través de la transmisión de una serie de patrones de conducta. De ahí que una de las principales recomendaciones es abrir un espacio para compartir en familia, ya sea el desayuno, el almuerzo o la comida. Actividades tan sencillas como sentarse a la mesa con los hijos, aparte de afianzar la comunicación con los hijos, permite crear buenos modales, da la oportunidad para que los padres conozcan los gustos y preferencias de los hijos, para que el niño participe activamente escogiendo su propia alimentación, y hasta puede prevenir trastornos alimenticios o adicciones que pueden afectar en la adolescencia si no se tienen buenas bases. Además, la comida en familia es una buena oportunidad para promover un mayor consumo de frutas, verduras, cereales, proteínas y productos ricos en calcio, y un menor consumo de alimentos con bajo aporte nutricional, pero con alto valor calórico.

La Guía de Alimentación Americana 2010 indica que las necesidades estimadas para los niños varían según edad, género, talla y nivel de actividad física que realizan. Hay que tener en cuenta que los niños están en la etapa de crecimiento y desarrollo. Por lo que para determinar la dieta adecuada de cada niño se deben tomar en cuenta factores como la edad, sexo, estado de salud, el tipo de actividad física que efectúa y la jornada escolar.

Por eso, la actividad física ha sido una excelente herramienta no farmacológica para disminuir patologías que son cada vez más comunes en los niños, como sobrepeso, obesidad y la diabetes tipo 2. La recomendación adoptada por la Organización Mundial de la Salud, OMS, es que los niños y adolescentes sanos de 5 a 17 años realicen un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa. De este tiempo su mayor parte debe estar dirigida a actividad física aeróbica como caminar, correr o andar en bicicleta.

Pero cuando se trata de mejorar los hábitos de los hijos, nada cuenta más que el ejemplo, pues los niños aprenden por imitación. Cuando los padres son un modelo a seguir, seguramente los hijos estarán libres de enfermedades como la diabetes y de muchos más problemas.