¿Qué pasa con la ingestión involuntaria del microplástico?

¿Qué pasa con la ingestión involuntaria del microplástico?

30 de noviembre del 2018

Estamos ante un grave problema potencial. Las partículas de diferentes tipos de plásticos, los microplásticos, ya han llegado al intestino humano, lo cual en palabras simples y llanas no deja de ser un veneno. Según un estudio piloto, estas partículas están presentes en las heces de personas de varios países, que contenían restos de una decena de plásticos.

Así lo revelaron las muestras de heces de personas de países tan distantes y distintos como Reino Unido, Italia, Rusia o Japón. En todas ellas se encontraron restos de partículas de policloruro de vinilo (PVC), polipropileno, tereftalato de polietileno (PET) y hasta una decena de plásticos diferentes.

Los autores de la investigación no han demorado en dar la voz de alarma y en destacar la urgencia de determinar el impacto de estos materiales en la salud humana. Se puede decir que estamos comiéndonos literalmente plásticos compuestos de químicos que pueden hacer estragos en nuestra salud y bienestar. A muchos se nos vienen las imágenes de los mares contaminados con millones de plásticos y su mortal incidencia en el ecosistema marino. Ahora gran parte de esa porquería residual se puede estar alojando en nuestro organismo.

La alerta está dada a nivel mundial en el sentido de mentalizar a todo el mundo sobre la necesidad de restringir el uso del plástico. Desde 1960 la producción de plásticos creció casi un 9 % cada año. Solo en 2015 se produjeron 322 millones de toneladas, según datos de la ONU. Buena parte de ese plástico acaba en el medio ambiente, en particular en los mares, se calcula que unos ocho millones de toneladas.

Algunos estudios sobre la incidencia en la salud humana estimaron que los humanos pueden tragarse hasta 37 partículas de plástico al año procedentes de la sal. No parece una gran cantidad y menos si acaba expulsada del cuerpo. Pero también recogen que un consumidor habitual de marisco podría comerse hasta 11.000 partículas en un año. Cada comida diaria podría contener, en promedio, más de 100 diminutas partículas de plástico. Los microplásticos provienen probablemente de telas sintéticas y muebles suaves como los sofás.

Ya en 2016 un informe de Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) hablaba sobre la presencia de microplásticos en la vida marina con un total de 800 especies de moluscos, crustáceos y peces intoxicados. Existe riesgo de ingestión al comer mariscos, bivalvos o peces más pequeños. Y lo que es peor, un estudio de Greenpeace en Asia arrojaba que la mayoría de sal marina de uso doméstico contenía microplásticos.

En general, se estima que una persona puede llegar a ingerir entre 13.731 y 68.415 partículas microplásticas cada año solo por comer en casa. Muy pronto si no se toman medidas para reducción de producción de plástico, reciclar y limpiar ríos y mares, podemos estar ante un cuadro de nuevas enfermedades del organismo humano.

¿Cómo se forman los microplásticos?

Por la acción del agua, los microorganismos y la luz solar, el plástico se va degradando hasta reducirlo a pequeñas partículas de unas pocas micras de longitud. Algunas son más pequeñas que el plancton microscópico y las ballenas las confunden con comida.

Los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada diez gramos de materia fecal. De los diez plásticos buscados, encontraron nueve de ellos. Los más comunes fueron el propileno, básico en los envases de leches y jugos, y el PET, del que están hechas la mayoría de las botellas de plástico. La longitud de las partículas oscilaba entre las 50 y las 500 micras. Y, de media, los investigadores encontraron 20 microplásticos por cada diez gramos de materia fecal. La investigación no pudo determinar el origen de las partículas halladas en las muestras.

Philipp Schwabl, gastroenterólogo y hepatólogo de la Universidad Médica de Viena, principal autor del estudio, señaló que “lo que veníamos sospechando desde hace tiempo, que los plásticos acaban llegando al intestino es real. Aunque en estudios en animales la mayor concentración de plásticos se ha localizado en el intestino, las partículas de microplástico más pequeñas pueden entrar en el torrente sanguíneo, el sistema linfático e incluso alcanzar el hígado”. Las nefastas consecuencias de ello en la salud humana son más que previsibles, si bien la ciencia aún no ha determinado el umbral a partir del cual la ingesta de microplásticos puede ser dañina para los humanos.

La evidencia sugiere que también la contaminación por plástico está presente en los ecosistemas terrestres y de agua dulce al igual que en los océanos.  Algunos de los consejos que se pueden dar para limpiar el aire de microplásticos en el hogar son abrir ventanas frecuentemente, purificar el aire con un humidificador, usar velas de cera de abejas y quitarse los zapatos al entrar a la casa.