Riñones y diabetes

Riñones y diabetes

12 de diciembre del 2015

Especial Sanitas para KienyKe.com

Con la asesoría de la doctora Sandra Castelo, médica internista – nefróloga.

A medida que la diabetes continúa en ascenso y que un número mayor de personas llegan a sufrir enfermedad renal crónica, la educación temprana a los pacientes y las opciones de tratamiento se han vuelto fundamentales.

La función que tienen los riñones es de suma importancia y la forma con que la llevan a cabo no deja de sorprender a cualquiera. Los huesos pueden quebrarse, los músculos pueden atrofiarse, las glándulas pueden alterarse e incluso el cerebro puede hacer una pausa, pero si los riñones fallan, se producen daños en los huesos, los músculos, las glándulas y ningún cerebro podría funcionar.

No es exagerado decir que la composición de todos los fluidos del cuerpo no está determinada por lo que entra a la boca sino por los riñones, ya que son los grandes químicos del laboratorio interno que, por así decirlo, mantienen todo en perfecto equilibrio. Por los riñones pasa la sangre unas 100 veces -más o menos- y los diminutos vasos sanguíneos que contienen van separando a manera de un filtro todos los residuos e impurezas que el cuerpo acumula. Pero en ocasiones ese sistema de filtración comienza a ser defectuoso y sobreviene la enfermedad renal.

¿Cuál es la relación entre diabetes y enfermedad renal?

Durante el metabolismo de los alimentos que se ingieren se generan productos de desecho. En los riñones existen millones de diminutos vasos sanguíneos (capilares), con agujeros incluso más pequeños en su interior que actúan como filtros. Cuando la sangre fluye a través de estos vasos sanguíneos, pequeñas moléculas de los productos de desecho se introducen por los agujeros. Esos productos de desecho pasan a formar parte de la orina. Las sustancias útiles, como las proteínas y los glóbulos rojos, son demasiado grandes para pasar por los agujeros del filtro y, por consiguiente, permanecen en la sangre.

La diabetes afecta la circulación y la microcirculación en el organismo y daña ese sistema. Los niveles altos de glicemia hacen que los riñones filtren demasiada sangre. Todo ese trabajo adicional deteriora esos filtros y después de algunos años, dichos filtros comienzan a agujerearse. Las proteínas valiosas se van con la orina (microalbuminuria). Cuando la enfermedad renal se detecta en la etapa inicial, es decir, en la microalbuminuria, existen varios tratamientos que pueden ayudar a evitar que la enfermedad progrese. Con el paso del tiempo, el estrés producido por el trabajo adicional que realizan los riñones provoca que éstos pierdan aún más su capacidad de filtración. Como consecuencia, los productos de desecho comienzan a acumularse en la sangre. La presencia de grandes cantidades de proteína en la orina se denomina macroalbuminuria y en ese caso ya se habla de enfermedad renal. Lo peor que puede pasar es que los riñones dejen de funcionar del todo porque en ese caso las únicas alternativas para sobrevivir están dadas por una máquina que filtra la sangre (diálisis) o por el trasplante de riñón.

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¿Quiénes padecen enfermedad renal?

No todas las personas que padecen diabetes tienen enfermedad renal. Entre los factores que pueden influir en el desarrollo de la enfermedad renal se encuentran la genética, el control de azúcar en la sangre y la presión arterial. Cuanto mejor sea el control de los índices de glicemia y de la presión arterial, menor es la probabilidad de padecer la enfermedad renal.

¿Existen algunas señales de alarma?

Cuando la diabetes no se trata, los riñones deben hacer un gran esfuerzo para compensar el mal funcionamiento de los vasos capilares y, por consiguiente, esta descompensación no genera ningún síntoma hasta que prácticamente los riñones dejan de funcionar por completo. Además, las diversas manifestaciones de la enfermedad renal no son específicas. Por lo general, el primer síntoma es la acumulación de líquidos, pero puede que haya insomnio, disminución del apetito, dolor de estómago, rasquiña en la piel, debilidad y problemas de concentración. De ahí la importancia de acudir al médico con regularidad para un chequeo general. Es fundamental que las personas con diabetes lleven un control estricto de la presión arterial, de las cifras de glicemia, que se hagan un parcial de orina para detectar proteínas, análisis de sangre para buscar productos de desecho y que el médico examine los demás órganos vitales para detectar posibles complicaciones provocadas por la diabetes.

¿Cómo se previene la enfermedad renal?

Las personas con diabetes pueden evitar que aparezca esta complicación si mantienen las cifras de glicemia dentro de los parámetros ideales. Las investigaciones han demostrado que el control riguroso de la glicemia reduce en un tercio el riesgo de padecer microalbuminuria y, además, en quienes ya sufrían de microalbuminuria, el riesgo de desarrollar macroalbuminuria se redujo a la mitad. Otros estudios sugieren que el control riguroso de la diabetes puede revertir la microalbuminuria.

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¿Cuál es el tratamiento de la enfermedad renal?

Los controles rigurosos de la glicemia en la sangre y la presión arterial constituyen las piezas claves para tratar la enfermedad renal. La presión arterial causa un efecto extraordinario sobre la velocidad con que avanza la enfermedad. Incluso un pequeño aumento de la presión arterial puede provocar que la enfermedad renal empeore rápidamente. Existen cuatro alternativas que han demostrado ser muy eficaces para reducir la presión arterial: perder peso, ingerir menos cantidad de sal, evitar el consumo de alcohol y tabaco, y realizar actividad física con regularidad.

Si esos métodos no dan resultado, existen ciertos medicamentos que contribuyen a reducir la presión arterial. Como existen muchas clases de medicamentos para este fin, hay que aclarar que no todos son aconsejables para las personas con diabetes. Algunos provocan un aumento del nivel de azúcar en la sangre u ocultan algunos de los síntomas causados por un índice bajo de azúcar.

En los casos de macroalbuminuria también es aconsejable llevar una dieta baja en proteínas de origen animal. En apariencia éstas aumentan el gran esfuerzo que deben realizar los riñones para filtrar los desechos de la sangre. Sin embargo, nunca hay que comenzar una dieta baja en proteínas sin consultar con el equipo de profesionales de la salud.
Por último, cuando los riñones dejan de funcionar, es necesario recurrir a la diálisis. El paciente puede decidir si continúa con la máquina o si prefiere un trasplante de riñón. Esta elección debe hacerse en conjunto con la familia y con un equipo formado por el médico, el educador de diabetes, un nefrólogo (médico especialista en riñones), un cirujano especializado en trasplantes de riñón, un trabajador social y un psicólogo.