Sin desayuno, ni pío

Sin desayuno, ni pío

22 de diciembre del 2015

Especial Sanitas para KienyKe.com

Con la asesoría del doctor Fernando Charry, médico pediatra adscrito a Colsanitas

Un buen desayuno garantiza que el niño tenga un óptimo rendimiento físico e intelectual y le ayuda a equilibrar el aporte de nutrientes a lo largo del día.

Desayunar como un rey, almorzar como príncipe y comer como mendigo. Se ajusta adecuadamente a los adultos y jóvenes, pero para los niños sería más apropiado: cenar como condes.

La jornada de un niño comprende diversas actividades: ir al colegio o jardín, estudiar, practicar algún deporte, aprender música o danza y jugar, jugar y jugar. Todas ellas, y más, suponen un gran consumo de energía. Por ello, desayunar es un hábito que no se puede saltar para poder rendir a lo largo del día y tener buen rendimiento académico.

Hacia los seis meses el desayuno, además de nutrir, se convierte en la oportunidad perfecta para socializar y fortalecer los lazos afectivos. Aunque antes del año no se pueda ofrecer gran cantidad de alimentos, es un momento agradable para estar con los padres o adultos. Esa primera comida debe incluir fruta, lácteos, un poco de pan o cereal en las cantidades sugeridas por el pediatra; eso sí, el desayuno siempre debe servirse en el lugar adecuado para ello y en la silla de comer del bebé. De esta forma se empieza a crear buenos hábitos, pero hay que cuidar que sea una rutina agradable para que sea tomada como uno de los momentos deliciosos del día.

Hacia el año y medio o dos años, el biberón matutino que acostumbraba a tomar debe formar ya parte del desayuno como una bebida láctea servida con el resto de alimentos. En ese momento el hijo ya debe estar acostumbrado a sentarse en su propia mesa, junto con el resto de la familia. Eso no garantiza que el hábito se vaya a quedar por el resto de la vida, pero si es una experiencia agradable será más fácil que nunca pase por alto la hora del desayuno.

A medida que el niño crece, también aumentan las exigencias. En la edad preescolar entran en juego cosas tan importantes como los horarios, generalmente muy tempraneros y el tiempo de recogida del transporte. No es inusual, al menos en grandes ciudades, que los niños de esta edad salgan muy de mañana y que deban soportar varias horas de trancones. Si eso es un problema en preescolares, en los escolares es aún peor, pues muchos deben salir a tomar el bus aún de noche, cuando apenas ha comenzado a amanecer y les espera más de una hora en la ruta desde su lugar de residencia hasta el establecimiento educativo.

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Por eso no es extraño que, en muchas ocasiones por la falta de tiempo y los afanes, algunos padres permitan que el niño salga en ayunas para el colegio y que coma algo en el camino o que lo haga cuando llega al plantel. Esa puede ser una buena alternativa siempre y cuando los padres estén al tanto de qué es lo que desayuna su hijo. Aún así y pese a que implique levantarse más temprano, muchos padres logran implantar la rutina de desayunar con el hijo antes de salir y compartir unos minutos en familia.
Lo fundamental es cumplir con los principales objetivos del desayuno durante la infancia: garantizar un crecimiento adecuado, evitar el déficit de los nutrientes necesarios y prevenir enfermedades en la edad adulta.

Cuando es comiendo es…..

Lo ideal sería volver esas madrugadas deliciosas, con buena energía, luego de tener un sueño reparador, lo cual empieza la noche anterior con un buen horario para ir a la cama. En este sentido es importante que los padres acuesten al menor a una hora adecuada para que pueda dormir al menos nueve horas y que de esta manera el despertar sea menos traumático. También hay que cuidar que la última comida no sea tarde (debe ser al menos dos horas antes de la hora de dormir), que sea liviana, fácil de digerir y sin grasas, de tal manera que al día siguiente, cuando el niño se levante, sea necesario y casi inevitable que coma.

La mejor forma de comenzar el día es con una comida energizante, rica y fácil de consumir, pero sobre todo con suficiente tiempo para que sea en calma. El desayuno debe tomar al menos diez minutos en paz; sin carreras, preocupaciones, afanes y sin otras distracciones, como terminar las tareas pendientes, desenredar el cabello, coger la cola de caballo, arreglar el pantalón o la falda, aplicar el filtro solar, arreglar la maleta, repasar para el examen, firmar la agenda, entre otras cosas. Tarea difícil, de eso no hay duda, pues la salida de un escolar muchas veces se traduce en carreras en medio de exclamaciones e incluso pequeñas discusiones, convirtiendo un desayuno pacífico y agradable, como debería ser, en una situación estresante y conflictiva.

La principal recomendación es desayunar bien, sin excesos, como todo en la vida, pero incluir por lo menos un lácteo, dos harinas (si hay apetito) y una proteína, en donde el rey de este grupo de alimentos es el huevo. Vale la pena aclarar que el mito que mantienen algunos adultos con respecto a que el huevo hace daño o que no se puede comer todos los días porque aumenta el colesterol, es falso. Ya hay demasiados estudios científicos que desmienten tal afirmación y, al contrario, comprueban que es un alimento muy completo por la cantidad de aminoácidos que contiene. Si se toma la decisión de no consumirlo a diario debe ser por el deseo de cambiar el menú para variar y no cansar el paladar.

La otra recomendación para empezar bien el día es suministrar frutas como complemento en el desayuno o en las onces, misión que no debe ser imposible si los padres inculcaron buenos hábitos desde los primeros meses de vida. Como todo lo que involucre la educación de los hijos, el éxito depende de que haya reglas claras en el hogar, disciplina, persistencia, paciencia y buen ejemplo para que hábitos alimenticios perduren por el resto de la vida.

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Con las pilas puestas

El niño que desayuna todos los días rinde mucho más y está más sano, pero el desayuno debe ser balanceado e incluir:

* Cereales o harinas: proporcionan la energía o el combustible necesario para desarrollar las actividades diarias y además son fundamentales para tener un crecimiento adecuado. Ingerir cereales favorece la ingesta del calcio que proviene de la leche, al mismo tiempo que aportan vitaminas del complejo B y minerales como hierro. Además, aportan fibra para tener una buena digestión.

* Frutas: son esenciales para iniciar la primera comida del día, ya que son una excelente fuente de vitaminas. Se pueden consumir enteras o en jugos, siempre que sean naturales.

* Proteínas: sin estos alimentos no hay formación de tejidos en el organismo y el niño no puede crecer ni desarrollarse como debe ser. El huevo, la carne, el pollo, el queso, entre otros, no pueden faltar en el menú infantil. Las familias vegetarianas deben asesorarse muy bien para garantizar un buen aporte de proteínas para los niños.

* Los lácteos, como leche o yogures, proporcionan proteínas, azúcar (lactosa) y minerales como el zinc, el magnesio y el calcio, que son de gran importancia en la infancia y a lo largo de la vida, a pesar de que se haya finalizado la etapa del crecimiento.