“Tuve sexo con mi jefe y su esposo estuvo presente”

“Tuve sexo con mi jefe y su esposo estuvo presente”

10 de junio del 2016

En Twitter hay de todo y para todos. En los últimos días una comunidad de sextuiteros (personas que pactan encuentros sexuales vía Twitter) realizó un concurso en el que le pidió a sus integrantes contar la experiencia sexual más loca de sus vidas.

El ganador, elegido por medio de una votación virtual, tendrá un cupo en un paseo swinger en una finca alquilada en la ciudad de Villavicencio.

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Cinco personas contaron su historia. Uno de los más impactantes es el testimonio de un empleado que tuvo sexo con su jefa en el lugar en el que todos los días tenían aburridas reuniones. Lo más curioso del asunto es que fue el esposo de la mujer, quien pidió al empleado tener el encuentro sexual. Solo pidió dos condiciones: No tratarla como una dama y estar presente durante el acto.

Con autorización de los organizadores del evento, publicamos el relato. En las próximas horas se conocerá el ganador.

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*Lorena  siempre  estaba  encima mío  molestándome y buscándome.  Sentía acoso laboral y su actitud era muy coqueta, lo que me incomodaba aún más, ya que su esposo trabajaba en la misma oficina.

Siempre traté de mantener la distancia. Pero en la despedida de fin de año, las cosas se salieron de control. Gustavo, el marido de mi jefa, me invitó un trago.

La conversación inició en cosas puramente corporativas, hasta que llegamos a hablar de ella. Él sabía el acoso que ella me hacía sentir, pareciera que disfrutara con la forma como ella me seducía. Llegó un punto en el que me pidió que le mantuviera un secreto. Acepté.

Luego me dijo: ‘Quiero verte teniendo sexo con mi mujer, pero bajo la promesa de que no la trates como una dama. Sino como la jefe que no te ha dejado en paz un día. Quiero que le des su merecido (sexo fuerte) y quiero estar ahí’.

Confieso que más de una vez había fantaseado con vengarme a punta de sexo por su forma de tratarme. Aunque también me sentía un poco raro imaginando al marido en la habitación.

Nunca me habían observado, nunca imaginé que yo fuera un exhibicionista. Después de un par de tragos  y de fumar un poco, accedí a la propuesta  y nos fuimos para la oficina, que quedaba a pocas cuadras de donde se hizo la reunión. Entramos directo a la sala de juntas, la misma en la que se hacían decenas de reuniones aburridas, que siempre concluíamos con un e-mail.

Ella tenía puesto un vestido corto que le tallaba la cintura. *Lorena, mi jefe, es de baja estatura, muslos tonificados, cintura pequeña y busto operado. Me confesó que su marido las pagó, para disfrutar las miradas indiscretas por la calle.

Sin pensarlo mucho la acosté sobre  la mesa y le rompí las medias veladas, mientras su esposo observaba atento.  Ambos estábamos poseídos por el deseo.  Parecíamos animales llevados por nuestros impulsos.

Las cosas se calentaron. Ella me obligó a bajar a su vagina y apretaba mi cara contra su entrepierna, como si quisiera que la penetrara con mi cara. Nunca una mujer me había obligado a hacerle sexo oral tan fuerte. Me decía que la excitaba la palpitación de mi respiración agitada.

Luego retiró mi cara halándome del pelo y me ordenó, con tono de voz fuerte y una mirada maliciosa firme, que la penetrara hasta que su cuerpo me ordenara que lo dejara de hacer.

Gemía, gritaba duro, sentí que alguien podría estar escuchándonos pero no me importó. Veía como su marido se masturbaba mientras nosotros teníamos sexo.

Él fue el que dio la segunda orden: ‘Quiero que te vengas en su boca’.

Inmediatamente sentí como la mesa de vidrio se humedeció del squirt (líquido de la eyaculación femenina) de esta señora.

*Lorena bañó mis muslos con ese líquido transparente que me demostraba lo bien que la estaba pasando. Me rogaba que parara pero su esposo me gritaba que no, que siguiera, que no se me ocurriera detenerme.

Mi jefe siguió botando squirt y mojo todo el piso de la sala. La jefa me detuvo y me ordenó que me pusiera otro condón, quería tener sexo anal.

Yo seguía obediente, pero había perdido todo el respeto por su autoridad. En ese momento, no era más que una mujer descontrolada por sus instintos. Esta vez, el marido intervino. Terminamos haciendo un trío.

Nunca había experimentado una experiencia tan caliente. Al otro día renuncié porque le perdí todo el respeto. No logré verla de otra manera.

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El concurso fue diseñado y convocado por @churramontoya.