Adicción al celular, una enfermedad moderna

Adicción al celular, una enfermedad moderna

3 de febrero del 2017

Bogotá. 7.30 de la mañana. El bus, como por variar, está repleto. Una chica joven, muy guapa, saca su celular del bolsillo, lo observa y sonríe. Lo vuelve a guardar. Menos de 30 segundos después lo saca otra vez. Lo ve. Sonríe. Lo guarda. Y así todo el camino. Otra persona va deslizando frenéticamente los dedos por sobre la pantalla del teléfono, pasando fotos. Un hombre, absorto, lleva los audífonos puestos.

Por lo menos la mitad de los pasajeros está en lo mismo: concentrados en el celular. Parecen hundidos en su mundo. No existe el exterior. Sólo existe el celular. Y esa es una imagen de todos los días; una imagen  normal. Tan normal que no llama la atención.

Sin embargo, detrás de esa imagen tan común habría un problema serio. Y nadie lo reconoce: El celular podría ser una adicción. Sí: una adicción. Se llama Nomofobia.

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De acuerdo a ScienceDirect, la nomofobia es el miedo irracional e incontrolable a salir de la casa o a estar sin el celular. Todos podríamos ser nomofóbicos. Según dicho portal, se estima que 1 de cada 100 personas en el mundo sería adicta al móvil. Impacta, además, que no hay una edad específica para empezar. Niños desde los 10 años podrían serlo. Personas mayores también. Sin embargo, el foco está en personas entre los 25 y 39 años. Las más proclives a caer en ello son las mujeres, con casi un 65% del total.    

Por otro lado, el Wall Street Journal dice que “revisar mucho el celular hace que uno se asemeje a una rata de laboratorio. Al igual que un roedor que no deja de activar una palanca con la esperanza de recibir una recompensa, cuando uno revisa el teléfono, el cerebro busca un estímulo similar: ¡alguien podría estar hablando de usted en Facebook! ¿No? Refresque. ¡Tal vez Donald Trump volvió a tuitear! Refresque. ¡A lo mejor su foto en Instagram recibió un corazón! Refresque. Refresque. Refresque”.

En otros tiempos, el hecho de que se estuviera viendo el celular durante una reunión, en una cena, con la familia, charlando con los amigos, o simplemente a cada rato, una y otra vez, no estaba bien visto. Ahora pasa tanto que ya no importa. Nos hemos alejado del mundo; del mundo real. Es paradójico, pero entre más nos conectamos a la red, más parecemos estar desconectados de nosotros mismos, de los otros.

adicción al celular

Muchas explicaciones dan los científicos al respecto. En realidad, la nomofomia es parecida a  otras adicciones. Una adicción es “un comportamiento que implica el consumo constante y sin control de drogas, o de otras sustancias, y del que no se puede prescindir porque resulta muy difícil por la dependencia sicológica o fisiológica”. Aunque los teléfonos, las redes sociales, las aplicaciones, los juegos, no sean, como tal una droga o una sustancia, depender de ellos extremadamente sí sería una adicción.

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En esa medida, como la nomofobia es una dependencia, en nuestro cerebro funciona como tal: luego de ser probada por primera vez se activan receptores neuronales que nos obligan a “repetir la dosis”. Eso es un estímulo positivo, por tanto la mente, e incluso el cuerpo, empezaran a exigir mayores cantidades, más seguido, hasta que ya no se pueda controlar.

Y como los efectos de esa adicción casi son imperceptibles en el corto plazo, muchos de los que la padecen no se dan cuenta. Con el tiempo podrían aparecer síntomas físicos asociados al tecleo constante, al uso de los audífonos, o al hecho de estar encorvado, y que se verían reflejados en los ojos, el cuello, los oídos, las manos y en la columna vertebral. Eso en cuanto al cuerpo, porque el cerebro también se afecta.

No menos delicados que los síntomas físicos. Hay secuelas más complicadas asociadas a la abstinencia de uso del celular o la hecho de estar “desconectado”. Ansiedad, temblores, sudor frío, angustia, temor, serían algunos de los más visibles.

Igualmente, como con toda adicción, que es, en sí, una enfermedad, los sicólogos y los científicos recomiendan que debe haber un tratamiento. Dice el Wall Street Journal, que lo más recomendable es “una desintoxicación digital mediante una abstinencia completa”. Para contrarrestar las consecuencias de esa abstinencia, que podrían ser molestas, hay que concentrarse en otras cosas.

Si bien, en estos días estar conectado es una necesidad casi que vital para muchos, también es muy importante enfocarse en otra forma de interacción con el mundo; interacción que lo aleje del celular, porque, y aunque suene extremo, estar tanto tiempo metido ahí es otra forma de aislamiento. Desconéctese.  Salga de ahí. Busque otras perspectivas, apaguelo, lea, camine, coma mientras habla con los suyos, busque a sus amigos, haga deporte. Intente alejarse por un buen tiempo del teléfono, concluye el Wall Street Journal. Todo en exceso es malo.