La mujer que fabricaba sus carteras con la piel de hombres tatuados

La mujer que fabricaba sus carteras con la piel de hombres tatuados

29 de Junio del 2016

Se trata de Ilse Koch, una coronel del campo de concentración de Buchenwald – Alemania. Su historia de vida está marcada por la sangre que hacía correr entre sus manos, y por la crueldad con la que perpetraba sus asesinatos. Pese a la Alemania machista de su época, Koch se hizo temer hasta de sus mismos compañeros fascistas, quienes la apodaron: ‘La perra de Buchenwald’ o’ La bruja de Buchenwald’.

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La avanzada fascista estaba en contra de todos los que pensaran distinto a los principios que el Tercer Reich iba aplastando a pasos de gigante, como lo relata el portal ‘Cultura colectiva’, dando como fruto a los asesinos más sanguinarios de la historia, entre ellos Ilse Koch.

Esta mujer comenzó su monstruosa carrera como asesina en el Schutzstaffell, una organización paramilitar encargada de la tortura y el funcionamiento de los campos de concentración durante la Alemania nazi, de la cual era miembro. En ese mismo lugar conoció a su esposo, un comandante y encargado del campo de concentración de Buchenwald, Karl Koch, de quien tomó su apellido. Debido a las largas ausencias de él, Koch se encargó por completo de dicho lugar.

Los métodos de tortura de la coronel podrían haber hecho temblar de miedo hasta el propio Hitler. Cuando a sus prisiones llegaba alguna mujer de procedencia judía e ideología comunista, varios perros hambrientos la esperaban para destrozarla hasta eliminar el último rastro de su existencia.

Pero esto no era lo peor, como lo relata el mencionado portal, poseía más de 500 esclavos sexuales a quienes torturaba y violaba sin mayor remordimiento y si alguno tenía un tatuaje que le llamara la atención a Koch, ningún dios podría salvarle de sus crueles y curiosos caprichos.

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A esta mujer le gustaba coleccionar pieles tatuadas, ¿el motivo? Con la piel de sus prisioneros fabricaba carteras, forraba sus muebles y libros, hacía guantes y cualquier otra cosa que se le pasara por la cabeza. Disfrutaba de cortar la piel en carne viva para que sufriera más el prisionero y gozara más ella.

Paralelo a lo anterior, puso en práctica una de las muchas costumbres de tribus amazónicas que consistía en cortar las cabezas de los presos y comprimirlas hasta que tuvieran el tamaño de un puño.

Aunque miles de personas desearon que el fin de los días de Ilse Koch hubiese sido tan doloroso como el de sus prisioneros, no fue así. Luego de ser arrestada y sentenciada  a cadena perpetua en la prisión de Aichach, Alemania, la mujer se quitó la vida en su celda ahorcándose con dos sábanas.