¿Preferimos cantidad o calidad en el sexo?

22 de enero del 2019

Cuando apreciamos una vida sexual activa, descubrimos que el acto sexual va más allá de una simple penetración.

¿Preferimos cantidad o calidad en el sexo?

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Cuando apreciamos una vida sexual activa, descubrimos que el acto sexual va más allá de una simple penetración. Es una relación emocional, cotidiana y amorosa en la cama, en la que sin interacción ni comunicación, difícilmente se logrará el placer.

El placer conlleva un proceso de aprendizaje, donde la satisfacción no influye en los números, sino en lo agradable o no que haya sido la experiencia. Cuando descubrimos algo que produce frenesí, como el chocolate o el alcohol, tendemos a pensar que cuanto más mejor. Sin embargo, con los años, preferimos disfrutar de un buen bombón de chocolate belga o una copa de vino. Lo mismo puede ocurrir con el sexo, empezamos a valorar la calidad sobre la cantidad, ya que es preferible un único encuentro que nos deje extasiados.

Hace algunos años, la Universidad Carnegie Mellon de Pensilvania realizó un estudio sobre la relación entre el sexo y la felicidad, donde determinaron que el estado de ánimo no es más alegre por aumentar las veces del sexo a la semana, ni habrá una mejoría en la relación de la pareja, incluso se podría presentar una disminución del deseo y del goce. Muchas veces se origina esto porque alguno de los miembros de la pareja siente la obligación o la presión de tener sexo para evitar un conflicto.

El estudio se hizo a 64 personas, entre 35 y 65 años, la mitad debía continuar con su ritmo habitual en encuentros sexuales y la otra mitad tenía que aumentar la frecuencia al doble durante 3 meses. Luego se pedía contestar una encuesta en la que se observo que el grupo con mayor frecuencia sexual no era más feliz, y aseguraron sentirse incómodos e irritables.

Vivimos en una cultura donde las relaciones sexuales son solamente un aspecto genital, es decir, tener sexo es solamente penetrar y eyacular y esta es la manera más frecuente de limitar la sexualidad. Si nos centramos en contar las veces que el pene entra en la vagina para determinar si produce placer, lo más seguro es que no es así. Cuando se recurren a los juegos preliminares como las caricias, besos, abrazos, poner atención a los gestos y gemidos, las vibraciones del cuerpo se desarrollan de manera natural.

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