La psicóloga trans que lucha por su comunidad

13 de julio del 2018

La comunidad trans sigue siendo un sector poco visible en la cotidianidad de la sociedad convencional. El porcentaje de personas que se sienten inconformes con su sexo es toda una realidad, la problemática es que, además de la discriminación latente, el procedimiento de cambio, a nivel burocrático en los centros de servicio de salud, es […]

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La comunidad trans sigue siendo un sector poco visible en la cotidianidad de la sociedad convencional. El porcentaje de personas que se sienten inconformes con su sexo es toda una realidad, la problemática es que, además de la discriminación latente, el procedimiento de cambio, a nivel burocrático en los centros de servicio de salud, es bastante complejo.

Por tanto, KienyKe.com conversó con Juliana Osorio, psicóloga, paciente del doctor Álvaro Rodríguez (cirujano especializado en el procedimiento de reasignación de sexo), que trabaja en la ciudad de Tuluá, en Valle del Cauca. Su área es la psicología clínica, formada por la Universidad del Valle, asiste a pacientes trans, desde los 12 años hasta los 18 o 20 años, o cualquier otro personaje que busque reafirmación de género.

Junto con Rodríguez, organiza una campaña de sensibilización en el país para visibilizar a la población transgénero, ya que para cierta población es un tema no tan grato. La importancia de tocar este tema responde al índice de personas trans que en el país es alto y necesita representación o acompañamiento, no solo a nivel físico, también psicológico.

Juliana empieza recordando cómo fueron sus años de infancia y adolescencia, empezando con la frase “Yo me sentía como un monstruo al principio de mi vida”. Hace referencia a que no lograba encajar, ya que lo que se manifiesta en su interior es un constante malestar.

“A los cinco años me doy cuenta que no me siento cómoda, pero es hasta los siete cuando me empiezo a cuestionar y busco respuestas. De hecho, busco respuestas en la religión, por otras partes, pero no las encuentro por ningún lado. Es el momento en el que también aprovecho para tratar de ubicarme en el mundo”, comenta con incertidumbre.

Osorio continúa, “recuerdo que a los cinco o siete años, todos los juegos que me encantaban eran los de niñas, iba a donde una tía y jugaba muñecas, tenía muñecos de acción pero para mí jugar con ellos era hacerles ropa. Todas mis actividades eran muy femeninas”.

Pero para describir exactamente lo que sentía, ella expresa, “era una sensación de incomodidad constante, un dolor que duró hasta los 35 años, momento en el que pude acceder a la cirugía de reasignación de género. Sin embargo, el proceso de transición lo inicié a los 18, pero solo a los 29 empecé los procesos quirúrgicos. Tuve momentos de represión, donde la sociedad, la familia, el desconocimiento de todos estos grupos, terminaron llevándome a reprimir eso que estaba sintiendo. Trataba de mantenerme lo más aislada posible, no me gustaba compartir, intenté suicidarme en tres ocasiones- Odiaba la vida”.

De una manera más positiva, la psicóloga continúa: “Hubo un momento en el que algo me dijo “espera, tienes que hacer algo con tu vida”. Cuando tenía 29, después de que termino la carrera y empiezo a través de mis propios recursos a verme cómo me siento, entonces ahí empieza el proceso de terminar esa transición, de verme cómo me sentía a los cinco años aunque no lograra entenderlo”.

“No fue fácil. Fue muy doloroso. De hecho, hasta ayer, no encontraba las palabras para describirlo, pero creo que para contar el dolor es como si una persona se echara gasolina y se prendiera fuego. El dolor es increíblemente desesperante, atroz”, confiesa.

KyK: ¿Qué le daba esperanza para continuar?

JO: Lo que me permitía continuar era que me estaba constantemente informando. Me automediqué. Empecé a leer toda la literatura que encontrara, que es muy escasa, consulté con endocrinos y me decían que hiciera terapia de remplazo hormonal. Otros me decían que hay una ambigüedad muy fuerte por el propio desconocimiento. pero tener la posibilidad de acceder a la información me permitió decirme ‘Ya sé en qué lugar estoy’. No estoy en el lugar del niño porque así no me siento, me siento niña pero no me veo como una. Cuando descubrí que hay personas llamadas transgénero supe que pertenezco a ese grupo.

KyK: ¿Cómo fue el momento de empezar la transición?

JO: La transición como tal empieza a los 18 años, cuando le comuniqué a mis padres, fue horrible, desastroso. Mi familia ha sido muy conservadora, lo primero que sucedió fue que se echaron la culpa, yo trataba de mediar. Sin embargo, llegó un momento en el que tuve que irme de la casa. Ayer leí una frase que me encantó: “los monstruos existen, no debajo de la cama, sino en los prejuicios y en las creencias que tenemos en nuestra mente”. Entendí esta frase porque en mi familia creían que yo podía contagiar a otros familiares por ser así. Este es el principio y el fin es con la cirugía.

KyK: ¿Qué le puede decir a los padres que se enfrentan ante un hijo trans?

JO: No hay otra respuesta que escuchar, es lo más importante, así como el acompañamiento psicológico. Si se sienten agobiados, consulten, existen profesionales, al menos en el campo de la psicología, aunque no todos tienen conocimiento en estos aspectos, pero inténtenlo, buscar un profesional que les ayude a entender lo que siente ese niño.

KyK: ¿Qué le diría a ese niño que siente la urgencia de comunicar su transexualidad, que se siente desubicado en el mundo?

JO: Lo primero que le diría es que no está solo, que hay muchas personas que hemos pasado por situaciones muy similares, de mucho dolor intenso, las mismas personas que estamos ahí para darles una mano, acompañamiento, decirles que no desfallezcan.

KyK: ¿Qué fue lo que más disfrutó al momento de terminar su transición?

JO: Lo que más disfruté fue haber tenido la sensibilidad para un orgasmo, eso fue… (risas).

KyK: ¿nos podría contar un anécdota que guarde con cariño a partir de su acompañamiento a los pacientes trans?

JO: En una ocasión, la más significativa fue la del chico trans, porque cuando tú lo veías, físicamente, el rol de género es masculino, entonces en la masculinización de la persona con la parte hormonal es mucho más fácil. La persona adquiere los rasgos secundarios de manera más fácil con hormonización, pero este paciente se sentía muy desolado, porque su familia se había enfocado más en su identidad, en la orientación, entonces era como: “No es que seas hombre, eres una machorra, una lesbiana”.

Cuando llegó a la consulta y me contó todo, pudimos hacer ese acompañamiento, explicarle lo que pasa con él exactamente. El paciente salió agradecido, a veces me escribe y me da las gracias. Ya tiene la orden por tutela para operarse. Eso es muy gratificante.

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