¿Cómo será la obra que se levantará donde cayeron las Torres Gemelas?

¿Cómo será la obra que se levantará donde cayeron las Torres Gemelas?

10 de Septiembre del 2011

Después del 11 de septiembre de 2001, los estadounidenses han buscado todas las herramientas posibles para hacerle entender al mundo que la tragedia no los derribó y, sobre todo, que jamás olvidarán lo sucedido. Al tomar la decisión de reconstruir la Zona Cero decidieron que las nuevas edificaciones debían tener un aura espiritual. El proyecto, un desafío en términos arquitectónicos, tendría que plasmar el poder del triunfo de la nación que ostenta la Estatua de la Libertad.

El arquitecto español Santiago Calatrava es el responsable de la estación de transporte del nuevo World Trade Center, en Nueva York. El proyecto ha cambiado desde su concepción en 2004. Debía estar listo en 2009, pero habrá que esperar al menos hasta 2015 para entre en funcionamiento. Aun así, el nuevo intercambiador es una de las aventuras arquitectónicas más esperadas por el significado emocional que representa para la ciudad y el mundo, así como por el nivel de tecnología que se ha empleado en su construcción.

 

Calatrava es una estrella, sus diseños lo han llevado a ser parte de la élite de los mejores y más famosos arquitectos. Su especialización en grandes estructuras lo hizo ganador de la licitación que buscaba el estado de Nueva York. Su estilo se caracteriza por mostrar lo que otros arquitectos ocultan: las estructuras. Calatrava incorpora la arquitectura y la ingeniería en sus diseños, dos corrientes que fluían por separado desde el siglo XVIII. Su trabajo lo ha hecho acreedor a varios premios, incluyendo el Príncipe de Asturias de las Artes en 1999 y 12 títulos honoris causa.}

La estación se comenzó a construir en septiembre de 2005 y su costo estimado era de 2.200 millones de dólares, de los cuales 300 millones serían un aporte de la Autoridad del Puerto y el resto correría a cargo de la Administración Federal de Tránsito. En febrero los costos subieron a 3 mil millones de dólares y hoy están por alcanzar los 4 mil millones, un 70% por encima del presupuesto inicial. Los comentarios negativos con respecto a la insostenibilidad del proyecto de Calatrava no se han hecho esperar. La ciudad de Nueva York no está muy contenta.

Los cambios se han dado con el fin de reforzar la seguridad frente a un posible ataque terrorista. En un comienzo se habló de una gran estructura transparente hecha de vidrio, pero los peligros de dicho material han hecho que se aumente el acero y se reduzca el cristal de manera considerable. El español dice estar tranquilo con la naturaleza cambiante del proyecto y asegura que la transparencia y el carácter etéreo del edificio se mantienen. Según Calatrava, el diseño representa un ave liberada por la mano de un niño.

El nuevo pasillo principal de la estación estará rodeado de un muro de casi un metro de alto y sus dimensiones serán más reducidas que las del proyecto inicial. Esto con el fin de aumentar la distancia con las calles circundantes y formar un corredor de seguridad. En lo que respecta al interior de la estación, el nuevo diseño reubica también los ascensores y las escaleras mecánicas para mejorar la visibilidad entre el pasillo y los andenes.

La idea inicial del proyecto constaba de dos estructuras de 45 metros con un techo que se abría para ver el cielo y dejar entrar el aire. El techo retráctil ha sido reemplazado por un agujero de 3.65 metros que podrá abrirse y cerrarse, conservando parte de la idea original. Ya no habrá pisos de mármol y el enorme mezzanine, contrario a lo se ideó en un principio, tendrá columnas. Los críticos dicen que el diseño ha cambiado tanto, que poco queda del ave que trata de volar y cada vez se asemeja más a un estegosaurio. La delicadeza de las alas se ha vuelto rígida y estática, el movimiento y la flexibilidad han muerto.

Nicolai Ourousoff, el crítico arquitecto del New York Times, ha sido una de las personas que más ha atacado el proyecto. Salva a Calatrava en cuanto a que ve la impotencia del español a la hora de verse obligado a modificar sus planes debido a la falta de claridad por parte de la Autoridad Portuaria de Nueva York. Dice que las semillas del fracaso estaban sembradas desde el inicio del proyecto y asegura que los culpables no están involucrados de manera directa con el arquitecto español.

Ourousoff alega que la demora en la culminación del proyecto demuestra las grandes fallas en su planeación, y que cuando por fin sea inaugurado, se convertirá en un emblema a la ineptitud y la evidencia de cómo fue imposible hacer a un lado los intereses personales, incluso a la hora de hacer homenaje a una de las grandes tragedias del mundo.