El caso @hyperconectado: de la broma a la injuria

El caso @hyperconectado: de la broma a la injuria

4 de abril del 2011

Imputaciones deshonrosas realizadas por usuarios anónimos son el pan de cada día en las redes sociales colombianas. Quienes se dedican a esta actividad atacan medios de comunicación, famosos, políticos y usuarios comunes y corrientes en una actividad, que en ciertas ocasiones, llega a convertirse en el delito de injuria, según el Código Penal.

Publicaciones donde se relacionan usuarios con el consumo de drogas, actividades sexuales, entre otras, afectan el derecho al buen nombre en Internet. Los atacantes anónimos crean textos, fotografías y hasta videos con imputaciones deshonrosas y las difunden en diferentes sitios de Internet tales como redes sociales, blogs y otros sistemas. En la actualidad, con la mirada ajena de la Policía y las autoridades se pisotea y difama a personas sin que nadie haga nada para detener esta situación.

Este comportamiento es conocido dentro del mundo de Internet como el acto de “trollear”, “montársela a alguien” en términos colombianos o “ciberacosar” en lo técnico. Vale la pena resaltar que no toda “trolleada”  cae en injuria y no todos quienes lo practican son anónimos. Una de las tantas definiciones de Troll tiene que ver con el concepto de arrastrar a un cardumen a peces con una carnada. El problema ha llegado a tal punto que usuarios no anónimos, influenciados por quienes gustan del ataque, viralizan la información,  sin conocer que el Código Penal también castiga a quien replique injurias.Son numerosos los afectados por los atacantes anónimos que pasaron la delgada línea de la broma o comentario ácido para llegar a los oscuros terrenos de la delincuencia.

Con este tono varios usuarios de la red social Twitter atentan contra el buen nombre y la honra.

Hasta los policías son atacados

Miembros de la Policía Nacional y la misma institución han sido objeto de ataques por parte de estos personajes. El pasado mes de febrero en un Fan Page de Facebook se celebraba cómo gracias a una actividad metódica se había logrado que todos los usuarios de Twitter hablaran de la Policía relacionándola con el tag #policiasasesinos. Y no solo esto, en los mensajes difundidos en esa red social se puede leer como piden y celebran el envío de mensajes a la esposa de un patrullero que cometió un delito. Pero este es tan solo un ejemplo institucional. Un bloguero que pidió no ser citado con nombre propio en aras de mantener su seguridad  afirmó que ha sido víctima de amenazas. Sí, de amenazas.

Al preguntarle a este usuario de Internet que si había recibido imputaciones deshonrosas afirmó, “muchísimas, en mi blog y en Twitter. Desde la grosería fácil hasta amenazas de muerte e insultos por no actualizar mi blog”. Otro bloguero que no se citará para evitar que sea atacado comentó que en una ocasión al escribir una columna recibió amenazas de muerte mediante correo electrónico sólo por escribir su pensamiento y publicarlo. Estos son sólo tres ejemplos de qué pasa en la actualidad, pero se registran casos aún más graves donde por ejemplo, se publica sin control alguno, que cierta usuario o usuaria ejerce  actividades de prostitución.

Silvestre Dangond, Ana Karina Soto, Jota Mario Valencia, Jesús Hernán Orjuela, Carolina Cruz, Piedad Cordoba, entre otros , hacen parte de la larga lista de  personajes públicos que tienen montajes y publicaciones en su contra donde, por ejemplo, se cuestiona su condición sexual. Todo este material es distribuido y publicado en redes sociales, blogs y otros sistemas. Algunas de estas publicaciones pasan la línea del chiste popular y quizá estén cerca del delito de injuria, y quizá sea más grave: Google las indexa con rapidez y esta información está cada vez están más cerca de los usuarios que hagan una búsqueda. Hasta tal punto ha llegado la situación, que incluso medios de comunicación son atacados. Solo basta ubicar una Twittcam (transmisión de video vía Twitter) de algún medio para observar la forma como estas personas perturban actividades informativas.

Algunos usuarios realizan montajes que requieren de tiempo para su elaboración con el fin de insultar a personajes reconocidos.

Los atacantes anónimos

Son cuatro las características básicas de este tipo de usuarios. La primera, aunque sea difícil de creer, es el conocimiento profundo que tienen del Código Penal y su relación con los delitos de injuria y calumnia. Al observar blogs de usuarios que gustan de este tipo de ataques se puede leer cómo un abogado los anima a seguir con sus actividades, al argumentar en lo jurídico por qué no prosperaría ningún proceso en contra de estas personas.

Otra de las características que los agrupa es la supuesta aclaración de que su actividad hace parte de un juego de rol o parodia. Esto lo hacen porque, al menos Twitter, les enseña esto para que no sea borrados. Así, la red social les da instrucciones para ejercer sus actos delictivos.

Quizás para Twitter esta sea una actividad normal pero para el ordenamiento jurídico colombiano cuando un ciudadano hace imputaciones deshonrosas en contra de otro se comete un delito. Ya sea en Twitter, Facebook, blogs, chat o cualquier sistema.

La tercera particularidad que los define es el anonimato. La mayoría de personas que difunden información que puede ser injuria se esfuerzan por mantener su real identidad en secreto. Al final, estos usuarios de Internet saben, quizá como nadie en Colombia, cómo funciona Internet, sus herramientas, aplicaciones y ventajas. Además se agrupan en blogs donde difunden sus comentarios escudados en la libertad que da Internet.

Sin armas jurídicas

Ante situaciones como la injuria o calumnia en Internet los abogados recomiendan denunciar a los atacantes. Sin embargo, una serie de obstáculos, hacen que acudir a la justicia quizás no sea la mejor opción. En un proceso jurídico de injuria se pueden presentar obstáculos. El primero de ellos tiene que ver con con el peligro de hacer una falsa denuncia. El usuario atacado debe estar seguro por completo de acusar y conocer el nombre de su atacante. Operación casi imposible en el mundo de Internet.

Si no se conoce el injuriador se puede hacer una denuncia pero quedará en una etapa a la que llaman “ de averiguación de responsables”. En este estado puede quedar mucho tiempo  ya que los fiscales tienen mucho trabajo y necesitan alto conocimiento técnico de cómo funciona Internet. Consultado un asesor jurídico de una URI explica que un proceso como estos puede durar de dos a tres años sin que se tengan resultados efectivos. Esta situación puede generar un desgaste en la víctima y en este punto se puede preguntar ¿vale la pena hacer todo esto?.

¿Internet Sano?

Otra de las actividades que una víctima puede hacer es confiar en ese ánimo y confianza en la tecnología que por estos días visita el país, en especial el Ministerio de Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Este ministerio tiene en Internet Sano una entidad que, según su portal, busca resaltar “la importancia de poder navegar seguros y gozar así de un Internet Sano”. Pero el concepto de delitos que se pueden cometer en Internet, según la mirada de esta institución, son sólo los cometidos contra menores de edad y pornografía, un concepto tan cerrado que desconoce que cualquier delito que se haga en la vida real se puede hacer en la virtual.

En medio de este ánimo por creer que el país prosperará gracias a la tecnología la Policía Nacional también tiene un sistema en el que, en teoría, los ciudadanos se pueden comunicar vía chat para denunciar delitos.

Al entrar en este sitio de Internet y denunciar un caso de injuria, el policía detrás de ese sistema de chat se limitará a enviar un link con información sobre los posibles delitos que se cometen en Colombia. Pedirá que se haga una denuncia y no resolverá nada. Incluso, se podría transmitir en vivo y en directo vía Twitter cómo se hace un asesinato o robo, y tanto el perfil @policiacolombia como el chat sólo contestará como una máquina la invitación a leer un link. Cuando una pandilla de delincuentes en la vida real ataca a un ciudadano se supone que la Policía está allí para proteger. Eso no sucede en Internet.

Autorregulación

Ante este panorama donde ni la policía, ni el Ministerio TIC, ni acudir a la justicia parecen ser una solución lógica y razonable sólo queda apelar a los mismos usuarios para que no participen de esta actividad y denuncien.

Los usuarios de las redes sociales en Colombia tienen la oportunidad en sus manos de aumentar esta situación o de acabarla. En Twitter, por ejemplo, se puede dejar de leer este tipo de perfiles que publican todo el día groserías, injurias contra los demás y por lo general contenido nada agradable de leer.  En segunda medida, al observar un ataque se debe denunciar cuando se comenten injurias. Esta red social permite bloquear esos usuarios y en la medida que más gente lo haga el perfil será cerrado de forma automática.

Ryan Patrick Halligan se suicidó por culpa del ciberacoso.

Un caso similar ocurre en Facebook. Lo primero es no seguir a estos personajes que gustan de la agresión. La plataforma permite denunciar aquellas Fan Page, grupos o perfiles que agreden. Se debe aclarar que no todas las publicaciones en las redes sociales son delito. Una de las actividades más divertidas es leer comentarios ácidos sobre situaciones del país o personajes de la vida nacional, si se hacen dentro de los límites del respeto por el otro.
Este es el actual panorama de las redes sociales en cuanto los delitos que en ella se cometen: desinterés por parte de las autoridades, usuarios que gustan y participan de estas actividades y la posibilidad, por parte de todos los mismos usuarios, para aumentar su actividad o restringir su crecimiento.

Ojalá en Colombia nunca tengamos que escuchar en las noticias un caso como el de Ryan Patrick Halligan quien al ser acosado en las redes tomó la decisión de quitarse la vida. Ante la indiferencia de entidades, usuarios y las mismas plataformas esto parece inevitable.

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