La ciudad de los hackers

La ciudad de los hackers

5 de marzo del 2011

A tres horas de Bucarest, en los Alpes de Transilvania se encuentra Râmnicu Vâlcea, un pequeño pueblo con casas desmoronadas, pollos en el patio y ropa que cuelga al sol. Pero al aproximarse al pueblo, de forma sorprendente  se observan nuevas edificaciones en cada calle, edificios de acero y vidrio, negocios de distribución de carros europeos de alta gama, carros de marca como BMW, Audis y Mercedes Benz parqueados en las calles, tiendas de moda italianas y accesorios de cuero. Y al menos dos docenas de locales de Western Union en todo el centro de la ciudad.

Esta ciudad de 120.000 habitantes es conocida como Hackerville. Gran parte de sus jóvenes entre veinte y treinta años se visten a la última moda y conducen carros lujosos. Están dedicados al lucrativo negocio de “robar dinero a través de Internet”. Aunque algunos pocos realizan hackeos, la mayoría se especializa en comercio electrónico, estafas y ataques de fraude a las empresas.

El crimen cibernético es la actividad criminal de más alto crecimiento en el mundo. Cubre un alto rango de actividades ilegales, como estafas financieras, hackeo de computadores, pornografía, ataques de virus y acecho por correo electrónico. Como el internet es global, los ataques de igual forma provienen de cualquier parte, y así como los negocios en internet se hacen desde las casas, también desde las casas se hacen los actos criminales. Esto ha permitido el desarrollo de lugares casi desconocidos, como Ramnicu Valcea, desde donde se operan las redes mundiales de fraude.

Según las autoridades rumanas, estas actividades delictivas han traído decenas de millones de dólares en la zona durante la última década, han impulsado el desarrollo de nuevos edificios de apartamentos, clubes nocturnos y centros comerciales. Râmnicu Vâlcea es la capital de la ciber-delincuencia y el negocio está en auge. Nadie entiende cómo en un pueblo apacible, que sólo a partir de la revolución de 1989 entró a la economía del mercado, sus jóvenes se dedicaron a timar por internet. Para 2002, el crimen en línea ya estaba difundido.


Esta ciudad,conocida como Hackerville, es donde se realiza la mayor actividad de crimen cibernético en el mundo.

En Râmnicu Vâlcea la única fuente de trabajo que existía antes de este auge cibernético era una vieja fábrica química y un turismo modesto. En ese entorno llegó internet, con formas de acceso económicas a través de cybercafés. Así empezaron a poner anuncios falsos en eBay y otros sitios de subastas para atraer a las víctimas con envíos de pagos por transferencia bancaria. Una vez se recibía el dinero, se quedaban con él sin enviar el producto solicitado. Nada muy sofisticado, lo hacían, incluso, sin ocultar su identidad.

El negocio innovó y crearon sitios falsos en internet que simulaban compañías legítimas. También ofrecían enviar el producto, por ejemplo un carro, sólo mediante el pago del transporte, para que pudiera ser inspeccionado por el comprador antes del cobro total. Pero al recibir el anticipo ni el carro ni el dinero aparecían. Para 2005, Rumania ya era conocido como un paraíso para el fraude en línea y los compradores tenían cuidado de enviar dinero al país de Drácula. Los estafadores idearon entonces nuevos mecanismos de pago con conexiones en otros países europeos, a través de redes de jóvenes de Râmnicu Vâlcea que habían viajado al exterior en busca de trabajo. Estas personas reciben el dinero de las víctimas y envían el dinero luego de descontar una comisión. Algunos se dedican a recorrer pueblos de Estados Unidos desde donde retiran pequeñas cantidades de dinero de sucursales de Western Union y MoneyGram para no ser identificados. Este sistema de redes hace más difícil para los organismos de seguridad y policiales realizar la trazabilidad del fraude hasta las oficinas de los organizadores en Râmnicu Vâlcea.

La evolución tecnológica del fraude cibernauta ha migrado hacia la operación del mecanismo que se conoce como “spear-phishing”, que consiste en enviar un correo electrónico a empresas en Estados Unidos, que aparenta provenir de entidades importantes como el International Revenue Service-IRS (Oficina de Impuestos), o del Departamento de Justicia, o de alguna otra agencia, con el objetivo de acceder información confidencial. Estos mensajes llevan anexados unos códigos maliciosos, conocidos como troyanos, que se instalan en los sistemas de forma invisible y realizan actividades de espionaje que extraen los números de las cuentas bancarias y contraseñas de las empresas. El círculo se completa con la contratación de personas en lugares como Las Vegas, que abren cuentas bancarias corporativas falsas hacia donde se redirecciona el dinero de las empresas.


El crimen cibernético es la actividad criminal de más alto crecimiento en el mundo.

Los jóvenes sospechosos de Râmnicu Vâlcea consideran que pueden acceder a clemencia por parte de la policía y disminución de penas al alegar “que no le roban a personas del país”, porque consideran que no es un delito nacional estafar personas en el exterior. En su cuidad son considerados como emprendedores del internet, jóvenes que a diferencia de los demás han logrado obtener un buen nivel de vida. En este ambiente es fácil para los líderes reclutar en los colegios nuevos miembros, que atraídos por los carros y las ropas costosas entran en la red. La mano de obra está disponible, y según la policía “si usted arresta dos de ellos, existen otros veinte que desean tomar esos lugares”. Por cada dos policías existen 2.000 involucrados en este negocio.

El verano pasado, las autoridades de Rumania y agentes del FBI realizaron una serie de capturas a ambos lados del Atlántico. Han desmantelado una serie de redes en los últimos años y arrestado 118 personas en Rumania en 2010. Pero el negocio sigue en pie.