La miserable vida de los constructores de iPhones

La miserable vida de los constructores de iPhones

25 de marzo del 2012

Los millones de iPads y iPhones vendidos por Apple el año pasado arrasaron con las ventas de teléfonos inteligentes y tabletas electrónicas. Los dispositivos multifuncionales, que oscilan entre  800 mil pesos y 2 millones, terminaron por agotarse en tiendas de todo el mundo. Con los años, se ha generado un fenómeno viral entre sus usuarios. El diseño de estos aparatos sumado a la eficiencia de su sistema impulsa a los compradores a comprar cada novedad que lanza la marca.

Las pantallas relucientes ensambladas a la perfección no parecen admitir la mano humana en su proceso de fabricación. Piezas compactas sugieren ser el resultado de enormes máquinas programadas al interior de fábricas autosuficientes. Sin embargo, 325 pares de manos durante 5 días construyen los iPads que reposan al interior de las cajas blancas. En total, son 1141 los pasos que requiere un iPhone para llegar a nosotros. Los encargados de esta tarea son jóvenes entre 14 y 30 años procedentes de pueblos pobres que hacen entre 60 y 100 horas extras al mes para transformar su sueldo base: un poco más de 100 euros.

Son personas silenciosas que entran a esas fábricas con el sueño de volver a su pueblo para abrir un pequeño negocio o comprarle ropa a sus familias. La inexistencia de lazos e interconexiones emocionales los aísla del mundo. Alquilan habitaciones por 17.50 dólares al mes que comparten con 7 trabajadores de quienes no conocen ni sus nombres. El sitio de descanso después de 12 horas  de trabajo termina por convertirse en su hogar. Restaurante, cancha de futbol, café internet, aulas para clases de inglés, todo lo ofrecen las fabricas FoxConn.

Estas grandes redes nacidas en la primavera de 2010 aglutinan 200.000 empleados. Un proyecto creado por Hon Hai, empresa del multimillonario taiwanés Terry Gou, empleador  de 1 millón de personas en China, quien manifiesta que manejar 1 millón de animales le produce dolor de cabeza.  Hay sedes en Asia, Europa y América Latin, pero la mayor cantidad están en China, un país con pocas oportunidades laborales. Setenta centavos cuesta el almuerzo que tienen 2 horas para tomar y acompañar de una siesta –si les queda tiempo-. Hay quienes manifiestan su inconformidad pero aún así prefieren someterse a cambio de experiencia laboral. “Los dormitorios son pequeños, la comida muy cara y los arboles bloquean la luz”, dice una mujer de 23 años, madre de dos hijos.

Las actitudes suicidas desarrolladas al interior de estas industrias han desencadenado la muerte de 9 trabajadores que el año pasado saltaron de sus escritorios en menos de 3 meses. A raíz de este problema, FoxConn ha contratado 70 psicólogos y 100 voluntarios  entrenados para ayudar a prevenir suicidios. No obstante, hace poco salió a la luz el caso de Sun Danyong, encargado de enviar prototipos iPhone. Tras manifestar que había extraviado una de las piezas optó por suicidarse.

Hay pruebas que demuestran que el joven de 25 años fue golpeado durante el interrogatorio y su habitación registrada sin autorización.

La planta de Shenzhen que ensambla Kindle, Play Station 3 , Xbox 360, iPad y iPhone   reúne 300.000. Cada lunes en la mañana las filas siguen siendo interminables. Sin importar la alienación y el sometimiento soportado a cambio de un sueldo miserable, los jóvenes chinos siguen optando por trabajar en las redes del suicidio que no les ofrece ni el 20% de lo que cuesta uno de los artículos que fabrican.