Atendido por su propietario

Atendido por su propietario

6 de marzo del 2011

El 2 de marzo de 2004, día en que se abrieron las puertas del Árabe Gourmet en Barranquilla, llegaron más de ochenta personas. Ese domingo sólo esperaban a la familia y ellos, que iban de conejillos de indias, debutaron como meseros. Cecilia María, una de las socias del restaurante recuerda que la culpa la tuvieron ella y su hermana Luz Marina, quien también es socia junto con su hermano Eduardo, su esposa, Sabeh Cure, y su cuñado, David.

Cecilia cuenta que el éxito en asistencia fue causado por la expectativa de que “Las hermanitas María”, como las llamaban, iban a cantar en la inauguración. En los años setenta y ochenta las hermanas alcanzaron cierto prestigio en presentaciones y festivales musicales. Montaban a dos voces los mejores éxitos de balada romántica, acompañadas por una pequeña banda con la que ensayaban en la casa de sus papás. Uno de los temas más apetecidos era Ninna Nanna, de Claudio Baglioni. Cada vez que la cantaban, recuerda Cecilia, la gente enloquecía. Los primeros comensales del Árabe Gourmet nunca vieron la presentación. Todo era un rumor.

Por esa época, su madre, Carmen Buchaar, una mujer inquieta y emprendedora ya tenía el restaurante Zuria, en Fundación, Magdalena, donde nacieron varios de sus ocho hijos. Carmen, de origen palestino, los tuvo en tres tandas: primero tuvo tres mayores, espero cuatro años, luego tuvo a Eduardo, y después de siete años tuvo a las tres últimas, Consuelo, Luz Marina y Cecilia. Allí los niños veían a su mamá en la cocina y poco a poco, sin quererlo, se memorizaron las recetas de los marmaones, los kibbehs y las hojas de parra rellenas, que hoy son los platos estrellas del restaurante familiar. Como familia árabe que se respete, los María son una gran prole y sus reuniones giran siempre en torno a la comida.


El plato mixto es una de las mejores opciones  para probar varias de las especialidades de la casa.

El papá de Cecilia  llegó a  Puerto Colombia en los años veinte tras la pista de Abraham, uno de sus hermanos, que era amante del folclor. Construyó una casa esquinera en la plaza principal de Fundación y enfrente de la casa abrió uno de los primeros supermercados del municipio. En esa época en el almacén se vendía de todo, desde víveres hasta telas. Cecilia dice que era, más bien, una miscelánea.

A comienzos de los años sesenta, y después de vivir un año en Bogotá, José Carlos llevó a su familia a Barranquilla. Compró una casa en el barrio el Porvenir y montó una fábrica de ropa interior masculina y un aserradero: Maderas María.

El gusto por la comida siempre ha estado presente. Sin embargo, la idea de montar un restaurante nunca se pasó por la cabeza de los hijos. Inclusive, Cecilia dice que de soltera no le gustaba mucho cocinar. Fue hasta que se casaron que los genes se manifestaron, y la creación de un negocio con la comida de sus antepasados se convirtió en una prioridad.

Hace siete años, Cecilia llamó a su hermano Eduardo y le dijo que la casa del restaurante mexicano de la carrera 49 con calle 46 estaba para alquilar. A él le sonó la idea, pero puso una condición: tenía que ser de comida árabe. A la dueña de la casona no le gustó la idea, porque a pocas cuadras ya había uno, pero pudo más el poder de convencimiento de los hermanos María. Cerraron el negocio y bastó una remodelación para darle a la casa ese aire árabe que hoy la caracteriza. Las puertas, la decoración y hasta la música ambiental transportan a los comensales a cualquier restaurante de Medio Oriente.


En 2009 fue nominado a mejor restaurante en la costa atlántica por la revista La Barra

Parte fundamental de este negocio han sido los Cure, familia de origen libanés y amante de la cocina, que al igual que los María crecieron rodeados de las tradiciones de su estirpe.

El restaurante fue nominado en 2009 por la revista La barra como el mejor restaurante de la costa Atlántica, y reseñado por el libro 333 sitios en Colombia que ver antes de morir.

Al comienzo, los cinco socios iban todos los días. Ahora se turnan por semanas, de domingo a domingo, y siempre alguno está al frente del negocio. Sólo cierran el 1 de enero y el viernes Santo, de resto, cualquier día de la semana, los 135 puestos de la casa y las cerca de veinte personas que trabajan ahí, están a disposición de quien quiera comerse los mejores platos árabes de la ciudad, como los kibbehs crudos, las hojas de parra y los marmaones. El truco, confiesa Cecilia, es pedir los platos mixtos, para poder tener una prueba de todo. También recomienda las carnes, porque tienen una carta internacional. El bife de chorizo es uno de los platos más apetecidos después de los árabes.