Comida gourmet en el interior de una cárcel

Comida gourmet en el interior de una cárcel

6 de marzo del 2017

Hace cinco años que la actriz Johana Bahamón trabaja con su Fundación Teatro Interno. Con esta ayuda a reclusos, especialmente  mujeres, a resocializarse y reconciliarse con la población civil. Su principal herramienta, el teatro, pero ahora innova con la gastronomía.

En la cárcel San Diego de Cartagena funciona el ‘Restaurante Interno’, allí las reclusas son chefs y meseras, me dirijo allí.

Camino por entre las calles viendo las casas coloniales y coloridas, con rosas colgando de sus corredores,  llego a mi destino. Me reciben un par de guardias de seguridad, les digo que necesito hacer una reservación, me quitan los celulares y me permiten entrar. Mientras espero, uno de ellos me dice – ¿Estás radicada en Cartagena  o vienes de visita?- Le respondo que soy visitante, que es mi primera vez en la ciudad y la primera vez que veo el mar.

“Tienes que pegarte tu escapadita y conocer lo que más puedas de Cartagena. Esta ciudad tiene mucha historia, ¿sabías que las murallas están hechas con sangre de esclavo?” Me cuestiona mientras se devora un trozo de pescado, antes de responderle, él continúa su historia.

“Era la época de la colonia, un grupo de esclavos africanos fueron liberados por Benkos Biohó, él lideró la fuga, corrieron como si no hubiera un mañana hasta esconderse, no los pudieron encontrar, con el tiempo fundaron el pueblo de Palenque, allá son negros puros oiga, raza pura africana y siguen hablando la lengua y todo. Tú tienes que ir”, -Rubén- interrumpen desde el otro lado, -vente pa’ acá. Me dice mientras se despide chocando su puño con el mío “no lo pueden ver a uno tranquilo oye”.

Hace calor, demasiado calor, las mujeres del lugar me sonríen amablemente y me ofrecen una silla para sentarme. Prenden el ventilador. El lugar es como un amplio pasillo, las sillas aún están sobre las mesas y los manteles no están puestos. Es mediodía y las puertas del restaurante solo abren en las noches de martes a domingos.

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“Generamos un poco de libertad tras las rejas”

Mi espera termina con la llegada de Luz Adriana Díaz, supervisora de este proyecto y capacitadora.

“El restaurante es el punto de partida donde se empiezan a generar las segundas oportunidades, donde das una herramienta de trabajo a través de la capacitación, es como un simulacro, de cuando ellas estén afuera, una preparación para cuando tengan que enfrentarse a la población civil”, dice Luz Adriana.

Sonríe a cada respuesta que da, se le nota que está enamorada del proyecto. Pese a que solo llevan funcionando tres meses, les ha ido bastante bien. Con la ayuda de entidades y donaciones de particulares esperan abrir en los próximos días un taller de confección. “Hay mujeres que más que haber cometido un error o tomar una mala decisión en su vida son mujeres llenas de talento y fortalezas, es ahí donde queremos trabajar”.

El proyecto, como dice Luz Adriana, ha tenido una recepción increíble por parte de la población civil, las internas y los directivos de la cárcel. Sin embargo, ideas como estas requieren un proceso de adaptación por parte de las reclusas. “Cuando tu llevas un tiempo detrás de las rejas volver a retomar tu vida con horarios y responsabilidades necesita un engranaje otra vez, es como volver aprender a caminar”.

¿Alguna vez se alguna presa ha querido aprovechar la situación para huir? Se le pregunta. “Saben que con este proyecto los días que trabajen se le suman a su reducción de condena, y si son sindicadas pues muchísimo más. Es más fácil trabajar y hacer aporte de reducción que salir corriendo.Lo que si hemos logrado es tener detrás de las rejas un poco más de libertad de movimiento”, responde.

Nos ponemos de pie, Luz me lleva hasta la cocina, me presenta a Rosalba Díaz, chef y docente de la Universidad Externado de Colombia, quien por estos días es la asesora de cocina de las internas. Me deja en su compañía.

“Antes de venir me preguntaba – ¿Cómo empiezo? ¿Cómo las trato? ¿Cómo les enseño?- Pero me encontré con mujeres dispuestas a aprender. Verles el ánimo, las ganas de superarse es maravilloso, más cuando me dicen – Cuando salga quiero montar un negocio- o – Rosita cuando esté libre quiero que me contrates- pienso que todas las cárceles debería funcionar así, este tipo de proyectos les da vida, ilusiones, esperanza”, dice Rosalba, a quien abandono para que continúe con su clase culinaria y les enseñe cómo se debe cortar la carne.

De su propia huerta sacan tubérculos y legumbres que emplean en sus platillos especializados en la cocina del Caribe.

Johana Bahamón: “Los internos son la razón de levantarme feliz cada día”

Se escucha desde afuera una voz que dice “¡Hola! ¿Cómo están? Hoy tengo mucha hambre y quiero un almuerzo interno muy grande”, es Johana Bahamón. Todos la reciben entre abrazos y sonrisas. Camina por el restaurante hasta llegar a la cocina a seguir saludando. Luego se dirije hacia mi.

Johana Bahamon actriz

“Nos ha ido super bien, las motiva mucho cuando ven el restaurante lleno de gente. Son las mejores en cocineras y las mejores en servicio al cliente. Cada vez son mas personas que quieren vivir esta experiencia, porque en realidad es eso, una experiencia.

“Es un proceso de aprendizaje mutuo. La gran enseñanza que nos queda es que somos capaces de convertir errores en oportunidades. Tengo 121 mil presos en mi corazón, trabajo para ellos por ellos y con ellos y gracias a ellos me levanto feliz todos los días”, concluye la actriz.

Espero a que el día termine sumida en el Festival de Internacional de Cine de Cartagena (FICCI) hasta que dan las siete de la noche para regresar al lugar para cenar.

Una experiencia única y original

La atmósfera es mucho más diferente. Las internas visten de negro y llevan en sus cabezas pañoletas rosas que atan en forma de moño, combinan con el color rosa de la pared y manteles del mismo color. En la entrada sobre un largo mesón exhiben sus collares, pulseras y bolsos, tejidos por ellas mismas.

Johana escuchó de este proyecto en las cárceles de Milán y no dudó en replicarlo aquí. Eligió como punto de partida la Cárcel de San Diego por estar en Cartagena, la ciudad más turística del país, pero espera replicar el modelo en otras centros reclusorios de Colombia.

Tres reclusas atienden las mesas y dos más están en la entrada. Ponen con delicadeza los cubiertos, prenden las velas, sonríen y saludan con gran formalidad a los comensales. Ana, es la interna encargada de atenderme.

El menú siempre es asesorado por algún chef profesional, en este caso Rosalba está al frente. En la carta se exhiben tres opciones de entrada, tres de plato fuerte, dos tipos de postres y tres opciones de bebida. El menú tiene un costo de $80.000 pesos por persona, este dinero tiene como objetivo mejorar la calidad de las presas dentro de la cárcel.

Elegí de entrada un ceviche de corvina con tabule andino de quinoa; berenjenas gratinadas con tomates de la huerta, de plato fuerte; jardín de cocadas de guayaba, panela y maracuyá fue mi postre, por último bebí un jugo de piña con hierbabuena. Delicioso.

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El ceviche estaba en su punto, el ácido del limón recorrió mi garganta y abrió mi apetito. Las berenjenas, tan típicas de la región se sentían suaves, perfectamente cocidas; el tomate les dio un toque dulce delicioso, combinaba la mezcla de sabores con mi bebida de piña y hierbabuena, completamente refrescante para este clima. Por último las cocadas me hicieron enamorar del menú interno, una exótica cocada de maracuyá fue mi favorita.

Ana gentilemente pone y retira mi comida, dice estar feliz con el proyecto, que la ha ayudado mucho. “Lo mejor de esto es el aprendizaje, prepararnos para cuando salgamos. Johana es una excelente persona, gracias a ella podemos hacer esto posible”.

Luz Adriana pasa cada tanto para preguntarme si estoy a gusto y si necesito algo más. ¿Qué puedo decir? La experiencia es maravillosa, la comida deliciosa, no hay otra palabra para definirla. Tomo fotografías y tres internas me posan – Qué bonitas quedamos, esa foto es la que tienes que publicar –  dicen.

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Ana pregunta si quiero algo más, digo que estoy satisfecha y pido la cuenta. Luz Adriana es quien recibe el dinero, las presas no pueden por código penitenciario, las propinas dejadas por los comensales son entregadas a la familia de la reclusa correspondiente. Voy saliendo del lugar despidiéndome de todos – Gracias y hasta pronto me dicen- Sin duda el Restaurante Interno es un lugar que hay que visitar y además volver.

“Todo esto es una forma de hacer paz y patria”, concluye luz Adriana.