El pueblo en las cavernas

El pueblo en las cavernas

25 de diciembre del 2010

De viaje por los Pueblos Blancos en la Sierra de Cádiz, por la región de Andalucía, en España, cómo no pasar por este pueblo y mirar la manera de vivir de los habitantes de unas cuevas modernas, llamadas “abrigo bajo las rocas”, porque se limitan a cerrar la pared rocosa y edificar la vivienda de forma longitudinal. Según el escritor Caballero Bonald, Setenil de las Bodegas es algo así como una pesadilla arquitectónica, o un literal sobresalto geológico. Y lo es en realidad, y sus habitantes tienen algo de cavernícolas muy abiertos a la charla con el visitante y acostumbrados a las caras de asombro de los turistas al ver las viviendas y negocios semitrogloditas.

Desde el sitio de 1407, Setenil de las Bodegas fue la pieza fundamental para la conquista del reino nazarí. Desde los tiempos del rey Juan II de Castilla hasta el reinado de los Reyes Católicos se produjeron siete sitios. Por eso el nombre, Septem nihil, “el que conduce a la victoria”. Su geografía escarpada fue en parte razón de su éxito. El andamiaje urbano  discurre siguiendo el curso del río Guadalporcún, que desciende por una cuesta empinada desde el castillo. Esto le proporciona una distribución en niveles inconfundible hasta llegar al tajo que el río ha formado en la roca, y que ha sido aprovechado para construir viviendas y locales comerciales.

Con sus cerca de tres mil setenileños, este pueblo blanco está situado en la parte nororiental de la Provincia de Cádiz y forma un triángulo con Alcalá del Valle y Torre Alháquime. Está ubicado a sólo 22 kilómetros de Ronda. Para llegar, el servicio regular de trenes de Renfe Algeciras-Granada efectúa paradas a diario en la estación Setenil. El núcleo urbano se comunica con los municipios vecinos a través de carreteras pertenecientes a la Diputación de Cádiz.

Las casas metidas en las cuevas de Setenil de las Bodegas están situadas en su mayoría en las calles Cuevas del Sol y Cuevas de la Sombra, que son adyacentes al río en lados opuestos. Sus nombres se deben a que algunas viviendas les da el sol y a otras sólo la sombra. En Las Cuevas del Sol existen varios sitios para ir de tapas. El viajero se cansa de mirar hacia arriba, porque permanece latente la idea de que, aunque no ha pasado en siglos, estas rocas inmensas aplasten las construcciones.  Las Cuevas de la Sombra son frías aún en el verano. En ellas se nota poco movimiento comercial, incluso cuando las hordas de turistas van a ver ese pueblo que se quedó en la Edad de Piedra.

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