Embajador del sabor

Embajador del sabor

19 de junio del 2011

Rafael Osterling iba a ser diplomático pero le pudo más su vocación por los sabores y la calidez de los fogones. Hijo del abogado Felipe Osterling y la chef Fina Osterling, dejó de lado la inscripción en la escuela de leyes y optó por la pasión de su madre por la cocina. Sus raíces peruanas lo han hecho embajador de esta gastronomía, ya halagada por ser una de las más variadas y ricas del mundo.

Comer en su mesa, con sede en Perú, Bogotá y Buenos Aires, es una experiencia en donde se encuentran deliciosas mezclas de todos los países que ha conocido, su formación en el Le Cordon Bleu de Londres, el mediterráneo, su permanente actualización en los conceptos de los platos de la modernidad y, por supuesto, la tradicional culinaria peruana.

En su mesa se encuentran para discutir de lo divino y lo humano desde sus paisanos Vargas Llosa y el artista Fernando de Szyszlo, hasta los ejecutivos del sector financiero de Bogotá, en sus dos restaurantes, Rafael y La Despensa, ubicados al norte de la capital.

“Es suelto de huesos, creativo, innovador y tiene grandes cualidades humanas y una visión optimista de la vida y el mundo”. Así lo define su amigo Hernando Torres, agregado cultural de la embajada de Perú en Colombia. Se conocieron hace seis años en un proyecto en el que se escogió la mejor receta del mundo hecha con papa, la cual fue lograda por La Rochelle Escuela Argentina de Cocina y Pastelería, con un Vol-au-vent de papas, queso mascarpone y maníes. Cuenta que para Rafael no todo ha sido color de rosa, pues cuando abrió su restaurante, el entorno del Perú no era tan boyante como el de ahora. Por eso el fruto de su reconocimiento lo ha ganado con tenacidad y disciplina.

Tras bambalinas está la familia de Rafael. En su cocina se vive un ambiente informal y de camaradería, sus meseros le dicen “tío”, por la sencillez de su trato. La gente con quien trabaja es un reflejo de lo que quiere lograr en el servicio a los clientes. Les trasmite la energía por vivir y sentir cada preparación, desde el tacto hasta el gusto. Juan Manuel Moreno, socio del restaurante en Bogotá, dice que hace ver la empresa si fuera de todos, cuida cada detalle y está involucrado en la escogencia de ingredientes y proveedores, cambia la carta tres o cuatro veces al año y vigila la presentación de cada plato.

Todo es hecho allí: panes, postres y el famoso “pisco”, una bebida que ha tenido una gran acogida dentro del público bogotano. De manera exclusiva para los comensales locales, el barman del restaurante desarrolló piscos con frutos colombianos como el maracuyá, el lulo, el mango biche y la manzana, para aquellos que quieren sentir nuestro sabor en el trago.

Osterling lleva 10 años dedicado a compartir su cocina de autor y para celebrarlo acaba de publicar el libro Rafael. El chef, el restaurante, las recetas,  de editorial Planeta,  que contó con la dirección de Arturo Higa, la edición y redacción de Jerónimo Pimentel y fotografía de Hans Stoll, un equipo cercano al chef que comprende el universo en el que se desenvuelve. La publicación llegará a Colombia en agosto y allí sus seguidores tendrán la oportunidad de conocer su estilo, sus mejores recetas y su cocina más íntima.

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