Guía máxima de Cuba

Guía máxima de Cuba

27 de enero del 2011

La primera vez que arribé a Cuba fui acogida en una casa del barrio Miramar, al oeste de La Habana, por una familia que contacte desde Colombia. Con ellos me instruí desde cerca en la vida del cubano amigable y sonriente, que vive en un continuo ejercicio de recursividad, capaz de armar el motor de un automóvil con piezas de distintas máquinas. Paraíso turístico por sus playas, rumba, destinos ecológicos y de buceo, su cultura, su historia y singulares tradiciones, Cuba y la Habana siempre ofrecerán momentos y experiencias únicas al visitante.

La primera vez viaje en Cubana, la más económica del mercado y la menos recomendada. Copa ofrece un vuelo directo semanal desde Bogotá y vuelos diarios con conexión por Panamá desde las principales ciudades de Colombia. Cuba pide visa a todos los visitantes, un requisito formal que cuesta 20 dólares. Puede obtenerse a través de su agencia de viajes, en la agencia oficial cubana Sol y Sombra, o en el aeropuerto. Es recomendable adquirirla antes de viajar. En lugar de sellar el pasaporte le sellarán esa visa. Debe conservar la colilla para su salida de la isla y en su pasaporte no quedará ni rastro de Cuba.

Ciertos destinos, como Cuba, no son para los desprevenidos. Lo primero que hay que saber es que allí el dólar, resulta bastante más costoso que el euro y de ser posible, ha de ser evitado. No sea terco, lleve euros y cambie los que más pueda en el aeropuerto tan pronto llegue, después no será tan fácil. La moneda que más utilizará es el CUC, o dólares cubanos, como se le conoce en la jerga local. Para sus transacciones cotidianas los cubanos usan una moneda diferente denominada moneda nacional (MN), que tiene unos precios muy por debajo de los del CUC. Sólo algunos productos y servicios de consumo básicos son asequibles en moneda nacional.

El uso de Internet está muy restringido. Cuesta en promedio US$6 la hora y se puede acceder desde los principales hoteles. Si usted tiene servicio de datos en roaming internacional desde Colombia, es probable que funcione y le resulte más rentable que pagar internet en Cuba. Las llamadas internacionales también son costosas y salvo en hoteles, hay pocas alternativas para llamar. Siempre pregunte el valor antes de consumir.

De noviembre y febrero el clima es entre templado y cálido, cuando comienza la primavera la temperatura incrementa llegando a superar los 40 grados entre julio y agosto. La mejor época para visitar Cuba coincide con la primavera y el otoño en el norte. En verano, los aires acondicionados le harán arrepentirse de no haber escogido un mejor hotel. Si su prioridad son los hoteles de alta calidad, considere pasar más tiempo en Varadero, que a solo 3 horas de la habana por vía terrestre, lo complacerá como puede hacerlo cualquier otro destino caribeño. En la habana opte por los hoteles de las cadenas NH, Meliá y Cubanacán en ese orden.

Personalmente he encontrado una interesante alternativa de alojamiento en las casas particulares, un símil de nuestras posadas turísticas reglamentado y vigilado por el estado pero atendido por su propietario. Una opción con muchas limitaciones con poca privacidad, pero acogedora. Una de las razones que me hacen preferir este tipo de alojamiento es el café, que aunque de menor calidad que el nuestro, nunca falta en las madrugadas cubanas y del que siempre hay una tasa fresca para el huésped desde que se asome por la cocina. El propietarios le ofrecerá por un precio adicional, desayuno y algunos si usted lo desea, almuerzo o cena.

Además debe tener en cuenta que en las islas y en el comunismo todo escasea, y como Cuba es las dos cosas, prepárese para llevar medicinas, productos de aseo y buenos hábitos para el tiempo de su estadía. Aliste también una dosis extra para los “compañeros” cubanos que de seguro entablaran una amistad con usted. De uno u otro modo, puede terminar despojándose de bienes que usted considera de consumo básico y que allí resultan ser suntuosos. En las calles muy pocas personas piden dinero. Lleve jabones, desodorantes y toallas higiénicas.

Viajar no es sólo ver monumentos, arquitectura y playas. Hay experiencias ordinarias que en un determinado lugar, pueden volverse extraordinarias. En Cuba, para mí, una buena experiencia ha sido regalar. Casi cualquier elemento en buen estado, no importa que no sea nuevo, rebasará allí su uso óptimo. Por ejemplo, cd’s y dvd’s regrabables, usb y cualquier otro dispositivo de almacenamiento digital, revistas, café, mentas, chicles y chocolates; así como música, videos y libros. La isla cuenta con algunas librerías a buen precio.

A pesar de algunos cambios recientes persiste en el país un fenómeno que algunos denominan “Apartheid Turístico” y que implica varias medidas y leyes que evitan las relaciones de cualquier tipo entre turistas y locales. Esto se debe en parte a la existencia de las “jineteras”, un término con el que llegará a familiarizarse tras unos días en la isla. Jinetera, o jinetero, porque muchos son hombres, se le empezó a llamar a los cubanos que entablaban relaciones íntimas y de corta duración con extranjeros, para ganar dinero o recibir invitaciones u obsequios, como ropa o joyas. El término tiene una connotación peyorativa y es muy cubano. El campo de acción del jinetero ya no se limita al sexo. A veces sólo se trata de buscar un dinero extra a cambio de compañía o de un guía  turístico.

Se cuentan varias historias de jineteros que, al mejor estilo de Pretty woman, terminaron casados y viviendo en el exterior con el turista que conquistaron. Es común ver hombres y mujeres bien parecidos que deambulan por los lugares más frecuentados por los turistas en busca de una oportunidad para escapar, al menos del hambre de ese día. Si no desea involucrarse en una situación de este tipo, asegúrese de que no está aceptando un “paquete chileno”.

Esta es la cara de la miseria en que vive una importante mayoría de cubanos y que a excepción de los hoteles, de algunos monumentos y sitios emblemáticos, también se percibe en toda la infraestructura de transporte, comercial, de vivienda y educativa. Decenas de miles de cubanos afrontan hoy desempleo y pobreza. Evidencia de ello es la desaparición casi total de la libreta de racionamiento, un sistema de tiquetes anuales que ha controlado el consumo básico por familia para evitar el desabastecimiento de bienes básicos.

En Cuba se percibe el descontento. Pero mayor es el temor de quedar en evidencia y son pocos los que se atreven a criticar el régimen en público, como el movimiento de blogueros. Vigilarlos y contenerlos le implica enormes esfuerzos al régimen comunista que los acusa, como es de esperar, de ser patrocinados por Estados Unidos.

A pesar de esto la capital cubana no deja de ser encantadora. Sea cual sea el rango del viajero o motivos del viaje, el centro y sus alrededores merece ser recorrido. Paso obligado por su suntuosidad y arquitectura imponente es el Capitolio Nacional. Inaugurado en 1929 en plena crisis económica mundial, su construcción quiso ser más ambiciosa que la de su semejante y antagónico Capitolio de Washington. Está abierto al público por 3 CUC, y si una vez adentro se antoja un café, la cafetería ofrece una vista única de los alrededores.

Si gusta de los habanos, llegó al paraíso. Pero no se apresure a comprar, porque pululan las ofertas. En cada esquina un vendedor animado se ofrecerá como guía de su travesía y al final logrará que usted le compre un paquete de cigarros. No hay nada de malo en esto, siempre que usted sepa por qué está pagando y no se deje estafar. Si no es su caso, justo detrás del capitolio en la Calle de Industria, está la Real Fábrica de Tabacos Partagás donde puede aprender algo sobre la calidad y los distintos tipos de habanos.

Hacia el este, desde las escaleras del Capitolio puede contemplar sobre la avenida Paseo de Martí la pasarela de autos antiguos más auténtica del mundo. Si se antoja de un paseo en un Ford descapotado de los años cincuenta asegúrese de pactar el precio y el tipo de moneda en que será cancelado antes de montarse y dejarse llevar por el ambiente nostálgico. Aplique este consejo siempre, y si tiene tiempo y le gusta, regateé un poco. Muchas veces estos servicios no son oficiales y abusan del turista cobrándole cifras desproporcionadas.

También tenga cuidado con los guías espontáneos que va a encontrar en su camino. En La Habana es casi imposible ser atracado, aún en las calles más oscuras y solitarias, pero quizá le toque pagar la cuenta de quince mojitos de cubanos que se sentaron con usted en un bar de manera espontánea, y se fueron sin pagar con la misma velocidad. O sin saberlo puede haber pagado una cuenta en CUC en un establecimiento que sólo está autorizado para cobrar en MN, y dejar una propina bastante jugosa para el personal que lo atendió.

Recorrer la Habana vieja y visitar algunos museos y galerías o sentarse en los cafés al aire libre resultará un agradable plan para todo el día. Procure hacerlo a pie. Tome la calle del Obispo y encontrará sitios emblemáticos como la Catedral de San Cristóbal, la Iglesia de Paula o la Plaza de Armas. Infaltables son las visitas al Floridita y a la Bodeguita del Medio, ambos famosos por su clientela de los años treinta. Ernest Hemingway inmortalizó el daiquirí del Floridita, que cuenta con un espacio propicio para tertulias de amigos y flirteos, sobre todo entrada la tarde. Ninguno de los dos cafés le ofrecerá una experiencia gastronómica inolvidable y el ambiente estará atestado de turistas, le embriagarán con un ambiente festivo muy cubano.

Si opta por transportarse en coche de caballos o bicicleta pida que lo lleven por los alrededores. No deberían cobrarle más de 5 CUC la hora. Pasará por el Barrio Chino, el Parque Central, la Estación de trenes, el memorial del Granma o el Palacio de Bellas Artes que vale la pena ser visitado. Aliste su cámara y pídale al chofer que le señale cada sitio significativo. A veces el esplendor arquitectónico de antaño no será tan evidente bajo el deterioro de algunos edificios. Detrás de algunas de sus fachadas puede haber decenas de hogares y pequeños negocios de cuenta propia.

Un recorrido al atardecer por el Malecón ‒lugar de rumba muy cubano en las noches‒ o una caminata a primera hora de la mañana le ayudarán a refrescarse con la brisa del mar y el chapuzón de olas que irrumpen sobre el ancho muro de 12 km. No deje de dar un paseo por el Vedado, un barrio donde conocerá los habaneros mejor que en cualquier otro lugar de la ciudad. Puede comenzar, o terminar después de un arduo recorrido, en el famoso Hotel Nacional. Pueden tomarse o comer algo en el restaurante o las cafeterías, o pasar un rato en la piscina por 15 CUC consumibles.

El epicentro del Vedado es la esquina del Cine Yara, sitio de encuentro de jóvenes y centro de acopio de transporte para los barrios. No se asuste, algunas noches del fin de semana esa esquina se llena de travestis, al mejor estilo de la película Fresa y chocolate, del director cubano Tomás Gutiérrez Alea ‒se recomienda ver también, antes del viaje, Memorias del subdesarrollo‒. En frente está la heladería El Copelia y del otro lado el hotel Habana Libre, donde podrá cambiar o retirar dinero, hacer compras, usar internet y comer. Hacia el sur puede recorrer la Universidad de La Haban,a donde le aguarda un majestuoso complejo de edificios, jardines y plazoletas. En el vedado hay un excelente ambiente cultural, cines, cafés, teatros y mercados de artesanías, libros y pinturas el fin de semana. Recórralo siguiendo por la calle 23 hasta la Avenida Presidentes. Puede pasar un rato más entre viejas mansiones de los años cincuenta, parques y “paladares”, que son los restaurantes que las personas abren en sus casas para la atención del turista. En ese recorrido puede toparse con una edificación rodeada de banderas negras. Es la Embajada de Estados Unidos en el último bastión del comunismo en el mundo.

Esa es la verdadera sazón cubana: una mesa improvisada dentro de la cocina caliente de una casa laberíntica e improvisada. Si le ofrecen “caguama” sepa muy bien que se trata de tortuga y no debería comérsela. Tome un taxi, de preferencia de Cubataxi con taxímetro, hacia la Plaza de la Revolución. Allí puede bajarse, recorrer y visitar el memorial de José Martí. Si no quiere sentir que rosa la lista de sospechosos agentes de la CIA, evite mostrarse con su cámara fotográfica en las edificaciones con guardas militares. De resto, la isla puede ser el mejor lugar del mundo para tomar fotografías. La luz es sensacional y la gente saluda y posa para las fotos con toda la tranquilidad del mundo.

Otra zona de interés es el barrio Miramar, otrora el lugar en que los cubanos acudían a la playa. También se ubican allí las embajadas más importantes varios buenos restaurantes entre 3ra y 1ra. La avenida quinta es uno de los mejores paseos de la ciudad. En su horizonte se alza una figura cuadriculada y extraña para el paisaje solemne del barrio. Es la Embajada de Rusia, escenario real e imaginario de conspiraciones y espionaje durante la guerra fría.

Si ya es de noche piense en una cena seguida de una noche de boleros en el bar Dos Gardenias. Mas entrada la noche busque las casas de la música, la de Miramar es una de las mejores locaciones. De vuelta al Vedado encontrará cientos de jóvenes en alegres conversaciones al aire libre, o en bares y cafés. Si quiere huir del reguetón ‒es lamentable su gran popularidad en la isla‒ evite el Malecón, en particular detrás del Hotel Nacional. En todo caso opte por las noches con música en vivo. Es uno de los pocos placeres de los que Cuba todavía puede considerarse única.

Prepárese una tarde para acudir a las 9 p. m. al Castillo de los Tres Reyes del Morro o Cerro del Morro, del otro lado de la Habana Vieja, sobre las murallas. A esa hora se representa un número militar de la época española y disparan un cañón, o simulan el estruendo del disparo, desde hace decenas de años. En el cerro hay un museo, galerías, tiendas cafés y restaurantes. Tome un taxi que desde el centro puede cobrarle de 5 a 7 CUC. Si toma un taxi particular negocie la tarifa antes de subirse.

Cerca de La Habana

Hacia el este y a sólo veinte minutos del centro están Cojímar, famoso por inspirar la novela El viejo y el mar, de Heminghway, y las Playas del Este. Santa María es una de las más agradables, puede pasar el día o una temporada más larga. Al sureste, a 25 km por la carretera central, está el municipio San Francisco de Paula que alberga la finca museo la Vigía donde vivió sus últimos años Ernest Heminghway y escribió sus más grandes éxitos. Fue restaurada hace poco con ayuda estadounidense y exhibe objetos personales relacionados con el trabajo, colecciones y aficiones del escritor. Otra alternativa a hora y media de La Habana es Soroa, una zona montañosa cercana a la autopista que lleva a la provincia de Pinar del Río y Viñales. Reconocida reserva natural, tiene parques, cascadas, senderos y paseos caballo. Para llegar a cualquiera de estos sitios diríjase a la estación de ómnibus y consulte de manera previa el horario de los buses Vía Azul, que es la forma más confiable de transporte terrestre en toda Cuba. También puede contratar una excursión que lo recoja y lo traiga de regreso. En todos puede hospedarse en hoteles de buena calidad.

Habana “Off the record”

Se supone que como turista usted no debería usar moneda nacional, además es bastante complejo llevar las cuentas de gastos en pesos colombianos, en euros y en CUC como para sumarle la MN. Aún así puede ser interesante contar con algunos pesos en MN. No es fácil cambiarla, tendrá que pedir ayuda a algún cubano confiable o puede intentarlo por su cuenta en las Cadecas, unos kioscos ubicados en sitios con alta afluencia y que los circundan por largas filas de impacientes cubanos. Intente cambiarlo con alguien en la fila o en la ventanilla, argumentando que desea obsequiarlo a conocidos. Si su look no es demasiado extranjero, puede tener éxito y conseguir usarla tal y como lo hace el cubano de a pie.

Mi uso favorito para la MN es el transporte público, bastante diferente y más barato que el que usamos los turistas dado que nuestra única alternativa es el taxi. Los cubanos se movilizan en destartalados buses o camiones de carga que allí llaman “guaguas”, o en taxis colectivos conocidos como “boteros”; una forma ágil y económica de moverse en La Habana y sus alrededores, tienen rutas trazadas que pueden ajustarse a las necesidades de la mayoría de pasajeros, no llevan anuncios y parecen carros particulares. Encontrarlos no es tan fácil, de hecho son ellos quienes lo encuentran a uno.

Si quiere intentarlo, trate de no verse muy turista por qué no tendrá éxito. Ubíquese sobre una de las avenidas principales y cuando se acerque un carro viejo sin logos particulares, alce su brazo en señal de autostop. El dedo pulgar debe indicar la orientación que espera tomar. Si coincide con la ruta del botero, este le parará y usted se monta. Mencione el sitio al que desea ir si lo sabe y él se detendrá cuando estén cerca de allí; si no le conviene esa ruta el conductor se lo dirá. Disfrute el parloteo de los demás pasajeros que charlan como si se conociera de toda la vida y pague al bajarse, no deberían cobrarle más de 1 CUC o 24 pesos MN. También puede intentarlo de manera similar en las guaguas intermunicipales desde La Estación de Trenes o El Capitolio.

Otra perspectiva interesante de Cuba y  a la que podrá seguirle el rastro en La Habana, tiene que ver con la religión, las tradiciones y ritos espirituales. La revolución debilitó la presencia del catolicismo, no obstante pervive la influencia del Vaticano y la presencia de otras iglesias que conviven con las antiguas tradiciones religiosas yoruba, babalú y orishas. Cuba es el sincretismo de culturas caribeñas prehispánicas y tradiciones africanas de santería y magia. Intente visitar un mercado de brujería cerca al Capitolio.