Héctor Solís no es sólo otro chef peruano

Héctor Solís no es sólo otro chef peruano

7 de mayo del 2011

Soy humano, y para escribir este artículo me apliqué un par de dosis de vacuna contra los elogios, pero debo reconocer que fueron poco eficaces. De antemano pido disculpas al lector por los excesos de entusiasmo manifestados, sólo puedo asegurarle que son fruto de espléndidas veladas arropadas por arroz con pato, chinguiritos y otros deliciosos potajes. ¡Pero eso sí! Y en eso soy irreductible, la calidad de la experiencia de disfrutar la sazón del Restaurante Fiesta, es fabulosa.

La sazonada visión gastronómica de Héctor Solís, cocinero y propietario del restaurante, sobresale hoy en un contexto limeño de boom “gastronómico” donde prevalecen dictámenes de vanguardia, fusión y otras modas pasajeras. Gracias a sus fuertes convicciones y honradez, no ha sucumbido a los dictámenes del esnobismo gastronómico dictado por corrientes foráneas y se mantiene firme en su cocina regional. Las creaciones de Héctor están ausentes de las pretenciosas combinaciones de cocineros a la deriva, que buscan más dar gusto a su orgullo que a su estómago. La comida del Fiesta no se siente prisionera de la tradición ni se deja impresionar por la modernidad. Es auténtica. Desde hace más de 20 años Héctor pone su creatividad e imaginación al servicio del producto de calidad y la capacidad de concretar en sabores únicos, propios de su natal Lambayeque.

El escenario donde se concreta esta explosión de sabores es notable, más aún cuando por decisión del cocinero la arquitectura no busca competir con la comida. Aquí la modernidad no está de moda. Esta decisión a contracorriente de los cánones actuales permite aprovechar sin distracciones el ambiente familiar de una casa adaptada a restaurante que alberga este tesoro de la comida peruana.

La comida que se prepara en el Fiesta es oriunda del norte del Perú. Se basa en productos del mar y la tierra que son difíciles de degustar fuera del Perú, con estándares aceptables de calidad y autenticidad. Porque la cocina regional viaja mal, viaja en clase económica. Tal es el caso de los Mero Murique, pato Lambayecano, chicha de jora, arroz recién cosechado, ají mochero, como tantos otros regalos de la natualeza que se degustan en el Fiesta con calidad invencible.

La faena de hoy comienza con un suculento tiradito de mero murique, versión propia de elegante sencillez que gracias al ajo, limón, aceite de oliva y orégano, potencia el delicado sabor del pescado. Sigo con la joya de la corona: el cebiche a la brasa, trozos de mero con aji, limón, cebollita china y chicha, sobre quemadas pancas de maiz. Arroces diversos, mojaditos de mariscos, saltados y guisos completan el fantástico menú. No deje de preguntar por el collar de mero, sólo se hacen tres al día y es mejor que ganarse la lotería.

La cocina del Fiesta es el resultado del trabajo constante de mejora y perfeccionamiento de la alimentación y tradición culinaria. Héctor Solís empezó por cocinar y combinar tan bien como un campesino de su región, para luego encontrar su camino propio sin negar sus raíces, presentes en cada combinación mágica. El pintor Joan Miró aseguraba que un cocinero se convierte en artista cuando tiene cosas que decir a través de sus platos. En el Fiesta, las creaciones de Héctor son un libro abierto de la milenaria y pujante cultura Lambayecana. En momentos en que el lenguaje que acompaña la gastronomía evoluciona más rápido que la cocina misma y parece ser la base un sector importante de movimientos culinarios basados más en la forma que en el sabor, aparece el Fiesta como oasis de verdad y trabajo. Se confirma en este restaurante el primero de mis diez mandamientos de la verdadera y buena cocina: Las cosas tienen que saber a lo que son.

Restaurante Fiesta
Av. Reducto 1278, Miraflores, Lima, Perú.
Tel: 242 90 09.
Abierto de lunes a domingo para almuerzos. De lunes a viernes para cenas.

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