La cocina en reality

La cocina en reality

12 de diciembre del 2010

Los realities muchas veces no tienen un fin específico más allá de atrapar audiencias al encerrar a un grupo de personas para que hagan algo y todos los veamos por puro voyerismo. Pero los realities de cocina son otra cosa: entran a jugar con la productividad y atrapan el interés de los reacios a la banalidad.

Por eso está el magistral Gordon Ramsay, con su demencia histérica, sus gritos despiadados y sus contados ataques de ternura después de una rabieta en la que descabeza la dignidad de unos cuantos que le rinden pleitesía. Por eso Hell’s Kitchen (Fox) lleva ya siete temporadas y hace honor a su nombre. El ganador es un sobreviviente capaz de vencer a todos y soportar al inglés mientras que camina sobre las brasas, como en el rito de indígenas americanos.

Por otro lado, está Top Chef (BravoTV), que va para la octava temporada. Tiene chefs talentosos que se desafían entre ellos y unos jueces que suelen ser personalidades gastronómicas. Así, cada capítulo es un momento más original que el anterior. Los jueces son excelentes. Su versión Top Chef Master, con los gurús de la cocina internacional compitiendo entre ellos de tres en tres por una causa benéfica, también es sensacional. Hasta a los más reacios a la cocina logran hacerle ver que ser chef nunca es aburrido, y que por más sabiduría y experiencia que se tenga, siempre habrá un desafío que limita o enaltece. Este reality también tiene la versión Top Chef Junior, con niños entre los trece y los 16 años.

Ahora en Latinoamérica tenemos Cocineros al límite, una producción de Fox Telecolombia para el canal de cable Utilísima. Catorce concursantes de diferentes nacionalidades se disputan el premio final de este concurso. Dos equipos, el azul y el rojo, luchan semana a semana por ganar el desafío. Al final cada equipo nomina quien se desempeñó peor y uno es expulsado. Siempre hay unos jueces invitados y uno de planta, la chef internacional Silvia Gast Harders.

Esta mezcla de formatos es interesante. La acción está es en los fogones, no hay encierros insanos ni casas-estudio de 24 horas con cámaras acosadoras. Los dirigentes  de equipo y contrincantes son los hermanos Jorge y Mark Rausch, bogotanos descendientes de inmigrantes judíos. Ellos fueron los responsables de crear hace unos años Criterión, un restaurante en la zona G de Bogotá que deleita a sus comensales con éxito total. Su estilo se define como comida francesa moderna y en su pastelería Rausch Pâtissier también seducen con sus maravillas. Ganadores por dos años del reconocimiento Internacional Five Star Diamond Award, que otorga la Academia Americana de Ciencias de la Hospitalidad de Nueva York, tienen su marca también en Allan, un restaurante del grupo Aviatur en el Hotel Avia 93, donde además manejan alimentos y bebidas.

En el mundo editorial también cuentan con dos libros: el primero es Criterión, los hermanos Rausch en la cocina, donde hablan de los secretos de la alta cocina, y Cocina para el fin de semana, que ellos definen como una cocina más sencilla, para preparar en casa o con los amigos, y que muestra su faceta más humana lejos de la comida gourmet excelsa.

Estos visionarios del mundo gastronómico tienen su propia marca de café y de vino. Además, sacaron en alianza con Carulla una extensión de línea Criterión Collection, con pimenteros estilizados y cuchillos relucientes.

Los hermanos, por supuesto, cuentan con una experiencia televisiva. Jorge en solitario con Las Claves de Jorge y juntos con la serie Hermanos en la cocina, del canal Gourmet. Aquí los televidentes podían ver cómo era de fácil llevar a cabo una receta con ingredientes posibles de encontrar en toda Latinoamérica, desde Monterrey hasta la Patagonia.

Su experiencia pedagógica ya tenía historia, impartiendo cursos en un espacio adecuado sobre la pastelería, de una manera más informal y para personas amantes de la cocina. En la vida real, fuera de las cámaras, los Rausch siempre han tenido fama de ser muy estrictos a la hora de la enseñanza. Sus pasantes y empleados lo saben y algunos les temen.

Aquí, como están al límite, hay presión, gritos, llantos, egos a fuego alto y otros puestos en bajo que ya aflorarán y llegarán con más pasión. Jorge, el mayor, el chef principal del restaurante, el soltero, el buen tío. Es bastante gritón y sus palabrotas tienen censura constante con el bip. Se sulfura con facilidad y se le ve autocontrol en sus frases pausadas y terminadas con sarcasmo.

“No saben hacer una P**** mayonesa, ninguno acá”

En la mitad, presentando el proceso, está Elodia, la presentadora, que hace un papel poco convincente, nada firme, y siempre tiene un elemento distractor entre la mezcla que emite su peinado de pájaro loco y su actitud de loro en estaca. Pero al final los cortes son rápidos y se la pasa fácil.

Mark, el pastelero, está casado y es el menor. Él es más picante y le gusta que respondan a sus órdenes y sepan quién es el que manda. Tiene incentivos y su frase “¡Vamos por la victoria!” siempre anima a sus pupilos.

“El único chef que hay acá soy yo”.

“Yo soy el que manda acá. Yo soy el que da las ordenes acá, esta es mi cocina, no la de ustedes”.

La dinámica es buena, porque ambos conocen al oponente de toda la vida y saben a que se enfrentan, pero dependen de sus estudiantes, que aprenden en contra del reloj y sobre la marcha. Hay venezolanos, mexicanos, colombianos y argentinos.  Entre ellos,  aún no se han visto personalidades desbordadas que merezcan la beca en el Cordon Bleu de Perú que se ganará el vencedor. El duelo es, en definitiva, entre hermanos.