La más pequeña

La más pequeña

29 de noviembre del 2010

Después de un viaje de trece horas y media desde Londres, con escala en Singapur, el encuentro en Denpasar, la capital de Bali, con gente amabilísima y sonriente y un clima agradable, son el abrebocas perfecto para un viaje de descanso a  una de las 13.700 islas que conforman el archipielago de Indonesia, el más grande del mundo.

Quien tenga el plan único de sumergirse en la comodidad de un hotel cinco estrellas con visitas esporádicas a los alrededores, encontrará esta opción en la península de Nusa Dua, donde se levantan los hoteles de las cadenas internacionales más exclusivas, o en una veintena de hoteles de un lujo inimaginable, desperdigados por toda la isla.

Pero Bali es también un sitio para la aventura y presupuestos más modestos. Miles de turistas llegan cada año cargando un simple morral en busca de una naturaleza pródiga en volcanes y montañas, lagos y playas. Es muy fácil recorrer la isla, donde sus habitantes han logrado mantener su identidad cultural con la mezcla, sin ningún traumatismo, de lo ritual y lo cotidiano. No es raro quedar atascado por una hora en un embotellamiento producto de una procesión multitudinaria. Esa es la excusa perfecta para bajarse del carro y disfrutar de la música y el colorido de esta ceremonia en la que se juntan familias de diferentes castas para ir al templo, donde las mujeres y niñas se visten con sarongs (pareos) y kebayas (blusas de encaje) y cargan torres de ofrendas coloridas sobre sus cabezas, mientras que los hombres y niños se visten con chaquetas blancas de manga corta, sarongs y turbantes. Tampoco se sorprenda si al caminar debe esquivar pequeñas canastas de hojas de palma con unos cuantos granos de arroz, aguas, flores e incienso. Son las ofrendas con las que agradecen a diario a los dioses por la lluvia, la comida o el trabajo.

Es probable que la proliferación de la arquitectura religiosa en Bali no se iguale en ningún otro lugar del mundo. Más de tres millones de personas visitan a diario los casi diez mil templos budistas-hinduístas que hay en la isla, incluidas la decena de santuarios (Pura), entre los que se destaca Uluwatu, al sur, que se levanta majestuoso al lado del mar y está habitado por cientos de monos que pueden despojarlo de sus gafas, aretes o collares, y devorárselos de inmediato.

Pura Tanah Lot, también sobre la costa pero al lado oeste, ofrece al atardecer  una puesta de sol inolvidable, mientras que al este se encuentra el complejo de templos de Besakih, a los pies del volcán activo Gunung Agung.

Bali también ofrece una naturaleza exuberante. Playas, terrazas infinitas de arroz, muebles y artesanías y una gastronomía variada. Pero para los que no son amantes de la calma y armonía de Nusa Dua, lo suyo puede ser la agitada Kuta. Locales comerciales, un mercado típico con artículos de la isla, restaurantes, lugares nocturnos y la playa, son los atractivos de esta zona. También está Legian y Seminyak, que cuenta con una oferta gastronómica y un comercio más sofisticado.

Si de compras se trata, lo ideal son los sarongs (pareos) pintados a mano, las cometas de diversas formas, las marionetas y los muebles de madera. Lo recomendable es tratar de comprar en los sitios típicos de cada artículo. Por ejemplo, las tallas de madera son oriundas de Sanur. Para quienes gustan de los pequeños poblados con intensa actividad artesanal y turística, Ubud es sin duda el preferido. Ubicado lejos del mar, en las montañas del centro de la isla, son muchos los que lo eligen como base para emprender diferentes excursiones por Bali. Visitar el Bosque de los monos, ir al templo del elefante, alquilar una moto para recorrer los alrededores, presenciar clases de danza típica, comer en restaurantes pequeños, tomar clases de cocina balinesa, hacer compras en el mercado o en sus innumerables boutiques, dejarse tentar por uno de los masajes tradicionales que ofrecen los hoteles, acudir a uno de los spas de todas categorías que existen  o disfrutar de la piscina del hotel con vista a los campos de arroz, son algunos de los placeres de Ubud, una localidad que, además, es cuna de los grandes artistas plásticos de Bali, expuestas en el Museo Puri Lukisan.

Para los amantes del buceo, Pemuteran, en la costa norte, le permitirá sumergirse en los maravillosos paisajes submarinos de la isla de Menjangan. Por otra parte, lugares como Munduk, a una hora y media de allí, ofrece la posibilidad de explorar a pie, a través de diferentes circuitos, las montañas, cascadas, lagos y terrazas de arroz de este sitio que apenas comienza a ser descubierto por el turismo, y donde vale la pena alojarse en una de las posadas sencillas pertenecientes a las familias de la región.

Esta gente sin dobleces, franca y feliz que ha hecho de Bali un refugio de armonía, expresa su gentileza y amabilidad  en pequeños detalles, como los regalos florales, que dejan como gesto de amistad  en la cama del hotel, en la bandeja al pedir una bebida, encima de las toallas y como adorno detrás de las orejas de hombres y mujeres.

Así que tome un mapa de este pequeño paraíso, ábralo y organice su propio recorrido. En Bali el placer no implica fortunas. La única riqueza que vale la pena tener es la del tiempo, para degustar esta isla con calma, sin afanes y para confundirse con su gente y sus paisajes.

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