Las Gachas: una joya natural

Las Gachas: una joya natural

19 de diciembre del 2017

Para nadie es secreto que Colombia es un territorio privilegiado por su posición geográfica, al poseer salidas a los océanos Atlántico y Pacífico, presenta la mayoría de pisos térmicos, expone a sus habitantes y visitantes una gran diversidad cultural y natural.

Esto hace que ver los paisajes que dejan sin aliento, se vuelva cotidiano. Un claro ejemplo es la quebrada de Las Gachas, que últimamente se ha ido posicionando como un gran atractivo turístico, aunque, lastimosamente, se deteriora por la poca consciencia ambiental que tienen los aventureros que pasan por ella.

Este paraíso terrenal se localiza en el departamento de Santander, exactamente al sur, en el municipio de Guadalupe. Con un atractivo especial y diferenciador, parecido al de Caño Cristales, en Meta, debido a sus cráteres inundados por las corrientes de agua del sector, sus tonalidades rojizas y terracotas, proporcionan un aspecto inusual a la quebrada de Las Gachas.

Después de una caminata bajo el incandescente sol santandereano, llegar a bañarse en los pequeños pozos resulta tan emocionante como la tierra prometida. El espacio permite que uno se deslice o patine y caiga en uno de sus cráteres, los cuales poseen una profundidad superior a 2 metros. Por supuesto, mantenga precaución o repose mientras cierra los ojos u observa la bastedad de los pastizales que rodean este espectáculo verde.

Para dirigirse hasta este punto, por tierra, desde Bogotá, puede tomar un bus intermunicipal con dirección a Bucaramanga y avisar al conductor o encargado que le deje en Oiba, desde aquí, tome un colectivo, que costará alrededor de COP$ 6.000 o 7.000, que lo lleve a Guadalupe, el trayecto tarda solo una hora. Hay varias opciones de hospedaje, es fácil preguntar por un guía que le lleve hasta Las Gachas. Inclusive, puede pasarse por la plaza del pueblo, por la quebrada del Salitre y el pozo La Gloria.

Pero no todo es un cuento fantástico. Debido a que hasta hace poco Guadalupe era un municipio poco conocido en el país por su oferta viajera, al ser de repente golpeado por una gran ola de visitantes, no se contaba con la apropiada infraestructura para recibir a todas estas personas, como las vías adecuadas, el sistema sanitario apropiado, pocos baños o pocas canecas de basura, por ejemplo.

Pero lo más preocupante es el comportamiento y cultura de los turistas, que no cuidan ni protegen el lugar, contaminándolo, dejando residuos del tipo de bolsas plásticas, pañales a toallas higiénicas. Ahora el pueblo está determinado a presentar restricciones y limitaciones para conservar este prometedor paraíso, el cual se merece continuar siendo admirado por cualquiera que lo desee.