Quibdó: tierra por descubrir en paz

Quibdó: tierra por descubrir en paz

2 de mayo del 2019

“El ancho y caudaloso Río Atrato. Sí que es bello, ¿verdad, Seño?”, me dice una mujer de mediana edad cuando me ve parada en el malecón de Quibdó mirándolo, en medio de una humedad que anunciaba una lluvia típica del pacífico colombiano.

Debo confesar que de las tantas veces que había ido a la capital chocoana nunca había tenido el tiempo para disfrutarla, olerla, saborearla.

Después de un tranquilo vuelo, llegamos al aeropuerto de Quibdó. Lo recordaba muy pequeño, casi como una terminal de transporte. Oh sorpresa, cuando veo que el tiempo pasa y las cosas tienen un cambio tan evidente. No hay ni asomo de lo que tenía en mi cabeza; ahora el aeropuerto ‘El Caraño’, tiene de todo: cuenta con un Centro Comercial con restaurantes, videojuegos y supermercados –el primero de esta magnitud-, tiene un hotel, al lado tiene la biblioteca pública y, aunque suene poco creíble, tiene las dos únicas salas de cine con que cuenta la ciudad.

Allí empezaron todos los planes que teníamos por descubrir…

 Artesanías

En esta tierra donde se siente una tradición fuerte, las artesanas son expertas en contar la historia de la región a través de sus manos. En sus tierras, crece el ‘cabecinegro’ y la ‘damagua’, materias primas para realizar bellos arreglos florales y sombreros típicos de la región que son de tipo exportación.

Es el caso de Géminis, una artesana que ya exporta a España, Suiza y Francia, donde esta artesanía es muy apreciada.

Viaje por el Río Atrato

Cuando está por atardecer, se activan los ‘Chiritures’ por el río. Son unos planchones que hacen un paseo que lleva música de la región, y en ocasiones, tienen a bordo sus bebidas tradicionales hechas con hierbas, que según ellos, ayudan para todo tipo de problema de salud además de ser afrodisiacos.

Este paseo se ha convertido en uno de los atractivos turísticos principales de la capital chocoana. La cooperativa está compuesta por 25 adultos que fueron desplazados por la violencia y decidieron organizarse para crear su propio sustento.

La Cumbancha

Si van a Quibdó es un sitio que sí o sí deben visitar. Allí todos son iguales, sin importar si son mestizos, indígenas o afros. En La Cumbancha se disfruta de la cultura, la música y la tradición. Queda en una esquina del barrio San Vicente, es pequeña, no tiene ventanas, pues es a muro abierto y es solo para gozar y bailar al son de los compases típicos y con música en vivo. A mitad de la noche pueden salir a bailar pasillos o espontáneos que se mueven al compás de jotas chocoanas con una coreografía que parece que todos se la saben de memoria.

Un lugar para sudar y bailar sin vergüenza.

Tutunendo y Sal de Frutas

A 30 minutos en carro, se llega a un lugar donde la mayoría de quibdosenses van a pasar su fin de semana. Es el río Tutunendo, que dicen los lugareños, tienen poderes para sumarles hasta diez años de existencia a las personas que se bañan en sus aguas. Las personas que viven a su rivera, aseguran que en el nacimiento del río hay hierbas medicinales como el sauco, que hacen que sus aguas sean “sanadoras y casi milagrosas”.

Cuando uno se baña en sus aguas cristalinas puede ver a los niños en balsas improvisadas que ellos mismos hacen, o se ven las mujeres lavando la ropa o arreglando el pescado para el almuerzo.

También hay embarcaciones tipo balsa artesanal, que te llevan río arriba por aproximadamente 20 minutos, caminas otros 15 minutos más y llegas a las cascadas más famosas: Las cascadas Sal de Frutas. Una joya en medio de la selva del pacífico con rodaderos naturales y chorros perfectos para cualquier dolor de espalda.

Iglesias y santos milagrosos

En Quibdó son devotos de San Francisco de Asís desde 1648, cuando un sacerdote católico llegó navegando por el río Atrato con su imagen. Tanto así que su catedral lleva su nombre.

Dentro de la religiosidad de la ciudad hay una tradición muy peculiar: ‘El canto de Alabaos’.

Cuando una persona muere se hacen este tipo de cantos desde las 8:00 de la noche y hasta el amanecer. Son cánticos para que el alma se vaya en paz. Algunos mantienen la tradición original y cantan los nueve días. Otros cantan el día de la muerte y retoman el cántico al noveno día dando muestra de la fusión entre sus ancestros africanos y el catolicismo.

Cuando es un niño el que muere, al ser su alma pura, el canto se acompaña de baile y es conocido como un ‘Chigualo’ o ‘Gualí’.

Quibdó le apuesta a la paz y a la reconciliación

Junto a la catedral está el ‘La Capilla del Convento’ y en ese lugar especial tienen un monumento a la memoria. En todas las paredes están las fotos de las víctimas de la tragedia de Bojayá con nombres y/o fotografías.

“Quibdó ha recibido por años todos los desplazados del departamento. Hemos vivido la violencia en carne propia. Queremos paz, pero tenemos memoria de lo ocurrido y estas paredes son el ejemplo de eso. No olvidamos, pero queremos reconciliarnos y pasar la página”, dice la primera dama de Quibdó, Lucila Lozano Rentería.

Los programas para jóvenes y mujeres son testigos de esa apuesta. Los jóvenes de algunos barrios con problemáticas sociales van a la casa de la juventud a botar su adrenalina. En la academia ‘Explosión Dance’ le apuestan al arte urbano del baile para ocupar su tiempo libre.

Y las mujeres le apuestan a crear microempresa a través de las delicias gastronómicas. Enyucados, cucas, arroces atollados, muchos platos con base en el queso, en el chontaduro y, obvio, el pescado hacen parte de la ‘Ruta de emprendimiento por la paz y la reconciliación’ que cuenta con 43 empresarias que representan a alrededor de 200 familias.

Por esto y por más, Quibdó no es solo lo que se pinta en las noticias. Es una tierra llena de gente amable, de sabor, de riqueza cultural. Por eso, a la señora que me dijo el primer día que llegué que el Río Atrato era bello, le respondo que no. Que sus palabras se quedaron cortas. Quibdó es una joya que muchos colombianos deberíamos conocer.

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