Rascacielos de madera

Rascacielos de madera

11 de enero del 2011

A unas horas al norte de San Francisco, por la carretera 101 de la costa pacífica, se encuentran los bosques húmedos de coníferas gigantes, conocidas como “Reedwoods”. A sólo 80 millas de la frontera de California con Oregón se toma una ruta estrecha de 31 millas repleta de árboles enormes, como nunca antes se hayan visto en otro lugar del mundo. Ni las araucarias del sur de Chile tienen las dimensiones de las secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum) y rojas (Sequoia sempervirens) que se encuentran en este paraje desde hace al menos dos mil años.

Algunos cuentan con más de cien metros de altura, y el suelo donde hunden sus raíces está repleto de helechos, arbustos, musgos y líquenes. A cada vuelta del camino se ve uno obligado a detenerse para contemplar el tronco de este o aquel árbol y acostarse de espaldas para tratar de ver sus cúpulas.

La fauna de estos bosques es bastante esquiva. Si se tiene cuidado se alcanzan a ver un nutrias que juegan en los arroyos, ranas con cola, un par de zorros, cachorros de oso negro y unas babosas amarillas gigantes conocidas como “babosas banano”, que alcanzan hasta los 30 cm.

La mejor manera de comprender la estatura de estos gigantes es encontrar uno caído y recorrerlo en toda su extensión. Luego de una corta caminata se llega al “gigante Dyerville”, un árbol que se cayó en una tormenta en marzo de 1991 y que mide cerca de una calle y media de largo y doce metros de diámetro. En el bosque también existe un árbol al que le abrieron un túnel vehicular y varios que fueron utilizados por indios y colonizadores como su casa, como testimonio de la antigüedad de esta “ciudad” de rascacielos de madera.

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