Un anfitrión en Cartagena

Un anfitrión en Cartagena

16 de noviembre del 2010

El cartagenero Pedro Herrera sabe de cocina pero su verdadero fortaleza está en saber atender, con sutileza y buen gusto

Contestar todas las llamadas que le entran al celular, es uno de los lemas en la vida diaria de Pedro Herrera, gerente de alimentos y bebidas del Hotel Santa Teresa en Cartagena, uno de los mejores hoteles de esa ciudad. Detalles como éste y el carisma  de este joven cartagenero, hicieron que la cadena de Hoteles Charleston lo nombrara en un  cargo del que depende que  todos los requerimientos de los huéspedes de un hotel cinco estrellas sean cumplidos.

Trabaja en equipo como todo buen jefe. Sin jerarquías y saluda a cada uno de sus subalternos -para él compañeros de trabajo- con el nombre y apellido completo, cuando se los encuentra en algún corredor del antiguo convento. La sonrisa y la cortesía nunca sobran.

Con la torre de la Popa y la cúpula de la catedral como fondo, Pedro, de impecable guayabera blanca, recuerda, como hace unos años lo perdió todo, y como hoy, después de superar algunas vicisitudes, la vida lo recompensa una vez más.

Estudió hotelería en México y trabajó por varios años en uno de los mejor hoteles de la exclusiva Costa Azteca. Luego regresó a La Heroica, donde, con todos sus ahorros, montó un restaurante mexicano en el centro de la ciudad. La aventura le duró poco.  Mientras en la temporada alta el negocio iba de maravilla, en la baja la realidad le mostró que a los cartageneros poco le gusta salir a comer. Debió entonces cerrarlo.

En ese momento, y apelando a algún consejo, entendió que su próximo proyecto tenía que facturar, pero sin perder la esencia especial y el toque de calidad que tanto le gustan. El resultado fue Casa Loma, un restaurante en el barrio La Candelaria en Bogotá, instalado en  una antigua casona con patio interno donde se puede disfrutar de platos con calidad gourmet a precios razonables. En esas andaba cuando recibió una llamada de la cadena Charleston,  invitándolo a formar parte de su equipo. Tomó la oferta y regresó a su ciudad natal como cabeza de alimentos y bebidas del hotel Santa Teresa, un cinco estrellas en el que nada puede fallar. Cumple, sin estrés, una rutina cuya clave está en el detalle.

De allí, que no es casualidad que cuando los huéspedes están en la terraza del último piso, aparezca un mesero con un pinchos de frutas congeladas, agua saborizada con cáscara de limón -siempre a la misma temperatura- y toallitas especiales para limpiar las gafas de sol. Detalles que sorprenden y caen bien, construidos con sutileza por Pedro Herrera, un verdadero anfitrión en Cartagena.