Un tatuaje hecho según el aura de la persona

28 de junio del 2017

Los tatuajes tienen tradiciones milenarias de tomar la piel como lienzo y por ello el proceso que hacen los budistas es mágico.

Un tatuaje hecho según el aura de la persona

Foto: Shutterstock

El templo de WaT Bang Phra, ubicado en Tailandia, a 40 km de la capital, es visitado todos los años por miles de turistas que desean hacerse un tatuaje relacionado con su aura.

El lugar es famoso por la elaboración de imágenes mágicas, que son conocidas con el nombre de “Sak yant” (Tatuaje Yantra). Los monjes que llevan a cabo este arte, están preparados espiritualmente y eligen la zona del cuerpo en la que plasmarán la imagen.

Cada grabado en la piel se clasifica según la intención con la que se realice. Asimismo, está basado en varias supersticiones y creencias místicas que atraen el éxito, la prosperidad, y la protección para combatir la mala suerte o incluso obtener la inmortalidad.

Después de finalizado el proceso, el monje hace una súplica para activar un poder protector sobre el diseño.

Sin embargo, hay algunas reglas que se deben cumplir dependiendo del tipo de “Sak yant” que se haya hecho la persona, como por ejemplo, no ser infiel, no faltar al respeto, no comer reptiles, y bajo ninguna circunstancia consumir calabaza o algún alimento parecido.

Quienes visitan el templo deben esperar de tres a cuatro horas para que sean atendidos y si corren con suerte alcanzar el turno. Los turistas o habitantes que se tatúan son vistos por más de 40 personas durante el proceso de elaboración del Yantra.

Todos los tatuajes son producidos a mano alzada y no es bien visto que los monjes tengan un boceto para colocarlo en la piel.

Los materiales que se usan para el proceso son agujas sostenidas de un palo de bambú o tubo metálico largo, para que con cada golpe la aguja se inserte en la piel y se sumerja la tinta de manera adecuada.

Algunos riesgos de realizar esta práctica es que los monjes no tienen asepsia ni con el espacio ni con lo implementos para trabajar, ya que solamente sumergen las agujas en un tanto de alcohol para atender al siguiente paciente. Lo anterior genera un riesgo de salubridad en el que se podrían ver afectados los turistas o los habitantes, si llegan a ser infectados y se produce alguna enfermedad.

Sin embargo, el peligro no es un impedimento para que el monasterio sea visitado, y que cada vez sean más los adeptos de esta práctica artística.

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