Wadi Shab, un oasis en medio del desierto de Omán

16 de julio del 2018

Es usual que una agencia de viajes tenga un repertorio limitado sobre destinos internacionales a visitar, posicionando los más populares en los medios como los que siempre se ofrecen, dejando miles de locaciones atrás que en realidad merecen ser visitadas antes de morir. Omán ofrece una que en verdad dejaría con la boca abierta a […]

Omán

Es usual que una agencia de viajes tenga un repertorio limitado sobre destinos internacionales a visitar, posicionando los más populares en los medios como los que siempre se ofrecen, dejando miles de locaciones atrás que en realidad merecen ser visitadas antes de morir. Omán ofrece una que en verdad dejaría con la boca abierta a más de uno.

La península arábiga es una región que a través de los años ha ido cogiendo popularidad en el turismo a nivel mundial, a pesar de los estigmas creados hacia la cultura musulmán. Sin embargo ofrece una gran variedad de lugares para recorrer, no solo por su gente, gastronomía o música, también la auténtica belleza de sus paisajes.

En el país de Omán, que limita con Yemen, Arabia Saudita y Emiratos Árabes, a orillas del océano índigo, presenta horizontes desérticos, pero cuenta con un verdadero oasis, enclaustrado entre rocas y arena blanca, conocido como Wadi Shab.

Compuesto por cavernas ocultas y cascadas secretas, Wadi Shab significa en el idioma local “garganta entre acantilados”. Su paisaje se caracteriza por sus impresionantes precipicios y sus aguas de color turquesa.

Para llegar, debe partir desde la capital portuaria de Omán, Mascate, el recorrido será de dos horas por carretera, hasta llegar al río donde tiene la oportunidad de pagar 1,5 reales para la idea y vuelta en canoas, le acercarán hasta el punto más próximo a la primera piscina.

En esta primera parada ya podrá deshacerse de sus cosas un momento para clavarse entre el agua cristalina. Para continuar a la segunda piscina debe guiarse por las flechas grabadas en las rocas, donde también podrá sumergirse entre la belleza acuática.

Atravesando una grieta entre las rocas, mientras está nadando, se encuentra la tercera y última piscina, la cueva casi sumergida desvela una especie de paraíso, donde pueda darse el lujo de pasar un buen rato, relajarse, escuchar el sonido de la naturaleza y apreciar la impactante belleza del Wadi Shab.

Los viajeros que se han atrevido a llegar a este destino recomiendan no ir en temporada alta, por ejemplo, diciembre, porque encontrará muchos turistas, tampoco verano, es decir, julio, porque las temperaturas alcanzan los 45°.

Se recomienda ir preparado para el calor y estar expuesto al sol, ropa cómoda y zapatillas especiales para caminar por el río. Lleve solo lo necesario, cárguese de agua y buena comida. También, esté preparado para una caminata rocosa, que puede durar entre 45 minutos y una hora, depende de qué tan acostumbrado esté.

Es aconsejable partir desde temprano para tener tiempo suficiente para disfrutar de Wadi Shab, por ejemplo, en diciembre, se anoche a ese de las 5:45 pm. El vuelo desde Bogotá, solo ida y una persona, hasta Mascate, puede tener un precio desde los COP$ 3’300.000.

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