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“Dejé las drogas por una empanada”

Comedor comunitario-Bronx

“Cambié por una empanada”, dice John Jairo Álvarez. Tiene 43 años, nació en Barrancabermeja y hace 18 años no consume drogas. No le avergüenza contar que aprendió a fumar bazuco en su adolescencia y que su familia luchó en vano por mucho tiempo, mientras él vendía su ropa y sus pertenencias, y robaba cuanto podía a su familia para seguir consumiendo. Con el tiempo, arrepentido, pedía disculpas. Pero volvía a sus andadas y se perdía por meses.

“Ahí viene esa vieja hijueputa, dizque buscando al hijo”, le gritaban los ‘ñeros’ a John Jairo cuando su mamá iba a buscarlo. La mujer, avergonzada, no volvió jamás: “Se cansaron de seguirme, de llorarme, y en algún punto entendieron que su vida no podía girar en torno mío”.

John Jairo, pues, continuó en la calle. Vivió cuatro años en El Cartucho, donde vendía armas y joyas. Pero un día, mientras intentaba robar a un comerciante recibió un machetazo en su muñeca izquierda y cuatro puñaladas. En esos momento advirtió que se había convertido en un ser despreciable.

–Ya todo el mundo me trataba como una basura humana. Yo mismo aprendí a comer basura. Nunca lo había hecho: mi papá era administrador de empresas y abogado. Mi hermano es el jefe de servicios generales de seguridad de una multinacional, y mi hermana,  la directora de recursos humanos de Olímpica. Un ñero fue quien me enseño a hacerlo, a improvisar cucharas y tenedores, a escarbar. Además adopté la pose de ñero: tú no puedes llegar a decir ‘0ye, ¿me regalas cinco papeletas de la sustancia psicoactiva que estás vendiendo?’. Tienes que empezar a moverte y caminar de cierta forma, si no, la calle te devora. La mayoría de personas que están en el Bronx son de buena familia, pero tiene que actuar así, como ñeros”.

Comedor comunitario-Bronx

Foto: Lina Rozo

John Jairo Álvarez fue habitante de la calle hasta los 25 años. Se casó con la mujer que lo motivó a dejar las drogas, después de que lo invitara a comerse una empanada.

Unos meses después de recibir el machetazo, John Jairo llamó a su familia para decirles que estaba dispuesto a cambiar. Pero no le creyeron.

–La droga ya no me sabía a nada y me puse a pelear con los expendedores. Me hicieron tres atentados porque los boleteaba, cuenta.

Su vida cambió gracias a un acto sencillo: cuando una pareja de novios lo invitó a comerse una empanada.

–Hermano, ¿cuántos años tiene?

–Tengo 25 años.

–Está joven, usted puede cambiar.

–No, yo ya no puedo cambiar. Los médicos dijeron que era un desechable y esto no tenía cura. En la cárcel también me dijeron que era un cáncer.

John Jairo asegura que algo cambió ese día. Se sintió diferente. Regresó a su casa y cuando estaba bañado y decente llamó a la parejita que lo había ayudado.

–Habla con John Jairo Álvarez.

–¿Cuál John Jairo?

–El ñero.

–¡Ah, sí! ¿Dónde está?

–Estoy aquí con mi familia.

–¿Usted tiene familia?

–Sí, claro, es que Dios no dijo háganse los ñeros y acá aparecimos. Yo tengo familia –le contestó.

Con el tiempo la pareja que lo motivó a salir de la calle terminó su relación. John Jairo se enamoró de la mujer. “A pesar de estar en rehabilitación, y de que me recomendaron no hacerlo, me casé, así que me echaron del centro. Duramos quince años casados, aunque ya nos separamos porque yo le fallé. Tenemos dos hijos: uno de 16 años y otro de 9. Y todo comenzó por una empanada”.

Recuperarte en el Bronx.

John Jairo termina de contar su historia. Hoy tiene una sudadera gris con colores fuertes. Es alto y delgado. Habla sin perder el control, aunque contar su historia no es fácil. Entre risas dice que su hijo menor es feliz contando en las reuniones de padres de familia que su papá fue un ñero y que comía en la basura. “Está muy orgulloso de mí”.

Aunque John Jairo se rehabilitó, no dejó de gustarle estar con los habitantes de calle. Decidió montar una fundación. Allí algunos lo llamaban Hermano Saulo, por su nueva consigna de cambio, le hacían bromas del tipo: “Consigna, hermano, consigna. Ellos me conocían y me tenían respeto, pero también se reían de mi nueva faceta”.

Hace un año licitó para ser operador de un comedor comunitario. Su historia lo ayudó a ganarse la administración del comedor comunitario justo donde él lo quería: en el Bronx, las dos cuadras entre las calles novena y décima con carreras 15 y 15 A en donde se viven más de 2 mil habitantes de la calle. Según datos de la Policía, el 80 por ciento de los habitantes de la calle provienen de otras ciudades del país. La advertencia es que si usted se atreve a entrar a esa calle, es posible que no vuelva a salir.

Este es el único comedor que visitan los habitantes de la calle que consumen sustancias psicoactivas. Decidieron llamarlo Recuperarte.

Comedor comunitario-Bronx

Foto: Lina Rozo

El comedor comunitario Recuperarte en el Bronx, abrió desde diciembre del año pasado, sin embargo ha tenido que cerrar dos veces por atentados.

A una cuadra del Bronx queda este comedor que montaron en una bodega de 54 metros cuadrados, que Jhon Jairo consiguió con el tío de una amiga, porque nadie más les quiso arrendar. En la entrada están algunos habitantes esperando la hora del almuerzo, otros hablan con John. Algunos lo ayudan a organizar o a reunir a los demás habitantes de la calle.

“Para mí es un privilegio porque yo sé lo que es el hambre y que le ofrezcan  a uno una comida digna: sobre todo que se la den sin asco. La plata de ellos no vale en ningún lado, así que si piden comida, a muchos no les venden. Mientras que el jibaro lo está esperando ansioso”.

El comedor abrió el 18 de diciembre de 2012 y tuvo que cerrar el 29 de diciembre. Lo reabrieron el 16 de enero de este año.

–Me mandaron a decir que nadie había autorizado esta “mierda”. Yo me fui a avisar a la Alcaldía, pero cuando volví me enteré de que casi 10 tipos armados con mini Uzi tumbaron la puerta y dejaron claro que o cerrábamos el lugar o le ponían una bomba.

Después de avisar a la Alcaldía y cerrar por unos días, decidieron reabrir. Sin embargo, el 29 de diciembre en la noche les robaron las ollas e incendiaron el local. Reabrieron con ayuda de la policía y todavía no saben quiénes fueron los responsables, aunque John Jairo tiene sospechas. Algunos le han dicho que fueron los de seguridad del Bronx, conocidos como ‘Sayayines’; no obstante, otras hipótesis apuntan a que fue la seguridad de los comerciantes, que teme que la zona del Bronx crezca. “Son otro tipo de personas por identificar”, cuenta, pero no quiere seguir hablando del tema. Está concentrado en las raciones que debe repartir en este momento.

–Esta bodega me la arrendo una amiga, pero necesitamos una más grande: y usted cree que nos la alquilan. Pues no lo hacen, no nos quieren acá, pero yo voy a seguir intentando.

  • http://twitter.com/gloria_soto_10 Gloria Soto

    Que la Alcaldia colabore y supervise para dar alimentos a los habitantes de calle, mientras se recuperan más John Jairos.

  • Alejandra

    Me siento muy orgullosa de ti… A Dios, a Lulu y a ti les debo estar como estoy … Gracias por creer en mi …. TH bendiciones

  • reymundo

    Yo me como seis empanadas diarias y no he podido dejar el bazuco.

pasaje comercial
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